Archivo por meses: octubre 2022

¡Hala! El martes 18, a las 20.00h, en el Teatro Apolo de Almería

El próximo martes, 18 de octubre a las 20.00h, estáis invitados a la presentación de mi libro «La prensa libre no fue un regalo» en el Teatro Apolo de Almería, donde yo actué de niño. ¡Qué ganas tenía de pisar mi tierra!. Si estáis por allí, no os lo perdáis.

Invitación al Teatro Apolo, el martes próximo, 18 de octubre, a las 20.00 h.

Me acompañarán en la mesa del venerable escenario estos amigos que glosarán mi libro (aunque sea a favor, con merecidas críticas):

Pedro Manuel de la Cruz, director de La Voz de Almería

Prof. Dr. Rafael Quirosa, catedrático de Historia Contemporánea de la UAL

Manuel Saco Cid, autor del preámbulo, periodista de TVE, cofundador de Cambio 16, El Sol y La Gaceta de los Negocios.

Amalia Sánchez Sampedro, periodista, corresponsal política de TVE y otros medios.

Antonio Cantón Góngora, empresario y moderador del acto.

Para aquellos que no puedan asistir, copio y pego a continuación un artículo resumen de mi libro que escribí hace unos días para El Siglo, a petición de Pepe García Abad, cofundador del semanario Doblón.

«Mi amigo y colega Pepe García Abad (a quien vi el martes 27 en la primera fila del venerable salón de Actos del Ateneo) fue subdirector del semanario Doblón y director en funciones, mientras yo me recuperaba de las heridas provocadas por las torturas de mis secuestradores. Es un periodista y escritor brillante, clave en la Transición y más allá, con quien he compartido grandes aventuras profesionales y muchas risas. Y hasta la construcción de nuestras casas en el mismo barrio. Me ha pedido que le escriba una reflexión sobre mi libro para la revista elsiglodeeuropa.es que él fundó.

Mi artículo en elsiglodeeuropa.es

Lo hago de mil amores y lo comparto también con mis lectores de 20minutos.es. Todo aprovecha para el convento. Gracias, Pepe.»

La prensa libre no fue un regalo

José A. Martínez Soler

Mi último libro (“La prensa libre no fue un regalo”) trata de la forja de un periodista que transitó de la Dictadura a la Democracia, sin querer volver a las andadas de otra guerra civil tras la muerte de tirano. Fue una lucha larga y arriesgada de los periodistas, pero, sobre todo, de la sociedad española entera a la que el traje, rígido y opresor, impuesto por el dictador se le rompía por las costuras.

Ahí cuento como peleábamos por la libertad de expresión palabra a palabra. Nos procesaban en distintos tribunales especiales, ordinarios o militares, por delitos de prensa o de orden público, la censura nos prohibía el reparto de ejemplares, la policía nos perseguía, nos detenían… Yo mismo fui secuestrado, torturado y sometido a un fusilamiento simulado por haber publicado un artículo sobre la purga de mandos moderados en la Guardia Civil. Con una pistola a dos palmos de mi frente ensangrentada, pensé que iba a morir. Y sigo vivo para contarlo. Por fin, me atrevo a contarlo.

Esta es una historia de periodistas y políticos, de empresarios y trabajadores, que trata de describir, a veces explicar, cómo se gestó la Transición pacífica en España. Una rara historia de éxito. Algunos jóvenes piensan ahora, quizás con razón, que nos quedamos cortos al optar por la reforma política y no por la ruptura total con el pasado. Posiblemente, no saben que tuvimos miedo, mucho miedo. Miedo legítimo al ruido de sables y a la represión policial.

A medida que el dictador se acercaba a su fin, los franquistas, vencedores de la guerra civil, también tuvieron miedo a la eventual revancha de los vencidos. El miedo mutuo, una pizca de generosidad y la desconocida debilidad de ambas partes, nos hizo demócratas. Por eso nació la Constitución del 78, la más larga, y la única en paz, de la historia de España. Por fin, le quitamos la razón al gran poeta Ángel González. Decía que la historia da España era como la morcilla de su pueblo: “se hace con sangre y se repite”. Pues, no. Esta vez no fue así. Se hizo sin sangre y, pese al intento de Golpe de Estado del 23-F de 1981, no se repite.

Aunque no lo parezca, mi generación lo tuvo fácil. Cuando, por razones también biológicas, saltó el tapón generacional de los ex combatientes, incrustados en la prensa de la Dictadura, los jóvenes periodistas, ansiosos de libertad, ocupamos su lugar. Gran oportunidad. Teníamos un presente oscuro y un futuro brillante. Mi compañero de mesa en el diario franquista Arriba nos hablaba de sus batallas en la División Azul que luchó a favor de Hitler. En el despacho de al lado, Antonio Izquierdo solía poner su pistola junto a su máquina de escribir. Cerca de mi mesa había dos redactores próximos al Partido Comunista. Fascistas abiertos y comunistas y demócratas clandestinos convivíamos en la misma redacción. Los primeros, en declive; los segundos, en alza. En la muerte de Franco, la curva descendente de los franquistas se cruzó con la curva ascendente de los demócratas. Eso también ayudó la Transición pacífica.

La Iglesia católica, con el cardenal Tarancón al frente (“Tarancón, al paredón”, gritaban los fascistas del bunker) fue evolucionando lentamente del rígido nacional catolicismo, que bendecía al dictador bajo palio en sus templos, hacia posiciones mas abiertas y dialogantes. Algo parecido ocurrió con el Ejército. Ante la muerte cercana de Franco ya no era una piña. Surgieron los oficiales y jefes de la UMD (la Unión Militar Democrática) que envidiaban a sus colegas portugueses que, con claveles en sus fusiles, nos precedieron en la transición en paz de la Dictadura a la Democracia.

