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«Chica con coleta» me enseñó humildad. Falta me hacía.

Hay maderas preciosas y maderas puñeteras. La de «ukola» reúne las dos cualidades: belleza y veneno. Es una madera noble, de color rojizo, semejante a la caoba, y fácil de tallar. Da gusto.

Desbaste del tablón de ukola con formón y maza en la clase de tallasmadera.com

Sin embargo, al pasar de las gubias a las lijas, desprende un polvo tóxico que provoca mocos, estornudos, picor en los ojos, nariz y garganta, tanto en el escultor como en los compañeros de taller, incluida la maestra Sandra Krysiak.

No prevengo el coronavirus, sino el polvo tóxico de ukola. Mientras lijaba mi «Chica con coleta» nadie podría entrar en mi sótano.

Durante varias sesiones de muchas horas, con canto gregoriano de música de fondo, me apliqué con las lijas Abranet de 40, 80, 120, 240 y 360 granos. Las mascarillas estaban agotadas en todas la farmacias de Madrid. Menos mal que mi yerno, el padre de Leo, me dio una de las suyas. Quedé aislado y, finalmente, satisfecho. Con esas lijas, buscaba la perfección. Ningún fallo. Sufrí un ataque de soberbia. Ni rastro de las marcas de gubia. Todo perfectamente liso… Hasta que cubrí mi talla con el tapaporos.

¡Madre mía! El tapaporos resultó ser un chivato terrible. En cuestión de minutos, denunció todos mis fallos. Cualquier muesca, por microscópica que fuera, saltaba a la vista.

Con el tapaporos, la madera de ukola cambió de color (del rojizo al nazareno) y mostró cantidad de fallos. La maestra Krysiak me mandó volver a lijar todo «hasta que los dedos huelan a ajo»

¡Qué gran lección de humildad me dio el tapaporos! Aprendí que la perfección no existe. Es inalcanzable, salvo para los creyentes en divinidades todopoderosas. Para mí, la perfección solo es una tendencia. Maravillosa, sí, pero solo tendencia. Recordé el «Camino de perfección» de santa Teresa y el de Pio Baroja. Claro que una cosas es escribir y otra, lijar madera de ukola. Allí donde yo había visto perfección, encontré infinidad de fallos. Digno castigo a mi actitud soberbia, ufana y pretenciosa. Volví a lijar. ¡Qué remedio! Horas de mascarilla, polvillo tóxico y Abranet.

Los restos del tapaporos blanco no dejaban lugar a dudas. Mi ego, casi argentino, cayó por los suelos. Vuelta a empezar.

Convencido ya de que la perfección era inalcanzable, en vísperas del día de San Valentín, no sin temor al fracaso, volví a dar tapaporos a la madera de ukola. Solo los tiquismiquis podrían descubrir las muescas diminutas que delataba el segundo tapaporos.

Porque he tropezado y fracasado mucho, estoy acostumbrado a levantarme después de las caídas. No suelo rendirme fácilmente. Esta vez, sí. ¡Jodida ukola! Sin atender a las críticas de mi maestra, cerré los ojos, apliqué una lija de 1.000 granos al tapaporos y me lancé a cubrir de cera mi «Chica con coleta». Tras la cera, no hay macha atrás.

Ayer, antes de que llegaran los invitados a casa, para celebrar el cumpleaños de mi hijo Erik, le di una pasada de «muñequilla» a la cera. Por cierto, a mi hijo Erik, sin mucho mérito, le propiné una paliza al tenis esa misma mañana por su cumpleaños.

Con mi hijo Erik Martínez Westley celebrando mi victoria al tenis, tras su regreso de Bogotá muerto de sueño.

Claro que la noche anterior había regresado de Bogotá y entró en la pista muerto de sueño.

«El Grito», que tallé en duramen de nogal. Mi chica, Ana Westley, pintó la tulipa inspirándose en el cuadro de Munch

Le saqué todo el brillo que pude a mi escultura medio abstracta y medio figurativa. Hasta hace poco me consideraba un copista de obras famosas. Por ejemplo: «El Grito» de Munch, en nogal, o el «Duelo a garrotazos» de Goya, en sapeli.

«Fake news», relieve a medio hacer, que tallo en madera de sapeli, inspirado en «Duelo a garrotazos de Goya.

Mi primera obra original abstracta fue «La idea», en tilo, que dediqué a mi amiga Isabel Ruiz Curto.

«La idea», que tallé en madera de tilo de una sola pieza sobre base de acero.