Y la prensa ayudó lo que pudo. Lo contaba como podía. Denunciaba la corrupción generalizada del franquismo y su incapacidad para homologarnos con Europa. Queríamos ser ciudadanos libres, como nuestros vecinos del norte, y no súbditos oprimidos por un tirano que venció en la guerra civil con la ayuda de Hitler y Mussolini.

Muerto Franco, Adolfo Suárez y otros franquistas, convertidos en demócratas de toda la vida, contribuyeron a desarmar las instituciones de la Dictadura, mediante la Ley de Reforma Política, y legalizaron a los sindicatos y partidos clandestinos, incluido el Partido Comunista. Los extremistas o inmovilistas del bunker franquistas se refugiaron durante décadas en sus cuevas. (Solo ahora enseñan su patita con las siglas de VOX). Los demás firmaron los Pactos de la Moncloa y acordaron la Constitución de 1978, la única aprobada sin ruptura con el pasado. Surgieron líderes extraordinarios (Suárez, Abril Martorell, González, Guerra, Carrillo, Fraga, etc.), propiciados por una situación de alto riesgo también extraordinaria. Fue una transición bastante ejemplar, con sus luces y sombras, que ha servido de ejemplo para otros países.

Creo que toda la sociedad española debe felicitarse por ello y animar a los jóvenes para que no se duerman en la defensa de la libertad. “Por ella, Sancho, se puede y se debe aventurar la vida”, dijo don Quijote. La libertad, como el oxígeno, se valora más cuando te falta. Y ésta no nos tocó en una tómbola. Ojalá nunca les falte a los jóvenes de hoy, mejor formados que nosotros. Este no es un libro de texto para futuros periodistas, pero puede ayudarles a construir y consolidar su futuro en libertad conociendo mejor el pasado de su padres y abuelos. Así sea. Y a los de mi generación puede provocarles un ataque de nostalgia (“La sonrisa al trasluz” que decía Gómez de la Serna) y, ¿por qué no?, un chute de amor a España. Amén.

Parta abrir el apetito a posibles compradores, también copio el prólogo que, por ser almeriense y amigo, escribió para mi libro el teniente general Andrés Cassinello, cuyo libro ha sido presentado en Madrid el pasado 5 de octubre:

Prólogo del tte general Cassinello
Prólogo (2) pag 16

Y, ya puestos a presumir, ¿por qué no copiar y pegar el Preámbulo que ha escrito mi amigo Manuel Saco? Ahí va:

Preámbulo que escribió para mi libro Manuel Saco, que editó primorosamente el manuscrito, junto con mi hijo Erik, mi esposa (awestley.com) y el general Cassinello.
Preámbulo (2) pag 18
Preámbulo (3) Pag 19
Preámbulo (4) Pag 20
Primera página de mi libro.

El teniente general Cassinello, aplaudido por muchas estrellas

El teniente general Cassinello presentó su libro rodeado de estrellas, no de Hollywood, sino de alta graduación militar. Pese al aforo limitado, asistieron al acto muchos generales, familiares del autor y almerienses.

Con Andrés Cassinello y su nieta Pilar Salas Cassinello, recién llegada de Miami para la ocasión.

Cassinello 1 ALM-16-091022 (1)

Artículo publicado en La Voz de Almería el 9 de octubre del 2022
Publicado en La Voz de Almería el 9 de octubre de 2022

Copio y pego, a continuación, el mismo artículo en Word.

Almería … quién te viera (28)

El teniente general Cassinello, aplaudido por muchas estrellas

J. A. Martínez Soler

No pude contarlas, pero entre el público que abarrotó el auditorio Gutiérrez Mellado de la UNED en Madrid había muchas estrellas, no de Hollywood sino de alta graduación militar. Discípulos, familiares y paisanos almerienses aplaudimos, con razón, a un hombre clave en la Transición de la Dictadura a la Democracia y en la lucha exitosa contra ETA.

Todos los demócratas estamos en deuda con el tte. general Cassinello, el inventor del embrión del actual CNI cuando estuvo a las órdenes del presidente Adolfo Suárez. Con inteligencia y gracia, nuestro paisano presentó el martes pasado su quinto libro y, para mí, el más importante: “La huella que deja el tiempo al pasar. (Memorias de tiempos difíciles)”.

Dos historiadores (Roberto Muñoz y Carlos Navajas) glosaron su obra monumental, no por su tamaño sino por su enjundia. Ya sabemos que los jefes de Inteligencia suelen guardar muchos secretos en el tintero. Aún así, Andrés Cassinello, de 95 años, maestro de espías al servicio primero de la Dictadura y luego de la Democracia, cuenta muchas cosas memorables en sus memorias. No cuenta solo el qué de lo que nos ocurrió sino, sobre todo, el por qué. Y lo hace con buena pluma, literatura de la buena.

Yo tuve el privilegio de leer sus borradores. A cambio, él leyó y editó generosamente los míos de “La prensa libre no fue un regalo”. Ojo por ojo, libro por libro. Ahora he leído su obra que me ha dedicado con “todo cariño”. En nuestras tertulias madrileñas de almerienses transterrados, siempre me sorprendió la agudeza y profundidad en sus análisis de fenómenos tan complejos como el nacionalismo y el terrorismo. También sobre el final de la Dictadura de Franco que él llama “el desmoronamiento galopante del régimen franquista” por vía pacífica.

Ya lo dijo su maestro y amigo, el tte. general Sáenz de Santa María, figura clave contra el golpe del 23-F y en la desarticulación de comandos de ETA: “Este Cassinello es un genio”. Pues, sí. Ayer lo volvimos a comprobar en la defensa que hizo de sus memorias. Sus respuestas arrancaron aplausos espontáneos y sonrisas del público. Su esposa, Pilar, también almeriense, nos dio una clave: “Cuando Andrés aprendió inglés, lo enviaron a estudiar a Alemania y a Estados Unidos. Eso le abrió las puertas del mundo”.

1977 fue el año clave para los españoles y para nuestro tte. general: legalizar el PCE, tras su informe favorable al presidente Suárez, los pactos de la Moncloa, las elecciones del 15-J, el regreso de Tarradellas, a quien visitó en el exilio, la pluralidad de las Fuerzas Armadas, no monolíticas, la incertidumbre, la indefinición del proceso de Transición hacia la “ruptura pactada”, la debilidad y el miedo a volver a las andadas en ambos bandos. En noviembre de 1978, Cassinello detuvo personalmente al tte. coronel Tejero e impidió que llevara a cabo el golpe de la operación Galaxia contra el gobierno de Suárez. También avisó al CNI de que Tejero tramaba algo poco antes del golpe del 23-F. No le hicieron mucho caso. La noche del frustrado golpe de Estado la pasó al teléfono con todas las capitanías generales. La de Miláns del Bosch, con los tanques por las calles de Valencia, fue la única que no respondía a sus llamadas. Entonces, a través del telefonista, envió este mensaje claro y cuartelero: “Dígale al coronel Quintiliano que, si no me llama, mañana me presentaré en Valencia y le cortaré los huevos”. Solo así aquel presunto golpista respondió a su llamada.

Según él, el 23-F fue cosa de Tejero, Armada, Miláns y cuatro más. Estaban solos, con una vanidad excesiva. Excepto la de Valencia, las capitanías generales no estaban involucradas en el golpe de Estado. Ni siquiera Campano, el más feroz de los franquistas, hizo nada desde la capitanía general de Valladolid. El de Sevilla se encerró con una botella de ginebra y el de Granada se quedó quieto en Guadix. Nadie les siguió.

Defendió el papel del rey Juan Carlos durante el golpe. No dejó entrar al general Armada en la Zarzuela. “¿Por qué tardó tanto el Rey en dar su mensaje”, le preguntaron? Respondió: “En Televisión Española había un escuadrón de caballería sublevado. Hasta que yo no comuniqué que los sublevados ya se habían oído de TVE, Picatoste no pudo emitir el mensaje del Rey”. Citó entonces una frase que le dijo su maestro y jefe, el tte. general Gutiérrez Mellado: “Sublevarse es muy difícil. Lo sé porque yo lo hice”.

Cassinello nos recordó, no sin amargura, cuando iba él solo a los entierros de los asesinados por ETA en el País Vasco. “Hay que ver lo que aguantamos”. Luego acudieron más autoridades. “No me dejaban tocar el himno nacional, mientras los etarras iban cubiertos en las iglesias con el hacha y la serpiente de ETA”.

Más de una vez le oí decir que no basta con la caridad, también debe actuar el Estado. Y recuerdo otra frase que dijo a sus colegas militares: “La patria también es la Seguridad Social”. Nos descubrió la inspiración que recibió de la obra de Francesc Cambó para acabar con la Dictadura del general Primo de Rivera, concordando el futuro mediante “una solución política que no satisfaga a todos pero que sea soportable”.

Desde el primer capítulo, nuestro paisano descubre un nivel moral que te reconcilia con la condición humana. Su padre José y su tío Andrés fueron asesinados al estallar la fuera civil. (Mi padre, Pepe el del Cemento, teniente republicano, había sido, por cierto, empleado de su tío). De niño, Cassinello tuvo que cambiar su nombre por el de Andrés Pérez para poder ir al colegio Ferrer Guardia.

Y escribe: “Mi compañero de banca, mi amigo para toda la vida, era pepe Fornovi, cuyo padre acababa de ser fusilado por las tropas de Franco que a mí me liberaron. Podría contar su historia. Igual a la mía, pero desde el oro lado del espejo, porque a su padre lo condenaron a muerte y le fusilaron los míos en el verano del 1939, mientras yo me ufanaba con la victoria. (…) Me confesó que a uno de sus hijos le había puesto de nombre Andrés en recuerdo de nuestra amistad juvenil. (…) Esa amistad me ha acompañado toda la vida y me enseñó, desde aquel lejano 1940, que es posible la convivencia y el entendimiento entre tantas historias desgarradas, vividas por los españoles por mitades. La paz ha de ser obra de dos y solo es cierta por la elección libre de ambos. La paz de uno es solo sometimiento del otro”.

Amén, querido y admirado paisano.

—–

Con Andrés Cassinello y su libro

Ahí va el articulo que publiqué en La Voz de Almería el 7 de septiembre en cuanto tuve el libro de Cassinello en mis manos. Seguramente habrá cosas repetidas en ambos artículos. Me disculpo por ello.

Artículo publicado en La Voz de Almería sobre las memorias del tte. general Cassinello.

Almería, quién te viera… (27)

Los demócratas, en deuda con el tte. general Cassinello

J. A. Martínez Soler

Si tuviera que elegir a los tres almerienses que más me han inspirado en mi vida diría Nicolás Salmerón, presidente de la I República, Carmen de Burgos, primera periodista y corresponsal de guerra, y Andrés Cassinello, coautor clave de la Transición. Por eso, me emociona tanto tener hoy en mis manos el libro de “memorias de tiempos difíciles” de nuestro paisano, el teniente general Cassinello Pérez, recién salido del horno. Su título: “La huella que deja el tiempo al pasar”. Os lo recomiendo vivamente.

Su historia personal y profesional, desde la Dictadura a la Democracia, te engancha porque, por raro que parezca en un teniente general, nuestro paisano escribe muy bien. Da gusto leerle. Es su quinto libro. Y aunque me gustó mucho su biografía del Empecinado (“O el amor a la libertad”), ejecutado por orden del rey felón (Fernando VII), como nuestros Colorados, esta es, a mi juicio, su mejor obra.

Andrés Cassinello, que ya ha cumplido 95 años, estudió en el colegio Ferrer Guardia como Andrés Pérez (su padre y su tío habían sido fusilados por los republicanos) y luego, en el Instituto de Almería, fue alumno de Celia Viñas. Con un solo párrafo de su primer capítulo, el autor muestra toda su gran humanidad ante los lectores:

“Pero mi compañero de banca, mi amigo para toda la vida, era Pepe Fornovi, cuyo padre acababa de ser fusilado por las tropas de Franco que a mi me liberaron. Podría contar su historia. Igual a la mía, pero desde el otro lado del espejo, porque a su padre le condenaron a muerte y le fusilaron los míos en el verano de 1939, mientras yo me ufanaba con la victoria. (…) Me confesó que a uno de sus hijos le había puesto de nombre Andrés en recuerdo de nuestra amistad juvenil”.

Este es nuestro Andrés, como dice la contracubierta de su libro, “un militar profesional que, desde planteamientos netamente alineados con el régimen franquista, pasó a convertirse en uno de los principales impulsores del proceso de transición a la Democracia”.  Como jefe de Inteligencia, a las órdenes directas del presidente Adolfo Suárez, Cassinello, que sabía inglés (esto cambió su suerte) y por eso había estudiado en Estados Unidos, creó el SECED, embrión de lo que luego sería el CNI. Su informe secreto a Suárez en favor de la legalización de PCE fue clave para el éxito de la Transición sin violencia por parte de los comunistas. También lo fue para traer a España al president Tarradellas, a quien visitó en el exilio, y durante la noche del golpe fallido del 23-F que pasó hablando con todas las capitanías generales.

Bueno, con todas, no. Solo se le resistía la del general Milans del Bosch, capitán general de Valencia, quien se había unido a los golpistas y mandó sus carros de combate a recorrer las calles de la capital de su región militar. Hay una anécdota que no aparece en sus memorias y que yo, con su permiso, cuento en las mías (“La prensa libre no fue un regalo”):

“El jefe de la Comandancia de Valencia, a quien mi paisano conocía muy bien, no se le ponía al teléfono. Cabreado por su resistencia, le dio este mensaje al telefonista: “Dígale a Quintiliano que, si no se pone al teléfono, mañana me presentaré en Valencia y le cortaré los huevos”. El mensaje, claro y cuartelero, surtió efecto. Al final, la sangre no llegó al río”.

El teniente general Cassinello ha leído y recortado mi manuscrito (como han hecho mi esposa Ana Westley, mi hijo Erik y Manolo Saco) y me ha concedido el honor de escribir un prólogo cariñoso (“Vidas que han estado entrelazadas”) para mi libro de memorias. También tuve la fortuna de leer su manuscrito y ayudar en su edición y recorte. Ojo por ojo. Este trabajo conjunto en ambas memorias, mano a mano, me ha permitido conocerle mejor y quererle más. Es un personaje excepcional, con sentido del humor y de la Justicia, buena escritura y una gran finura y profundidad en sus análisis.

De sus memorias y de nuestras tertulias de almerienses transterrados a Madrid, me han impresionado mucho sus reflexiones sobre los nacionalismos para entender el fenómeno de ETA y lograr vencer al terrorismo. A las órdenes directas del general Saénz de Santamaría, Andrés Cassinello se dedicó ocho años a la lucha contra ETA, que luego continuó como capitán general de Burgos. Por sus análisis tan acertados del terrorismo y sus éxitos al combatirlo, los demócratas estamos en deuda con este almeriense ilustre.

Le conocí hace años en la ADVT (Asociación para la Defensa de los Valores de la Transición) de la que él era su presidente. Así terminó Andrés Cassinello el prólogo que tan generosamente escribió para mis memorias:

“Y allí apareció José Antonio Martínez Soler, el hijo de “Pepe el del Cemento”, el que leía los libros de mi tía Serafina, a quien me unían, sin saberlo, recuerdos y recuerdos. Después, las memorias de uno y otro. Leídas, discutidas, subrayadas…, y el atraco de que escriba un prólogo. Pues bien, he aquí la criatura. Por favor, sigan leyendo, se podrán enterar de muchas cosas y recordar otras tantas”.

También escribió:

“No estábamos tan lejos sin saberlo. Posiblemente, nos pesaba la historia. Yo era lo que entonces se llamaba hijo de caído, y él era hijo de un teniente del ejército republicano, pero ese peso no coaccionaba nuestras libertades supuestamente enfrentadas”.

Comprenderán que, con este prólogo del teniente general Cassinello, fruto del afecto mutuo, cómo no voy a quererle. No os perdáis sus memorias. Lo digo en serio.

Cubierta de las Memorias de Andrés Cassinello
Invitación al acto de presentación del libro de Cassinello
Andrés Cassinello, rodeado de historiadores
A José Antonio, el hijo de Pepe el del Cemento, con mis letras garrapatosas pero con todo cariño, Andrés.

Mi viejo amigo Isidro López Cuadra ha dedicado su programa del sábado en Radio Villalba al libro del general Cassinello. Ha sabido exprimir capítulos muy interesante del libro de mi paisano.

¡Te recomiendo que escuches este audio de iVoox! Programa Música y Cultura – 08-10-2022 – Parte 2 – La pluma y la lanza, Memorias de tiempos difíciles https://go.ivoox.com/rf/93679430

Victoria por 6-3 frente a mi hijo Erik. Sigo dando guerra…

A muchos abuelos les parecerá una minucia (o un ataque de soberbia) presumir de haber ganado al tenis, con 75 años (aunque no lo parezca) a un hijo que ya cumplió los 40. A mí, no. Hoy he disfrutado en la pista.

Celebrando la victoria por 6-3 frente a mi hijo Erik en un set larguísimo y muy disputado.

Normalmente, Erik me gana al tenis, pero ayer tuve una clase con mi maestro Gildo y hoy, con un cordaje nuevo, remonté un set durísimo con muchos empates. La verdad es que ganar un partido da gusto. Y mi hijo no es de los que se dejan ganar. Le eduqué para todo lo contrario.

Mis lesiones fueron leves. Ningún hueso roto.

Legué bien entrenado a la pista, en buena forma, recuperado del remate que, hace tres semanas, me costó una caída de culo muy  aparatosa. Radiografía limpia.

Camiseta de propaganda de Goat Knight, la productora de mi hijo Erik. Eso me animó.

Para celebrar mi regreso al tenis, mi hijo me había regalo una camiseta de propaganda de su productora (Goat Knight S.L.).

Logotipo de Goat Knight, sobre mi pecho. No podía fallar.

Quise darle buen uso con su logotipo en mi pecho. Eso quizás le impresionó o le aflojó. Ambos jugamos bien. Juegos muy largos con voleas y remates dignos de ser grabados. Un gran día.

Yo invité a los churros y a la tortilla. Para una vez que gano…

Lo celebramos con churros y tortilla en el Café de los Austrias, frente al polideportivo de La Bombilla de Madrid.

Premio merecido.

Hoy me toca siesta en el sofá, quizás con una película del Oeste que mi chica odia porque dice que son simplonas y machistas. Pero es que mi cuerpo serrano hoy ya no da para más.

Libros aconsejables para masoquistas.

Para un nuevo proyecto sobre la prensa, me castigo leyendo, a la vez, dos libros muy fuertes, casi insoportables, que ya comentaré algún día en ese blog cuando los termine. (Uno se llama «Pedro J. Ramírez, al desnudo», de Juan Díaz Herrera, y el otro se titula «Memorias I» del mismísimo José María Aznar, el «hombrecillo insufrible», como le llamaba su correligionario el canciller alemán Helmut Kohl).

La victoria al tenis me permite dejar esas dos lecturas masoquistas para días laborables. Ya estoy cocinando de lujo.

Franco, fuera del Casino y Queipo, fuera de la Macarena

Aprobada anteayer la Ley de Memoria Democrática, que declara ilegal el franquismo, urge que el busto del tirano salga del Casino de Madrid y el cadáver del general Queipo de Llano, del altar mayor de la Macarena de Sevilla.

El franquismo, por fin, declarado ilegal por la Ley de Memoria Democrática recién aprobada por el Senado.

Mas vale tarde que nunca.

Tumba del general franquista Queipo de Llano en el altar mayor de La Macarena de Sevilla.

Será un alivio y una reparación para los familiares de las víctimas de estos dos criminales de guerra y de postguerra.

Busto del dictador Francisco Franco en el Casino de Madrid

Desde ayer, este busto del dictador Francisco Franco, se expone ilegalmente en el Casino de Madrid. La nueva Ley de Memoria Democrática prohíbe la exaltación del tirano.

Merecido abrazo a Fernando Martínez, secretario de Estado de Memoria Democrática. ¡Enhorabuena y gracias, paisano!

¿A qué espera el nuevo presidente del Casino para retirar el busto de Franco de su sala de lectura?

Copio y pego la crónica de eldiario.es:

Uno de los clubes privados más exclusivos de Madrid exhibe en una sala bustos de Franco y del golpista Sanjurjo:

MEMORIA HISTÓRICA

El busto de Franco, realizado en 1940 por Mariano Benlliure, que el Casino exhibe en la sala de lectura de su sede.

Marta Borraz

5 de octubre de 2022 22:52h
Actualizado el 06/10/2022 05:30h

Fue un “acto solemne” celebrado el 19 de diciembre de 1940. Aquel día, en plena dictadura de posguerra, el Casino de Madrid, uno de los clubes sociales más selectos de la ciudad, descubría a los ojos de los socios las nuevas piezas que pasarían a formar parte del decorado: dos bustos en mármol blanco y una lápida. Los primeros eran imágenes de Francisco Franco, el “salvador de España” y del “inolvidable presidente perpetuo” de la sociedad, el general José Sanjurjo, mientras que la placa honraba a 152 “mártires” del bando golpista durante la Guerra Civil. Así lo contó el ABC al día siguiente, en una crónica que subraya el “fervor y entusiasmo” de los asistentes.

El mapa del franquismo que aún pervive: al menos 5.600 vestigios de la dictadura siguen en las calles

SABER MÁS

El 20 de diciembre de 1940 el periódico ABC se hacía eco del acto con el que el Casino presentó ante sus socios las tres obras eldiario

Han pasado 82 años y 16 hombres han presidido desde entonces el Real Casino de Madrid, pero todavía los bustos de los generales permanecen en sus instalaciones. Están, según acreditan varias fotografías, en la sala de lectura de su sede, situada en el número 15 de la céntrica calle de Alcalá. Es el espacio conocido como la hemeroteca, uno de los tantos repartidos por sus 12.000 metros cuadrados de instalaciones. Y está destinado a que los socios consulten libros y prensa diaria tanto nacional como internacional.

También permanece la lápida en una de las galerías del edificio, según confirma una portavoz del club. Con una inscripción que homenajea a los 150 socios fallecidos durante la contienda, todos del bando de los sublevados, apunta la misma portavoz: “El Casino de Madrid, a sus héroes y mártires. Octubre de 1940”. La diferencia es que entonces estaba coronada por el escudo que usaba el régimen franquista, tal y como aparece en la crónica del ABC, mientras que ahora el escudo es el del Casino.

La instalación se produjo nada más terminada la Guerra Civil, desencadenada por el fracaso del golpe de Estado que en 1936 dieron militares como los dos homenajeados en los bustos: Franco, de sobra conocido, y Sanjurjo, un golpista por partida doble. El general ya había encabezado el intento de derrocar a la II República española unos años antes, en agosto de 1932. La sublevación fue conocida como la Sanjurjada y se malogró en cuestión de horas, pero se convirtió en todo un manual de instrucciones y una guía para los sublevados del 36.

El busto del general Sanjurjo que el Casino mantiene en la sala de lectura de su sede eldiario

Preguntado el Real Casino de Madrid sobre por qué sigue manteniendo estas obras expuestas, la portavoz explica que “al fin y al cabo es una sociedad privada” y las obras “forman parte del patrimonio artístico del casino, al igual que otras, y todas se exhiben para disfrute de los socios”. La misma portavoz confirma que “en ningún momento se ha planteado retirarlas ni cambiarlas”, al menos no en las últimas dos décadas.

Hay, sin embargo, socios que sí se niegan a que las esculturas permanezcan, aunque reconocen que son “una minoría”. “Cuando los vi me incomodó muchísimo, pero parece que allí te miran mal si hablas de estas cosas. No debemos tener ninguna simbología de una época muy triste de nuestra historia y yo no quiero que un club al que pertenezco pueda tener fama de ser un nido de fachas”, opina uno de ellos, que rechaza que se exhiba la imagen “de un dictador” y se “rinda homenaje a una persona que dio un golpe de Estado y provocó una guerra entre españoles”.

En la misma línea se expresa un hombre que acudió al Casino hace algunos meses, invitado por un socio. “Me quedé sorprendido, no me lo podía creer”, afirma. Se da la circunstancia de que su padre fue “secuestrado y torturado” en 1976 “por un comando de la Guardia Civil”, ya en la Transición pero en un momento aún marcado por la represión de huelgas y manifestaciones y un franquismo que daba sus últimos coletazos, pero aún no había muerto del todo. “Los hijos y nietos de la Guerra Civil deberían poder estar [en la sala] sin estos agravios y toda esta parafernalia fascista”, clama.

Un encargo de 55.000 pesetas

Los retratos, obra del escultor Mariano Benlliure, fueron encargados directamente por el Casino, que le pagó por las tres obras 55.000 pesetas, un montante al que contribuyeron los socios, según recoge el investigador Ángel Llorente en el estudio La construcción de un mito. La imagen de Franco en las artes plásticas en el primer franquismo. Se trataba de “un precio razonablemente bajo para la categoría de escultor”, lo que podría explicarse “por su calidad [de Benlliure] de socio del Casino desde 1898”, según el profesor honorífico de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid.

Inaugurado en 1836, el Casino fue concebido al calor de las tertulias del café Sólito como un espacio de ocio y encuentro entre las élites de la época. Eran condes y marqueses la mayor parte de sus primeros socios y, tras pasar por varias sedes, el club aterrizó en el número 15 de la calle de Alcalá en 1910. Todavía habría que esperar 77 años para que las mujeres pudieran entrar.

Ahora los socios disfrutan de un amplio abanico de servicios, desde gimnasio a peluquería, sala de billar o biblioteca pero, sobre todo, el Casino es un lugar en el que relacionarse y aprovechar las redes de contactos para generar oportunidades de negocio y conocer gente. Así, la sociedad promete a sus miembros “numerosos privilegios” y ofrece “exclusivas actividades culturales y sociales”; de hecho, son habituales las fiestas, las catas de vino, las galas, tertulias o conferencias.

Actualmente, para ser socio hay que ingresar una cuota inicial de 6.000 euros y una mensual de 98,73 euros por persona (y su cónyuge, que también tendrá acceso), según especifica el folleto informativo. Además de la sede central, en la que está el restaurante del aclamado chef Paco Roncero y la cadena NH alquila salones y espacios para eventos, el Real Casino de Madrid tiene tres campos de golf y un centro deportivo con piscinas, pistas de tenis, frontón o pádel.

Esquivan la ley actual

Otro socio con el que ha hablado este medio apela precisamente “el carácter social” del espacio para rechazar la exhibición de los bustos. “Se me cayó el alma a los pies al verlos, podemos tener diferentes inclinaciones políticas, pero siempre con respeto y no mostrando una ideología que todos sabemos lo que fue”, añade este mismo miembro, que apunta a que “va en contra del origen y la esencia del Casino”. “La sociedad está en otro punto, se está debatiendo una Ley de Memoria Democrática”, explicaba antes de la aprobación definitiva de la norma que se ha producido este miércoles.

Está por ver si esta norma acaba siendo utilizada para estos casos, en los que los símbolos de exaltación de la guerra o la dictadura están en lugares privados. La vigente, la de Memoria Histórica aprobada en 2007, “no sería de aplicación”, según el abogado especializado en el tema Eduardo Ranz, precisamente por este motivo. “Aunque si el club recibiera algún tipo de subvención, la misma debería ser retirada”, añade. El texto de la nueva ley sí pretende llegar más lejos y apunta a que la simbología contraria a la memoria histórica que esté en lugares de “carácter privado”, pero “con proyección a un espacio o uso público” debe ser eliminada.

Los miembros del Casino con los que ha hablado este medio consideran, sin embargo, que los bustos deberían retirarse de inmediato y confían en que el nuevo presidente, el profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Alfredo Alvar, dé definitivamente el paso tras la crisis y disputas internas que ha vivido el club con su anterior ejecutiva. “Puede tomar la decisión por sí mismo, los estatutos no requieren ninguna votación”, apunta uno de los miembros.

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Luis Yáñez ha publicado esta nota en Facebook que copio y pego:

QUEIPO FUERA DE LA MACARENA!

La aprobación definitiva en el Senado de la Ley de Menoria Democrática que ha declarado ilegal la dictadura de Franco, habilita la salida de los restos del genocida general Queipo de Llano de la Basílica de la Macarena, un histórico reclamos de los demócratas y de las familias de las diez mil personas asesinadas por este sálico criminal.

Aún habrá tiempo de recordar a tantas víctimas pero baste ahora con citar a algunos que Queipo, personalmente, ordenó asesinatos: Federico García Lorca, Blas Infante, dos alcaldes de Sevilla, Fernández de la Bandera y Horacio Hermoso, diputados del PSOE como Manuel Barrios Jiménez, generales, jefes y oficiales del Ejército que permanecieron leales a la República, maestros, médicos, abogados, decenas de alcaldes y concejales de la Andalucía dominada por el general felón, jornaleros. Trabajadores, campesinos…

Más vale tarde que nunca para hacer JUSTICIA.

El tte. general Cassinello presenta mañana sus Memorias

Las Memorias del teniente general Andrés Cassinello, imprescindibles para entender la Transición, se presentarán mañana, miércoles, 5 de octubre, a las 18:30 h. en el Instituto Gutiérrez Mellado, Calle Princesa, 36, Madrid.

Andrés Cassinello, cuando fue capitán general de Burgos

Este experto almeriense en inteligencia política y militar, que inventó en embrión del actual CNI a las órdenes del presidente Suárez, tiene mucho que contar. No solo sobre lo que ocurrió en España de la Dictadura a la Democracia, sino, más importante aún, por qué ocurrió.

Cubierta del libro de memorias de Andrés Cassinello

Y lo hace con una escritura limpia y clara. Por muy raro que parezca, el teniente general Cassinello es un militar que sabe escribir. En cuanto leí su libro, recién salido de imprenta («La huella que deja el tiempo al pasar»),  lo recomendé inmediatamente a nuestros paisanos en el diario La Voz de Almería. En vísperas de su presentación al público de Madrid, copio y pego aquella crónica.

Crónica sobre el libro de mi paisano Andrés Cassinello publicada en el diario La Voz de Almería

Almería, quién te viera… (26)

Los demócratas, en deuda con el tte. general Cassinello

J.A. Martínez Soler

Si tuviera que elegir a los tres almerienses que más me han inspirado en mi vida diría Nicolás Salmerón, presidente de la I República, Carmen de Burgos, primera periodista y corresponsal de guerra, y Andrés Cassinello, coautor clave de la Transición. Por eso, me emociona tanto tener hoy en mis manos el libro de “memorias de tiempos difíciles” de nuestro paisano, el teniente general Cassinello Pérez, recién salido del horno. Su título: “La huella que deja el tiempo al pasar”. Os lo recomiendo vivamente.

Su historia personal y profesional, desde la Dictadura a la Democracia, te engancha porque, por raro que parezca en un teniente general, nuestro paisano escribe muy bien. Da gusto leerle. Es su quinto libro. Y aunque me gustó mucho su biografía del Empecinado (“O el amor a la libertad”), ejecutado por orden del rey felón (Fernando VII), como nuestros Colorados, esta es, a mi juicio, su mejor obra.

Andrés Cassinello, que ya ha cumplido 95 años, estudió en el colegio Ferrer Guardia como Andrés Pérez (su padre y su tío habían sido fusilados por los republicanos) y luego, en el Instituto de Almería, fue alumno de Celia Viñas. Con un solo párrafo de su primer capítulo, el autor muestra toda su gran humanidad ante los lectores:

“Pero mi compañero de banca, mi amigo para toda la vida, era Pepe Fornovi, cuyo padre acababa de ser fusilado por las tropas de Franco que a mí me liberaron. Podría contar su historia. Igual a la mía, pero desde el otro lado del espejo, porque a su padre le condenaron a muerte y le fusilaron los míos en el verano de 1939, mientras yo me ufanaba con la victoria. (…) Me confesó que a uno de sus hijos le había puesto de nombre Andrés en recuerdo de nuestra amistad juvenil”.

Este es nuestro Andrés, como dice la contra cubierta de su libro, “un militar profesional que, desde planteamientos netamente alineados con el régimen franquista, pasó a convertirse en uno de los principales impulsores del proceso de transición a la Democracia”.  Como jefe de Inteligencia, a las órdenes directas del presidente Adolfo Suárez, Cassinello, que sabía inglés (esto cambió su suerte) y por eso había estudiado en Estados Unidos, creó el SECED, embrión de lo que luego sería el CNI. Su informe secreto a Suárez en favor de la legalización de PCE fue clave para el éxito de la Transición sin violencia por parte de los comunistas. También lo fue para traer a España al president Tarradellas, a quien visitó en el exilio, y durante la noche del golpe fallido del 23-F que pasó hablando con todas las capitanías generales.

Bueno, con todas, no. Solo se le resistía la del general Milans del Bosch, capitán general de Valencia, quien se había unido a los golpistas y mandó sus carros de combate a recorrer las calles de la capital de su región militar. Hay una anécdota que no aparece en sus memorias y que yo, con su permiso, cuento en las mías (“La prensa libre no fue un regalo”):

“El jefe de la Comandancia de Valencia, a quien mi paisano conocía muy bien, no se le ponía al teléfono. Cabreado por su resistencia, le dio este mensaje al telefonista: “Dígale a Quintiliano que, si no se pone al teléfono, mañana me presentaré en Valencia y le cortaré los huevos”. El mensaje, claro y cuartelero, surtió efecto. Al final, la sangre no llegó al río”.

El teniente general Cassinello ha leído y recortado mi manuscrito (como han hecho mi esposa Ana Westley, mi hijo Erik y Manolo Saco) y me ha concedido el honor de escribir un prólogo cariñoso (“Vidas que han estado entrelazadas”) para mi libro de memorias. También tuve la fortuna de leer su manuscrito y ayudar en su edición y recorte. Ojo por ojo. Este trabajo conjunto en ambas memorias, mano a mano, me ha permitido conocerle mejor y quererle más. Es un personaje excepcional, con sentido del humor y de la Justicia, buena escritura y una gran finura y profundidad en sus análisis.

De sus memorias y de nuestras tertulias de almerienses transterrados a Madrid, me han impresionado mucho sus reflexiones sobre los nacionalismos para entender el fenómeno de ETA y lograr vencer al terrorismo. A las órdenes directas del general Saénz de Santamaría, Andrés Cassinello se dedicó ocho años a la lucha contra ETA, que luego continuó como capitán general de Burgos. Por sus análisis tan acertados del terrorismo y sus éxitos al combatirlo, los demócratas estamos en deuda con este almeriense ilustre.

Le conocí hace años en la ADVT (Asociación para la Defensa de los Valores de la Transición) de la que él era su presidente. Así terminó Andrés Cassinello el prólogo que tan generosamente escribió para mis memorias:

“Y allí apareció José Antonio Martínez Soler, el hijo de “Pepe el del Cemento”, el que leía los libros de mi tía Serafina, a quien me unían, sin saberlo, recuerdos y recuerdos. Después, las memorias de uno y otro. Leídas, discutidas, subrayadas…, y el atraco de que escriba un prólogo. Pues bien, he aquí la criatura. Por favor, sigan leyendo, se podrán enterar de muchas cosas y recordar otras tantas”.

También escribió:

“No estábamos tan lejos sin saberlo. Posiblemente, nos pesaba la historia. Yo era lo que entonces se llamaba hijo de caído, y él era hijo de un teniente del ejército republicano, pero ese peso no coaccionaba nuestras libertades supuestamente enfrentadas”.

Comprenderán que, con este prólogo del teniente general Cassinello, fruto del afecto mutuo, cómo no voy a quererle. No os perdáis sus memorias. Lo digo en serio.

«A José Antonio, el hijo de Pepe el del Cemento, con mis letras garrapatosas pero con todo cariño, Andrés». Dedicatoria que guardo como oro en paño.
Andrés Cassinello vino a la presentación de mi libro en el Ateneo y yo iré mañana a la del suyo. Faltaría más. (Manuel Saco, Joaquín Estefanía, Andrés Cassinello, Ricardo Urías, un servidor, Nativel Preciado y Antonio Cantón)
Con Andrés Cassinello y su libro
Con Andrés Cassinello y mi libro

Ataque de nostalgia con estudiantes de Periodismo

Acudí al Salón de Conferencias de Periodismo en la UCM para aplaudir a mi colega María Ramírez, autora de «El periódico», libro que presentaba allí a más de un centenar de jovencísimos estudiantes y que yo os recomiendo. Ella había aplaudido mi libro en el Ateneo. ¡Qué menos! Ojo por ojo y libro por libro. Me lo pasé muy bien, aunque sufrí un ataque de nostalgia.

María Ramírez habló de su libro «El Periódico» ante más de un centenar de estudiantes de Periodismo.

Hacía décadas, desde la defensa de mi tesis doctoral, que no pisaba la Facultad de Ciencias de la Información. Imposible no pensar en mi gran amigo Emilio Ontiveros, economista miembro de aquel tribunal de tesis, que falleció este verano.

María, subdirectora de eldiario.es, estuvo genial en la promoción de su libro.

Cubierta del libro de María Ramírez

Chica lista, brillante en su exposición. Gran periodista, mucho mejor que su padre, Pedro J. Ramírez, quien no es santo de mi devoción. Ella, sí. Los jóvenes disfrutaron del optimismo de la autora sobre el presente y el futuro del periodismo. Comparto ese optimismo. A pesar de las «fake news» y la teorías conspiratorias que llenan de vergüenza las redes sociales, nunca estuvo el periodismo, con grandes jóvenes profesionales solventes, mejor que ahora. ¡Bravo, María!

El profesor Arturo Gómez Quijano, organizador del ciclo de conferencias (#NewPaper26), defendió el futuro de nuestra profesión. ¿Cómo iba a enseñar Periodismo a sus alumnos ni no creyera en su futuro? Mucho hablaron de la prensa digital online (el libro de María trata del periodismo en internet), como amenaza frente a la prensa tradicional de pago en papel, pero olvidaron mencionar el fenómeno revolucionario del boom de la prensa gratuita que, desde el año 2000, llegó a repartir 4 millones de ejemplares diarios, más que toda la prensa de pago junta en España.

Micrófono en mano, defendí el modelo del diario 20 minutos que fundé en el año 2000,

Ante tamaña provocación, no pude contenerme y, micrófono en mano, hice un canto al diario 20 minutos, que fundé en febrero del 2000 y sigue dando de leer gratis al sediento. Mi vieja tesis era que «pagar o no pagar, no es la cuestión». «Leer o no leer, esa es la cuestión». Y mi diario no era realmente gratuito, sino que el lector nos pagaba de sobra con su atención que valía, para los anunciantes, más que el euro y pico de los diario de pago. «La atención y la confianza del lector es oro puro», dije a los estudiantes y ese es el objetivo que debemos perseguir cuando somos reporteros de la realidad que nos rodea, tan poliédrica. Ya sabemos que la objetividad no existe, pero es una hermosa tendencia que debe dirigir nuestro trabajo.

Dos libros del profesor Arturo Gómez Quijano sobre los diarios gratuitos en España.

A la salida, el profesor Gomez Quijano, un especialista en la prensa gratuita, con dos libros preciosos en el mercado, me pidió que presentara allí mismo mi libro «La prensa libre no fue un regalo» y defendiera el modelo de 20 minutos. Acepté encantado, Faltaría más.

Con María Ramírez en un reportaje de Berna González Harbour en El País (1)
Con María Ramírez en un reportaje de Berna González Harbour en El País (2)
Con María Ramírez en El Pais (foto de Moeh Atitar)
Y la cubierta de mi libro. Que no falte.