Coloqué a mi «Chica con coleta» en un pedestal de granito que tengo en el sótano, uno de los pocos sitios que quedan libres en casa. Eso, con el permiso de mi chica, Ana Westley, que es una grandísima pintora, catalogada y premiada. Las paredes lucen (con razón) sus óleos espléndidos, unos tiernos y otros inquietantes.

La «Chica con coleta» en su pedestal de granito. No es mal sitio. De lejos, no se ve ningún fallo. Pero yo no me engaño. Los conozco.
Esta foto me salió torcida y no sé cómo quitarla de aquí. Así se queda. Sorry.

Cualquier obra, por mala que sea, parece algo especial si la pones en un pedestal. De lejos, no se aprecian los fallos. Todos me felicitaron. ¡Qué amables! Disimulé. Eso se me da bien. Yo sabía que, de cerca, mi obra tenía muchos fallos. Solo me felicité por haber aceptado la lección de humildad que me dio el tapaporos aplicado sobre la preciosa y puñetera madera de ukola. Desde luego, falta me hacía. No somos nadie.

¡Vivan Almería y Tomatito en Los Ángeles!

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¡Vivan Almería y Tomatito! en Los Ángeles

José A. Martínez Soler

Fotos: Ismael Corpas

No lo pude evitar. A más 9.000 kilómetros de mi tierra, entre los aplausos del público californiano, totalmente entregado a nuestro Tomatito y a su hijo José, grité ¡Viva Almería! por todo lo alto. Algunos corearon el viva y, desde el escenario, nuestro paisano se echó a reír. A la salida, nos fundimos en un abrazo. La sonrisa fresca y noble de José Fernández Torres no dejaba lugar a dudas. Estaba feliz con su éxito apoteósico.

Con Tomatito en Los Angeles

Con Tomatito en Los Angeles

El público, en pie, aplaudió durante varios minutos hasta que el mayor genio vivo de la guitarra flamenca nos regaló un bis. Fue una actuación espectacular. Anoche no cabía un alma en el gran teatro Wilshire Abell de Los Ángeles.

Me acompañaban mi hijo Erik, antiguo redactor de La Voz y hoy productor en Hollywood, su amigo Ismael Corpas, fotógrafo de la FOX, una brillante auditora ukraniana y una bostoniana que se casó conmigo hace 48 años. El mundo entero parecía estar representado en el patio de butacas y en los palcos, ambos a rebosar: gringos, coreanos, latinos, chinos, españoles, japoneses, blancos y negros, viejos y jóvenes unidos por su amor al flamenco y su lealtad a Tomatito. Aquello parecía la ONU rendida ante el más grande de los almerienses.

Alegrías, bulerías, tangos, rumbas y –cómo no- una enorme soleá cautivaron a los angelinos aficionados al flamenco en su Festival Internacional. Acompañaron a Tomatito su hijo José del Tomate como segunda guitarra, el Piraña en la percusión, los cantaores Cortiñas y Morenito y el bailaor José Maya.

Hubo mucha complicidad entre todos ellos bajo la batuta del maestro. Especialmente tierna y emotiva fue la sonrisa entre padre e hijo sobre el escenario. Y la cara de satisfacción innegable de Tomatito cuando nos presentó a José del Tomate como “su Benjamín”.

En el programa oficial destacaron la contribución de Tomatito, “una leyenda viva”, al Nuevo Flamenco y a la fusión musical de varias culturas: el tango, la rumba, el jazz… “pero siempre desde el flamenco”. También celebraron sus 5 premios Grammy. Y una de sus frases: «La divina huella de Camarón de la Isla es algo que llevo dentro a lo largo de mi vida. No puede ser de otra manera. El no es solo una influencia sino una luz que me guía y, de alguna forma, mi razón de ser.”

Por eso, el público se volcó, nos volcamos, en olés, bravos y palmas cuando, a este lado del Pacífico, se arrancó con la mítica “Leyenda del Tiempo”: “El sueño va sobre el tiempo/ Flotando como un velero/ Nadie puede abrir semillas/ En el corazón del sueño”.

“El flamenco”, dijo Tomatito, “es auténtico cuando es sincero y sale del corazón». A la salida del teatro, le esperaba un cola de aficionados de todas las razas armados de guitarras. El genio almeriense las fue firmando una a una. Una noche inolvidable. Gracias,  Tomatito.

Fotos: Ismael Corpas

 

Otro crimen del bulo de «ETA en el 11-M»

Hace unos días hablé con Rodolfo Ruiz, el que fuera comisario de Vallecas cuando estallaron las bombas del 11-M de 2004. Su esposa se suicidó por la presión de los conspiranoicos de ETA en el 11-M contra él y su familia. Ayer rompió su silencio y habló con El País.

Rodolfo Ruiz, comisario de Vallecas el 11-M de 2004.

Rodolfo Ruiz, comisario de Vallecas el 11-M de 2004.

Me alegró comprobar que, al cabo de 10 años de las infamias de Aznar, Pedro J. Ramírez y sus acólitos,  Rodolfo ha podido rehacer su vida. Al fin, pudo sonreir mientras me contaba que había sido abuelo.

La cobardía de Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando era ministro del Interior con Zapatero, también me produjo entonces una gran tristeza. El aún líder del PSOE dejó tirado al ex comisario de Vallecas por puro miedo, entre otros, al látigo inhumano y cruel de Pedro J. Ramírez y de Federico Jíménez Losantos, dos manipuladores ruines emboscados en la prensa. Mejor sería que Rubalcaba no se presentara a las elecciones del 2015 porque, con aquel triste recuerdo, no se si podré votarle.

El Mundo, en plena campaña conspiranoica de "ETA en el 11-M"

El Mundo, en plena campaña conspiranoica de «ETA en el 11-M»

El ex comisario Ruiz, al frente de la Brigada de Información, había logrado desarticular con éxito unas bandas criminales de origen latinoamericano y, por ello, le habían concedido (a él y a su equipo) una medalla al Mérito Policial. Sus ayudantes recibieron la medalla pero Rodolfo Ruiz fue cobardemente borrado de la lista. Rodolfo era un buen policía y es una buena persona. Al cabo de años de persecución y sufrimiento, el Tribunal Supremo le dio la razón en todo. Pero a los calumniadores no les pasó nada. Costumbres españolas…

(Conocí a Rodolfo Ruiz poco después del 11-M de 2004, por razones personales, a través de su hijo Pablo, amigo de mi hijo Erik y su amigo Raul. El comisario no se fiaba mucho de los periodistas que cubrían el 11-M.  Creo que me habló con confianza solo gracias a la relación de nuestros hijos. Y le comprendí perfectamente. A mi me había pasado algo parecido, después de mi secuestro al final del franquismo: solo me confié al jefe de Inteligencia de Franco porque su sobrino era amigo mío.)

Ese borrado culposo de Rodolfo de la lista de honor policial, cuando los conspiranoicos de ETA en el 11-M más atacaban al ex comisario de Vallecas, por presuntas (y falsas) manipulaciones de la «mochila de Vallecas», también se sumó a las causas de la depresión que provocó el suicidio de Magdalena, la esposa del ex comisario.  Esa mochila contenía una bomba que no llegó a estallar y fue clave para descubrir a los islamistas autores de la tragedia y para ridiculizar eternamente las tesis ruines y miserables de José María Aznar y sus secuaces.

En el envenenamiento de las instituciones de la democracia, en especial de los partidos políticos y de la justicia, a partir de los bulos de Aznar sobre ETA en el 11-M, tiene una grave responsabilidad histórica el Partido Popular. Aún no han pedido perdón a los españoles por el daño que hicieron con sus mentiras.

Me indigno, me enfurezco, cada vez que recuerdo la tragedia que vivieron Rodolfo Ruiz y su familia durante tantos años. Un hombre solo frente al gigantesco y poderoso Leviatán. Aguantó la presión. Pero Magdalena no pudo más y se quitó la vida. Poco antes, habíamos quedado en compartir con Rodolfo y Magdalena una paella en nuestra casa. Rodolfo me llamó desconsolado. No pudo ser.

Ahora me alegro de que, al fin, siendo ya abuelo tenga nuevas ganas de vivir … y de contarlo todo.

¡Ánimo Rodolfo!. Hay muchos politicos, policías, jueces  y periodistas cobardes y ruines. Pero también los hay honrados. No estás solo en este décimo aniversario de la masacre del 11-M. Y gracias por tu buen hacer. La Policía debería darte ahora, en el décimo aniversario de la masacre, la Medalla que te robaron en tiempos de Rubalcaba y Zapatero para que jueguen con ella tus nietos.

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En mi blog «Se nos ve el plumero» de 20minutos.es publiqué, durante años, varias entradas sobre el caso de Rodolfo Ruiz y la «mochila de Vallecas«.

Ahí van algunos enlaces: