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¿Trump? Salgo huyendo pa España

No lo pude remediar. Tras la victoria de Trump, necesitaba un desahogo. Y salir huyendo inmediatamente pa España. Ahí va:

Opinión para La Voz de Almería

EE.UU.

La ira vence a la esperanza

José A. Martínez Soler

Un péndulo fatal ha golpeado a los Estados Unidos de América y, de paso, al mundo entero. La ira de los enfurecidos blancos, racistas y machistas venidos a menos, ha vencido a la esperanza que los negros, latinos, asiáticos, inmigrantes, mujeres, gays, discapacitados y desvalidos habían puesto en Barak Obama y en su candidata demócrata, Hillary Clinton. La avaricia de Trump ha vencido a la compasión de Obama y Clinton. El péndulo que marca los ciclos ha pasado de la distribución a la acumulación. No queríamos verlo.

Con el cartel de Hillary., en nuestra puerta.

Con el cartel de Hillary., en nuestra puerta.

¡Uff! Elecciones apasionantes. Temibles. Sucias. Hasta el último minuto, más de la mitad de los estadounidenses -¡y de medio mundo!- mantuvimos anoche los dedos cruzados temiendo la victoria, que nadie salvo los suyos quería ver, del millonario Donald Trump. El racista, machista, acosador, mentiroso, tramposo, enemigo de las minorías, el bufón Trump, del que nos reíamos, confundiendo deseos con realidad, es hoy el 45 presidente de los Estados Unidos de América. ¡Que dios nos pille confesados!

El problema no es Trump que se ha puesto, con su cirio oportunista, a la cabeza de la procesión de indignados por la pérdida de una América totalmente blanca e inmensamente rica que nunca existió. El problema son esos millones de blancos enfurecidos que han aupado a un idiota narcisista tan siniestro como Trump a la candidatura del partido conservador. Los 15 aspirantes conservadores vencidos por Trump en las primarias habían huido de él como del diablo. Ningún ex presidente le ha votado. Ni siquiera George W. Bush, el que nos metió con mentiras en la guerra de Irak.

Es difícil encontrar un presidente peor en la historia de este país. Lo sabemos antes de que tome el poder en enero. Le hemos conocido bien y no hemos querido ver la realidad. La semana pasada, cuando el jefe republicano del FBI hizo una zancadilla imperdonable a la candidata demócrata, Trump se puso a la par con Hillary Clinton en las encuestas. Tuvieron que salir el mismísimo Obama y su esposa Michelle -¡qué gran presidenta sería esta señora!- al rescate de la primera mujer que podría suceder al primer presidente negro.

¿Tump? ¡Qué horror!

¿Tump? ¡Qué horror!

Finalmente, ayer, las tripas del hombre blanco y su rabia contra las élites gobernantes se impusieron al cerebro y al corazón. Populismo de extrema derecha. ¡Qué horror!

Como corresponsal de prensa y televisión, he cubierto varias elecciones presidenciales norteamericanas en los últimos treinta años. Es la primera vez que asisto a un proceso electoral como observador, desde fuera, lejos de la algarabía de la campaña y la presión de los colegas y de los medios competidores. ¡Qué distintos se ven los toros desde la barrera! Hoy, felizmente jubilado, opinando y no informando, no tengo por qué ser imparcial. Puedo decir lo que pienso.

Esta vez, he seguido los debates presidenciales con familiares y amigos, en bares de Boston, Los Ángeles y Santa Fe. La polarización del electorado nunca fue, a mi juicio, tan extrema. A voces, con amenazas, sin puños a la vista. Solo comparables, quizás, a los debates que siguieron al “espíritu del 68” (Vietnam, hippies, etc.) cuando los viejos se enfrentaron a los jóvenes.

Hasta el grito de Munch...

Hasta el grito de Munch…

Hoy, muchos blancos de la clase media, empobrecidos por la crisis económica y/o fanatizados por su religión, se enfrentan a las minorías que ellos consideran sus enemigos. Los seguidores del racista Trump quieren que les devuelvan su América, según ellos, perdida: blanca, rica, poderosa, cristiana, homogénea. Como si todos ellos, salvo los nativos indígenas, no fueran inmigrantes…

Las teorías conspiratorias más absurdas han abundado en esta campaña. Empezaron por decir que Obama no había nacido en Estados Unidos, que era un musulmán en la intimidad, que tenía poco menos que tratos con el diablo. El Ku Klux Klan quemó una iglesia de negros y pidió el voto para Trump. Que Hillary Clinton era una delincuente, que debía ir al cárcel, que era la causante de las muertes por el atentado de Bengasi en Libia. Sin fundamento, la acusaron de ocultar información oficial y desvelar secretos de Estado. Todo vale.

En fin, las acusaciones más inverosímiles contra Barak Obama y Hillary Clinton han circulado por internet, sin ninguna prueba, animadas por el propio Donald Trump, infatigable activista a través su twitts de madrugada. Sus comentarios sobre hechos inventados (“he oído”, “se dice por ahí”, etc.) le han convertido en un auténtico y peligroso troll que ha infectado las redes sociales y ha enfermado a no pocos norteamericanos que no podían dar crédito a tanta infamia cargada de rencor.

La Libertad se esconde.

La Libertad se esconde.

El país ha quedado roto prácticamente por la mitad. Las heridas tardarán en cicatrizar. Trump ha captado votos entre los indignados y enfurecidos que han perdido prestigio social y poder adquisitivo. Ha acusado de corruptos a su oponente, a los políticos en general y a los medios de comunicación. Hasta el último día, Trump ha puesto en duda la limpieza del recuento electoral. Ha minado los pilares de la democracia.

Hoy mismo, toda la clase política tendrá que tender puentes entre las dos Américas que se han enfrentado como nunca en las últimas décadas. El rencor ha vencido a la esperanza. Y el rescoldo de odio y avaricia aún perdurará por no sabemos cuanto tiempo. Esperemos que el vengativo Trump no resucite el Comité de Actividades Antiamericanas, la Inquisición del senador McCarthy.

Me ha sorprendido comprobar personalmente la democracia en acción. Algo que, desgraciadamente, no se ve en España. En vísperas de la votación, voluntarios y empresas de marketing han llamado muchas veces por teléfono y han visitado la casa donde hoy vivo en Notinghan, New Hampshire, un Estado que Trump ha ganado por unas docenas de votos. Ayer mismo, tres voluntarios de distintas edades llamaron a nuestra puerta para ofrecer a los eventuales votantes transporte privado hasta el colegio electoral. Ida y vuelta.

Las orillas de las calles y carreteras están plagadas de carteles con los nombres de Trump o Clinton. También los coches. Los conductores suenan el claxon y gritan al cruzarse con alguien de su mismo color político. He visto una gran movilización ciudadana para decidir quien ocupará el sillón más poderoso del mundo. Aquí no hay jornada de reflexión. Eso queda para los ciudadanos de la vieja Europa tratados como menores de edad. A una distancia prudencial, muy cerca de las urnas, los partidarios de cada candidato hacen campaña activa hasta el cierre del colegio electoral.

Ha sido más fácil tener un presidente negro antes que una mujer. Lástima. Los norteamericanos han elegido, a mi juicio, la peor opción. El peor presidente va a suceder a uno de los mejores. Esperemos que la democracia aguante las embestidas de Trump que tiene todo el poder ejecutivo, legislativo y judicial en sus manos. Ya no bromean quienes piden asilo en Canadá. Hitler ganó las elecciones y acabó con la democracia. Que no se repita lo mismo en el país más poderoso del mundo.

Michael Moore nos lo advirtió. No le creímos. El brexit del Medio Oeste contra el libre comercio (más proteccionismo, guerra comercial y, quien sabe, más guerra militar), hombres blancos enfadados y groseros contra una mujer, el poco entusiasmo que despierta Hillary, el voto deprimido de los izquierdistas de Sanders y, además, el voto suicida de los que quieren dar una lección a las élites para que se enteren de que pueden hacerlo. Los pueblos, incluido el norteamericano, también se suicidan y votan contra sus propios intereses. Decía Moore: “Incendio mi casa para que mamá y papá se enteren de lo soy capaz de hacer”.

Los norteamericanos blancos furibundos, racistas y machistas, le han dado un patada a Hillary Clinton en nuestro culo. Espero que la democracia norteamericana aguante los cuatro años del rencoroso Trump, un imbécil ignorante y miserable, sin desmoronarse. Ojalá.

Página de la Voz de Almería 9-11-16

Página de la Voz de Almería 9-11-16

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Vuelvo a mis orígenes: votaré al PSOE

Por responsabilidad y -¡cómo no!- por miedo justificado al PP, he decidido volver a mis orígenes: votaré al PSOE en las elecciones generales del próximo 20 de diciembre.

No conozco a ninguno de los nuevos líderes del PSOE (salvo Jordi Sevilla, que me gusta) pero les he seguido con atención y creo que merecen una oportunidad para sanear el partido y reducir el Indice de Corrupción Ambiental (ICA) de España.

Joaquín Almunia abrió hace años el Partido Socialista a los simpatizantes. Creo que yo fui el primero de Almería que, cargado de ilusión, se apuntó en esa lista. Si no me borraron cuando dije, en mayo del 2014, que votaría contra el bipartidismo, mi nombre debe seguir en ella. Me gustaría que así fuera. Si me borraron, al caer sobre mí sobre la oportuna excomunión, ya pueden volver al inscribirme en esa lista de honor. 

Sí, Fernando, Manolo, Enrique, Antonio, incluso Fernando Martínez, volveré a votar al PSOE también por la recuperación de mi propia memoria familiar y porque las conversaciones con no pocos amigos me han inclinado a ello. Escarmentado como estoy por las fechorías del PSOE, desde los últimos años de Felipe González hasta el final de Zapatero, creo que los nuevos líderes socialistas merecen, al menos, el beneficio de la duda y, siempre, la presunción de inocencia. 

El mes pasado, en un almuerzo de la Asociación para la Defensa de los Valores de la Transición, que preside mi paisano Andrés Casinello, pregunté a Alfredo Pérez Rubalcaba si debía votar al PSOE, tapándome aún la nariz, o votar a Ciudadanos, tapándome los ojos.

Rápido e ingenioso, como de costumbre, Rubalcaba me respondió:

-“Puestos a elegir, yo prefería perder el olfato antes que la vista”.

No le faltaba razón. Desde las europeas hasta hoy, he seguido con atención la renovación de la cúpula del Partido Socialista. Aunque a los nuevos líderes les falta un hervor (¿acaso no les faltaba a Felipe González o a Alfonso Guerra en el 82?), observo en ellos una evolución positiva. Tratan de devolver al PSOE los valores de honradez, solidaridad, justicia y libertad que nunca debió abandonar.

En vísperas de las elecciones europeas de mayo de 2014 publiqué en este blog  una reflexión titulada “Mi voto (no sin dolor) contra el bipartidismo”.  Al final, después de no pocas dudas, voté a Equo. Quería premiar a los del 15-M. Un homenaje a mi hijo David que pasó muchas horas en la Puerta del Sol para protestar, como él decía, “contra todo, papá, vamos contra todo”.

Poco después, Marta Rubí me hizo una entrevista para La Voz de Almería. Esta fue su última pregunta:

-” Por último, una pregunta sobre las elecciones europeas, en las que declaró públicamente no haber votado al PSOE:

“Celebro que los dos grandes partidos PP y PSOE se hayan dado este merecido batacazo para ver si espabilan y entienden que hay otra forma posible, y más limpia, de hacer política. En efecto, no he votado a ninguno de los dos. Fui más a la izquierda. Pero no me cambié de chaqueta. Esta vez, solo la llevé a lavar. Como simpatizante, yo sigo vistiendo la chaqueta de los ideales socialistas. Y si aciertan a limpiarlo de corrupción y de malas prácticas y a ilusionar al pueblo, estaré encantado de volver a votar al PSOE. Si no lo hacen, serán irrelevantes para el futuro de España”.

José A. Martínez Soler en la ultima página de La Voz de Almería del 1 de junio de 2014.

Aunque el PP iba mucho peor, hace años que el Partido Socialista se había ido convirtiendo en una ominosa oficina de colocación plagada de nepotismo, enchufismo y clientelismo. El castigo recibido por ello ha sido tan duro como merecido. Creo que los nuevos líderes han lavado la ropa sucia y parecen dispuestos a cambiar.

Hoy no tengo duda: de las cuatro opciones principales que se nos presentan el 20-D, la del PSOE es la mejor para la España que yo quiero para mis hijos y nieto. En esta decisión ha pesado mi cerebro y, ¿por que negarlo?, también mi corazón. El PSOE fue el partido de mis padres y de mi hermana y es al que votan la mayor parte de mis amigos…

A veces, acierto cuando rectifico. Ojalá esta vez sea así.

 

 

La filantropía del dueño de Facebook da que pensar

No me ha sorprendido la noticia.
Zuckerberg donará 42.000 millones de euros a obras filantrópicas.

Cuando le conocí personalmente, el joven más rico del mundo no me disgustó. La filantropía, en un país como el nuestro, da qué pensar…

https://t.co/OmulhxSerN
Zuckerberg donará 42.000 millones de euros a obras filantrópicas

https://t.co/TmCYZeadQv vía @el_pais

En octubre de 2008 conocí personalmente a Mark Zuckerberg, el creador de Facebook y (con 24 años) el multimillonario más joven del mundo. Almorzamos…
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El creador de Facebook no me pareció gilipollas

En octubre de 2008 conocí personalmente a Mark Zuckerberg, el creador de Facebook y (con 24 años) el multimillonario más joven del mundo. Almorzamos frente a frente en el comedor de la Fundación Rafael del Pino en Madrid.

Después de un par de horas de charla informal y de debate profesional, el joven Mark no me pareció tan gilipollas como le ponen en la película “La red social” que he visto este fin de semana.

No me pareció un tipo tan tímido, huraño, introvertido y soso como le muestran en el cine.  Por el contrario, su charla fue animada y amena y sus reacciones a mis comentarios (algo burlones) fueron simpáticas y rápidas.

Dicen en mi pueblo que no hay ministro tonto ni torero cobarde. Tampoco hay -creo yo- multimillonario humilde. Por eso, quizás, lo que más me llamó la atención en Mark Zuckerberg fue su arrogancia, impropia en un chaval de la edad de mi hija Andrea, aunque haya pasado por la Universidad de Harvard (como yo) y por la Phillips Academy de Exeter (New Hampshire), frente a Riverwoods donde entonces vivía mi suegra, Geraldine Westley.

Uno de los compañeros de mesa y matel -otro emprendedor local- se ofreció a hacernos una foto con su móvil (de ahí la mala calidad de la imagen adjunta). Entonces le dije a Mark que esa fotografía le haría muy famoso en Almería.

“¿Por qué en Almería?”, me preguntó.

“Pues porque estarás a mi lado y porque yo nací en Almería, frente a Africa, donde presumo de ser gloria local desde que salí por la tele”,  le respondí.

El joven multimillonario soltó una carcajada. En la foto aún se pueden apreciar los restos de aquella risa.

El almuerzo del fundador y presidente de Facebook con un grupo reducido de emprendedores españoles, con los que él quería compartir experiencias, fue organizado por la Fundación Rafael del Pino, en su sede de Madrid. No se trataba de una conferencia de prensa sino de un encuentro de caracter privado y, como yo era el único pediodista presente, me comprometí a no publicar el contenido del debate/tertulia para que todos pudieramos hablar como si fueramos libres. Así lo hice. Tampoco se dijo nada especialmente exclusivo ni relevante digno de un titular de prensa. Cada uno de nosotros le contamos nuestra aventura empresarial y él nos resumió la suya. Yo presumí, naturalmente, de haber creado la empresa editora de 20 minutos, un diario líder y una web tan gratuitos como Facebook, aunque con algunos menos usuarios (por el momento, claro).

Cuando comparamos notas sobre nuestras experiencias más o menos locas (yo le gano en fracasos, quizas por mi edad), me sorprendió que él hubiera vivido precisamente en la Kirkland House, un colegio mayor de la Universidad de Harvard (Mass., EE.UU.), la misma House (que sale en la peli) a la que yo estuve afiliado cuando pasé por Harvard en 1976-1977 como Nieman Fellow de Periodismo.

También fue casualidad que Mark hiciera el bachiller en la Phillips Academy de Exeter, que yo visitaba cada año cuando iba a ver a mi suegra. La Phillips Academy es un vivero de estudiantes pijos desde donde salen disparados hacia las universidades mas prestigiosas de la Ivy League (la Liga de la Hiedra, porque sus edificios bi o tricentenarios de ladrillo macizo suelen estar cubiertos de hiedra). Con tantas coincidencias personales, la conversación fue my animada y simpática durante el almuerzo. En el postre, pasamos al debate profesional off the record donde pudieron intervenir los demás compañeros de mesa entre los que destacaban jovenes empresarios/creadores de primera fila (que no quiero citar sin su permiso).

Pese a que el personaje de Mark Zuckerberg que se muestra en “La red social”, recién estrenada en España, no responde exactamente a la imagen que yo tenía de él, tras aquel breve encuentro de un par de horas en Madrid, la película me gustó y la recomiendo a todos los que estamos apuntados a Facebook e incluso a quienes tienen alergia a las redes sociales. Entre Facebook y Skype suman ya 1.000 millones de usuarios, lo que se dice pronto. En 2003, desde su habitación en la Kirkland House de Harvard, este chico inició una revolución auténtica en el modo de relacionarse de los seres humanos y merece crédito por ello.

No es, pues, de extrañar que sus colegas de universidad y sus primeros socios y amigos -que fueron quedando apartados en el camino del éxito- sintieran envidia, celos o deseos de venganza (o de sacar alguna pasta del pleito) contra quien triunfó utilizando parcialmente algunas ideas propias y otras prestadas.

Mark tuvo una idea y persiguió obsesivamente su realización hasta llegar al éxito. Y es que las ideas -sorry- son de quien las realiza y no del primero que las tiene pero es incapaz de llevarlas a cabo. Sus colegas ricos tuvieron una idea semejante, pero su obsesión estaba centrada en el campeonato de remo y no en la creación de la red social. Su mejor amigo discrepó de él, insistiendo en meter publicidad en Facebook, quizas demasiado pronto, y fue apartado de la empresa. Y su otro socio -el creador de Napster- fue despedido tras un escándalo de drogas.

La película es dura con Mark Zuckerberg. Es el resultado de un par de libros sesgados y de haber hablado principalmente con los perjudicados por la obsesión del creador de Facebook por llevar a cabo su invento a cualquier precio. Incluso al alto precio de perder el amor de su chica. Es una historia patética de éxito que vale pena ver en el cine, aunque en esta peli salgan mas molinos que gigantes… El gigante Zuckerberg no ha querido participar en la peli. No quiso hablar con los peliculeros y no es una versión autorizada por él. Creo que hizo bien. Aún es pronto.  Tiene tan solo 26 años y preside una empresa valorada en 25.000 millones de dólares. Y, además, ya es famoso en Almería. ¿Qué más quiere?

La bandera que me dio repelús

Mi primera reacción al ver al joven líder socialista arropado por una inmensa bandera de España fue de repelús. Sentí un cierto sobresalto. Casi un escalofrío. Pensé en mi padre, socialista y teniente del Ejército de la II República, que se jugó la vida bajo la bandera tricolor.

Pedro Sánchez, lider del PSOE. (22-VI-15)
Pedro Sánchez, lider del PSOE. (22-VI-15)

La segunda reacción fue más fría, cínica quizás: !Qué pillo y opotunista este Pedro Sánchez: gira hacia el centro y le quita símbolos (y votos) a la derecha!

Luego, fugazmente, me acordé de Santiago Carrillo con la bandera bicolor. Ya sin la gallina de Franco. Y de aquella noche en casa de Luis Solana, pergeñando un escudo que sustituyera al águila imperial de la ominosa Dictadura.

Nos gustara o no, cuando se aprobó la Constitución de 1978, la bandera  de Carlos III, de la I República y de la Dictadura (sin águila) se convirtió legalmente, por voluntad popular, en la de todos los españoles.

No fue fácil. Hice de tripas corazón, compré un metro de tela bicolor y, el 6 de diciembre de aquel año, armado de valor y con el corazón partido entre el amor y el temor, la clavé en la puerta de mi casa. A la hora del aperitivo llamaron a mi puerta. Eran los vecinos de la parcela de atrás: el coronel Lisarrague (hermano de un profesor de Sociología que tuve en la Facultad) y su esposa.

-“¿Qué hace usted con mi bandera en su puerta?”, me dijo el viejo coronel, sin ocultar cierto brillo cómplice en sus ojos.

Le repliqué, entre sonrisas:

-Hasta ayer ésta era su bandera y no la mía. Pero desde hoy es también la mía. Y deberíamos celebrarlo… mi coronel”.

Pasaron a casa y, no sin emoción, tomamos juntos el aperitivo con nuestro primer brindis de la concordia.

A partir de entonces, hice esfuerzos para perderle el miedo a la bandera bicolor. Había sido la del enemigo durante los años de lucha antifranquista. Y aún era paseada por las calles de Madrid, con brabuconería -gallina incluida-, por los nostálgicos de la Dictadura.

Al año siguiente, al cruzar por Isaac Peral, en la Plaza de Cristo Rey, me vi sorprendido por una manifestación, pequeña pero ruidosa, de franquistas armados de banderas bicolores, aguilucho negro incluido. Otra vez volví a tener miedo antes semejantes símbolos. Miedo y rabia.

Trabajaba yo entonces a las órdenes de Fernando Abril Martorell, vicepresidente económico del Gobierno de Adolfo Suárez. Al despachar con él, le conté mi reacción ante el uso y abuso callejero de la bandera franquista, que ya era anticonstitucional. Le insistí en el daño que eso producía a la ansiada concordia en torno a un símbolo que debería ser querido y no temido por todos los españoles.

No dijo ni pío. Siguió fumando y paseando a grandes zancadas por aquel despacho de Castellana, 3, que había sido del almirante Carrero Blanco. (“Y de don Manuel Azaña”, solía añadir Abril Martorell, coautor de la Constitución del 78, maestro y amigo).

Unas semanas más tarde, en otra hora de despacho, el vicepresidente me entregó un ejemplar abierto del Boletín Oficial del Estado. Con el índice me señalaba un párrafo. Apuntaba nada menos que a un artículo por el que quedaba prohibido el uso público de símbolos anticonstitucionales, etc.

Con la camiseta repúblicana del Mundial.

Con la camiseta repúblicana del Mundial.

Fue un nuevo pequeño paso en la transición desde la guerra civil (que, para mi, habia terminado con la muerte del dictador en noviembre de 1975 precedida, dos meses antes, por sus últimos fusilamientos) hacia la paz y la concordia constitucional nacida el 6 de diciembre de 1978. (Pese a lo que dicen algunos libros de historia, la guerra civil no acabó en 1939 sino en 1975. En 1939 no empezó la paz sino la victoria, simbolizada por la bandera bicolor con el aguila imperial y por la de Falange.)

Debo reconocer que aún me impresionan las banderas bicolores, aunque, al segundo, digo para mi que ya no hay nada que temer. Que esos colores ya no son, de hace 37 años, los del enemigo sino los míos, los nuestros, los de todos. Afortunadamente, mis tres hijos han crecido viendo dos banderas juntas en casa: la de España y la de Estados Unidos. Con naturalidad, representando a sus dos culturas.

A mi me gusta más escribir con las plumas que me prohiben...

A mi me gusta escribir con las plumas que me prohiben…

Pero sin olvidar los ideales y la historia familiar republicana. En lugar de honor, tenemos la tricolor, también constitucional, aprobada por los españoles en 1931. Lindos colores. En el salon y el jardín. Y en nuestro corazón.

Mis ideales son republicanos. Respeto la bandera bicolor actual, la que luce sin complejos Pedro Sánchez, porque es la que ha sido aceptada por los españoles y, por tanto, también es la mía y la de Rafa Nadal y la selección española de fútbol y baloncesto…

Pero los sueños son libres. Algún día, los españoles podremos decidir recuperar legal y pacíficamente la bandera tricolor que representará los ideales de la III República.

Desde muy niño, mi padre me la cantaba así: “…bandera republicana…llevas sangre, llevas oro, y, por tus penas, morada…”.

Lindos colores "14 de abril".

Lindos colores “14 de abril”.

Amén.

 

  

 

 

 

No matarían ni una mosca… ¿en Cataluña?

Acabo de leer, no sin dolor, un libro que me ha puesto los pelos de punta y que recomiendo vivamente sobre todo a mis amigos catalanes y no catalanes: No matarían ni una mosca. Criminales de guerra en el banquillo” de Slavenka Drakulic.

Portada del libro "No matarían ni una mosca"

Portada del libro “No matarían ni una mosca”

Durante su lectura, mi cerebro ha sido un hervidero de estampas terroríficas de las matanzas en la antigua Yugoslavia (1991-95) y de una pesadilla atroz sobre el futuro de los jóvenes envenenados por el nacionalismo excluyente en Cataluña. No, no estoy loco…

Como director del telediario de TVE, me tocó entonces recibir y seleccionar imágenes horribles de los crímenes más inimaginables cometidos entre vecinos (antes amigos) de la civilizada Sarajevo, ciudad tan olímpica como Barcelona. (El gobierno bosnio calculó, por ejemplo, más de 60.000 mujeres violadas).

Entre el 13 y el 19 de julio de 1995, los asesinatos masivos de casi 8.000 civiles (hombres, mujeres, ancianos y niños) en Srebrenica, ciudad presuntamente protegida por cascos azules de la ONU, elevó el listón de la crueldad nacionalista y de la limpieza ética a niveles inéditos en Europa desde los crímenes de la Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin.

La guerra de Bosnia, Serbia y Croacia concluyó en el otoño-invierno de 1995, tras los Acuerdos de Dayton (Ohio, EE.UU.) dejando más de 200.000 muertos y dos millones de desplazados. Como corresponsal de TVE en Estados Unidos en aquel tiempo, envié docenas de crónicas sobre las negociaciones de paz en la base aérea de Dayton, con los aviones de los tres belicosos líderes como telón de fondo y las manifestaciones permanentes de feroces inmigrantes de las tres naciones emergentes en la puerta de la base, vigilados por la policía norteamericana.

¿Cómo pudo pasar aquello hace apenas 19 años? Y, lo que es peor, ¿puede volver a repetirse en cualquier tiempo y lugar por gente normal y corriente, como nosotros, y no por monstruos?

Si la pregunta es inquietante, lo es más aún la respuesta que la autora pone, al comienzo del libro, en boca de la gran Hannah Arendt (“Ensayos de comprensión, 1930-1954”), que zarandeó a medio mundo con su teoría sobre “la banalidad del mal”, tras cubrir el juicio del criminal nazi Eichmann:

“Cuando su trabajo le lleva a asesinar a alguien, no se considera un asesino, ya que no lo hace por inclinación personal, sino a título profesional. Por pura pasión, él no mataría ni una mosca”.

Como el herpes, el nacionalismo es para toda la vida, lo llevamos todos dentro, en mayor o menor medida, y nos ataca cuando nuestro organismo está más débil. En su introducción, Slavenska Drakulic se plantea preguntas muy pertinentes y que no debemos olvidar al enfrentarnos al virus de cualquier nacionalismo excluyente:

“Es posible que la guerra se colara en nuestras vidas, lenta y furtivamente, como un ladrón?

¿Por qué no la vimos venir?

¿Por qué no hicimos algo para evitarla?

¿Por qué fuimos tan arrogantes como para pensar que algo así no podía pasarnos a nosotros?

¿Éramos realmente prisioneros de un cuento de hadas?”

La lectura de este reportaje sobre los criminales de guerra ante el Tribunal de La Haya te desasosiega, te quita el aliento. La autora es croata, hace autocrítica y su vida es la vida de muchos otros compatriotas, normales y corrientes, de la antigua “feliz” Yugoslavia que se vieron arrastrados y/o atraídos a huir, a no querer saber o a cometer los actos más crueles.

Además, está muy bien escrito. Me recordaba, en ocasiones, a la gran obra “Si esto es un hombre” en la que Primo Levi nos describe la vida en un campo de concentración nazi como si nada, con la asepsia desesperante de un químico.

Carme Chacón, el tte. general Casinello y un servidor en la ADVT (Asociación para la Defensa de los Valores de la Transición)

Carme Chacón, el tte. general Andrés Casinello y un servidor, ayer, 11 de febrero de 2015, en la ADVT (Asociación para la Defensa de los Valores de la Transición).

Compartiendo mesa y mantel con Carme Chacón y con viejos roqueros de la ADVT (Asociación para la Defensa de los Valores de la Transición), ayer mismo, la socialista catalana y ex ministra de Defensa nos recordó el titulo, tan actual y oportuno, de Chaves Nogales: “¿Qué pasa en Cataluña?”.

No hace tanto tiempo, en la cena de Navidad de hace un par de meses, hubo madres catalanas que, ante el incremento preocupante de los brotes de intolerancia, pidieron, por favor, no hablar de política en la mesa familiar.

¿Cuándo comenzaron a guardar silencio en las cenas familiares de Serbia, Bosnia o Croacia?

¿Cuándo empezamos nosotros con la terapia de afectos mutuos entres los catalanes y el resto de los españoles para reducir la creciente y peligrosa brecha que nos separa?

¿Es quizás demasiado tarde para extirpar el veneno del nacionalismo excluyente inoculado en tantos jóvenes de Cataluña y del resto de España?

Por algo habrá que empezar… Digo yo.

 

 

 

¡Viva la radio! Un ataque de nostalgia…

Hoy madrugué y valió la pena. Javier del Pino me había invitado su programa “A vivir que son dos días” de la SER. Llegué pronto y sin saber muy bien el motivo de la entrevista. Se había encontrado en Washington con Bill Kovak, un amigo común ex New York Times y ex Harvard, y me mandaba saludos.

Contra mi costumbre, de cuando trabajaba en la radio o en la televisión, esta vez no iba preparado para enfrentarme a las ondas. Quizás por eso, Javier  del Pino y José Martí-Gómez me pillaron desprevenido y, en una atmósfera tan cordialy con la guardia baja, hablé como si fuera libre… de mi vida y milagros.

No se por qué, fuí con la idea de que íbamos a hablar de periodismo en general… al año casi de jubilarme. Pero no. Hablamos de mi tema favorito, con perdón, o sea de mi. Tampoco se si fue más fuerte el ataque de vanidad, por preguntarme sobre mi curriculum, o el ataque de nostalgia por verme de nuevo ante un micrófono…   El caso es que me sentí tan cómodo con los viejos colegas, los cascos y el micro que me solté el pelo y conté cosas sobre mi secuestro, al final de la Dictadura, que no había contado nunca en la radio ni en la televisión. Aunque sí en este blog.

También me comprometí a seguir dando guerra, a no jubilarme del todo, en honor a mi nieto Leo, que ayer cumplió tres meses. Como sabéis algunos, desde que nació este bebé yo creo y practico el ¡Leocentrismo!

Esta es la primera entrevista que mi hija Andrea le ha hecho a su hijo Leo:

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Por un lado, después de diez meses de pensionista y (¿merecido?) relajo casi total (tenis, talla de madera, jardinería, huerta, pesca, etc.) me siento algo culpable de pasarlo tan bien cuando parece que el mundo se nos cae encima a pedazos. Puede ser un reflejo del sentimiento judeo-cristiano de culpabilidad que nos inculcaron los frailes de La Salle. Parece que todo aquello que nos produce placer es pecado, engorda o da cáncer.

Por otro lado, el pasado 23 de octubre nació Leo Jiménez Martínez, mi primer nieto, y ese acontecimiento tan singular trastornó mis planes de jubilado feliz y despreocupado.  ¿Como no seguir la actualidad y no estar al día de lo que pasa en el mundo que se va a encontrar este niño? La verdad es que Leo, sin ningún mérito por su parte, ha tenido doble suerte: nació varón y en Occidente.  Las mujeres lo tienen todo más difícil, incluso en Occidente.

¿Acaso los abuelos (o yayoflautas) no tenemos el deber de intentar mejorar este mundo para entregarlo a las generaciones venideras mejor de como lo recibimos?

Estas fueron mis reflexiones cuando salí esta mañana de la cadena SER, al concluir esta entrevista que copio y pego aquí mismocamino de las pistas de tenis de Villanueva de la Cañada.

Jugué como nunca y perdí como siempre (4-6, 0-6). Mantengo estable mi posición en el ranking de tenis de mi pueblo. Ni subo ni bajo: sigo siendo el último. Claro que hoy me enfrenté a un joven de la Policía Nacional, que está en plena forma física para perseguir a los malos y que me ha hecho correr de lo lindo.  Lo pasé tan bien tanto en la pista como en la SER. Gracias a Hugo y a Javier.

 

Republicanos ex juancarlistas votamos por la Tercera

Acabo de brindar por el fin de la Transición. Y ya me arrepiento. La Transición de la Dictadura a la Democracia no ha concluido. Solo lo ha hecho el Primer Acto. Hoy comienza, cargado de esperanza, el día 1 del Segundo Acto.

Esta placa sustituye desde hace un par de años a una foto del Rey con mi hija Andrea.

Esta placa sustituye desde hace un par de años a una foto del Rey con mi hija Andrea.

Agradezco a Juan Carlos I los servicios prestados a la Democracia, en especial en el 23-F. Sin él y sin Adolfo Suarez la Transición hubiera sido más complicada o, quizás, imposible.. Suárez ha muerto y el Rey ha abdicado. Pero aún nos quedan  el espíritu y los valores de la Transición: diálogo, consenso, generosidad y respeto al imperio de la Ley.  Suárez nos legó una experiencia singular y única en la histora de España: “De la Ley a la Ley pasando por la Ley”

Juan Carlos gozó del apoyo y el afecto de muchos republicanos (como yo mismo) puesto que, pese a haber heredado los poderes del Dictador, apoyó los ideales democráticos de la República.  Por eso merece mi gratitud sincera y, por eso, le perdonamos su pecado original como heredero del ominoso general Franco.  La historia seguramente le dará un balance positivo.  Sin embargo, en los últimos años, por los escándalos de corrupción que le rodean y por su mala cabeza, el Rey ha ido agotando el crédito que le dimos. 

Le deseo suerte y salud para disfrutar de su jubilación. No le deseo el exilio ni a él ni a su familia. Le recomiendo la jardinería. A mi me va de maravilla. Mirad qué flores tengo en mi jardín:

Lindos colores "14 de abril".

Lindos colores “14 de abril”.

Su jubilación nos abre una camino de esperanza para renovar el material obsoleto de nuestras instituciones: la Constitución, los partidos políticos, la justicia…

El 14 de abril del año pasado decidí descolgar la foto del Rey dedicada a mi hija Andrea y la bajé al sótano.

Foto del Rey dedicada a mi hija Andrea (que llevo a hombros)

Foto del Rey dedicada a mi hija Andrea (que llevo a hombros)

Estas fueron las razones que me llevaron alquel día a salir del armario republicano-juancarlista y abrazar, abiertamente y sin disimulo, los ideales de la República, que siempre llevé en mi corazón y que aprendí de mis padres. Creo que la deuda que muchos democratas teníamos con el Rey, por haber cedido al pueblo los poderes heredados de Franco, ha quedado suficientemente saldada. Se abre ahora una nueva etapa cargada de emoción y de posibilidades imensas para las generaciones venideras. No las desaprovechemos.

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Copio y pego, a continuación, lo que publiqué el 14 de abril de 2013 en mi blog de 20minutos.es “Se nos ve el plumero”.

14 de abril: a rey flaco todo son pulgas

14 abril 2013

A fuerza de mirar hacia arriba, a los elefantes, al rey Juan Carlos se le puede caer la corona.  Por su mala cabeza y la de su familia. Menos mal que el juez Castro imputó a la infanta Cristina. ¿Qué es peor: ser cómplice o tonta de remate?

El rey Juan Carlos posando ante un alefante abatido en Africa

El rey Juan Carlos posando ante un alefante abatido en Africa

Arsenio Escolar nos recuerda en su blog que “El rey está hoy más desnudo”.  El País publica la foto que conocimos hace un año -otro 14 de abril- de Juan Carlos de Borbón posando ante un elefanteabatido a tiros en Africa.  Desde luego, parece que se cumple el refrán: “A perro flaco, todo son pulgas”.

Manuel Vicent dedica su columna dominical de El País al 14 de abril de 1931, el sueño republicano. Un artículo excelente que copio y pego a continuación:

14 de abril

El grave problema político que atraviesa la monarquía consiste en que no teniendo el rey ninguna responsabilidad política, tiene la obligación moral de no permitirse la más mínima quiebra

Manuel Vicent

(El País, 14 de abril de 2013)

“La corrupción de lo mejor es la peor, decían los latinos. Corruptio optimi pessima. Si se da por supuesto que lo mejor en el orden social es un rey, un príncipe, una infanta, los yernos y demás parentela, se entenderá por qué en la opinión pública causa tanta alarma, no exenta de morbo, cualquier escándalo que se derive de la Casa Real. En nuestra monarquía parlamentaria el rey no tiene ningún poder político. Solo ejerce el papel simbólico de cohesionar la unidad del Estado cuya jefatura ostenta. Precisamente por ser un símbolo, el rey no tiene otra responsabilidad que la de ser ejemplar, la de moverse dentro de una esfera platónica, limpia y transparente, que dé un sentido mágico a ese residuo histórico e irracional que es la monarquía. Los reyes están ligados al propio azar ovárico-seminal.

Dentro de esa granja dorada de reproducción en la que viven estos privilegiados individuos, la primera labor de un monarca consiste en engendrar un príncipe y sucesivos vástagos que aseguren el futuro de la dinastía a capricho de la genética. El grave problema político que atraviesa la monarquía en este país consiste en que no teniendo el rey ninguna responsabilidad política, tiene la obligación moral de no permitirse oficialmente la más mínima quiebra, puesto que una esfera, si no es perfecta, deja de ser esfera.

Cuando esta figura platónica, que simboliza el Estado, se corrompe, la ficción política se convierte en una farsa y todo el tinglado del teatro se derrumba. En nuestro caso existe otro peligro añadido. En medio de los escándalos de la Casa Real se eleva un fantasma luminoso, que se aparece cada año en primavera, como una flor de acacia.

Saludo al rey en el Patio de los Leones con mi hija Andrea a cuestas (1986)

Saludo al rey en el Patio de los Leones con mi hija Andrea a cuestas (1986)

Hoy es 14 de abril. Puede que la Segunda República, ahogada desde el principio por sus enemigos, fuera un desastre, pero todavía hoy constituye un paradigma de racionalidad, modernidad y regeneración idealista cuya fuerza estriba en que muchos ciudadanos sin haberla vivido la han convertido en un sueño. Monarquía o república no es todavía el dilema.Antes de cambiar de caballo en mitad del río turbulento de la crisis la opinión pública exige primero que se limpien las caballerizas del monarca para que la esfera del Estado sea un espejo en el que los ciudadanos se reflejen sin avergonzarse.” (FIN)

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Foto por foto. Con todas las emociones familiares (e históricas) contenidas en la fecha de hoy (Salud y República), debo reconocer que, por miedo o agradecimiento, me apunté en la lista de juancarlistas el 23 de febrero de 1981, cuando el rey utilizó su uniforme castrense para abortar el Golpe de Estado militar que amenazó con regresarnos a las cavernas de nuestra historia.

En aquel momento, hice un acto de fe en favor de esta monarquía parlamentaria. (Ya sabemos que recurrimos a la fe para creernos todo aquello que sabemos que no es verdad).

Pensamientos y petunias. (14 de abril de 2013).

Pensamientos y petunias. (14 de abril de 2013).

Contra todo razonamiento, he procurado defender emocionalmente a esta monarquía hereditaria (“La razón de la sinrazón…”) que facilitó la transición liderada por Adolfo Suárez desde la Dictadura a laDemocracia y frenó el 23-F.

A medida que iba conociendo los escándalos de la realeza, el crédito emocional que yo había concedido al rey Juan Carlos se fue esfumando poco a poco. La razón, implacable, me pasó factura.

Hace hoy justamente un año -el 14 de abril de 2012- vi esta foto del cazador de elefantes y me di de baja de la lista de juancarlistas.

Ese día descolgué de la pared de mi casa una simpática foto que tenía con el rey y con mi hija Andrea en La Alhambra y la bajé al sótano.

En su lugar, voy a colgar esta foto tricolor, recién florecida, de mis “pensamientos”: “llevas sangre , llevas oro y, por tu penas, morada.

Del sótano al salón...

Del sótano al salón…

¡Ay! 14 de abril…

Oído en la calle:

“Juan Carlos acelera…

… que viene al Tercera”

El 14 de abril en Almería, que es mi tierra.

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“No cambié de chaqueta, sólo la lavé”

“No cambié de chaqueta, sólo la lavé”

por Marta Rubí

La Voz de Almería

Recién empezada su jubilación, el pasado febrero, la agenda de JAMS se ha llenado de aficiones y familia. Y en ella un espacio especial para Almería, donde nunca ha dejado de trabajar para la promoción de una tierra llena de recuerdos del pasado y posibilidades de futuro. Aquí reflexiona sobre las elecciones del pasado domingo.

“Estoy ocupadísimo y encantado de la vida: tenis, talla de madera, pesca, huerta, blog…” “Espero que PP y PSOE entiendan que hay otra forma, más limpia, de hacer política”

Le ‘pillo’ en la Rambla de Almería, en un descanso “entre gestión y gestión”, con tan sólo tiempo para sentarse en la terraza de la Cafetería Colombia. Pero no duda a la hora de proponer otros sitios donde se podría haber realizado la entrevista: “El otro día probé la “marraná de pulpo” en el bar del Hotel Catedral y el “lomo al ajo” en el viejo Montenegro, en la Plaza Granero. Creo que allí ya no te dan vino de misa, como antes. Se lo servían al obispo”, recuerda, y evoca otros sabores de su niñez en la capital.

 

Una caña en el Café Colombia de Almeria.

José A. Martínez Soler se toma una cerveza en el Café Colombia de Almeria.

EL ALMERIENSE hace un descanso de “gestiones” en la Cafetería Colombia.

“El aroma que me embriaga cuando paso por la Puerta Purchena procede del recuerdo de “Los Claveles”, en la esquina de las Casa de las Mariposas. El sabor intenso de aquella jibia a la plancha, camino de mi casa, es inolvidable. La segunda parada, de joven, era en el Negresco de la Rambla Alfareros”. Ahora, confiesa, pasa más tiempo en Cuevas. “Allí frecuento las tapas del Mesón Pepa, en Terreros, (cordero al horno con patatas para chuparte los dedos, como el que hacía mi madre) y el bar “La Frontera” en el Pozo del Esparto, a la orilla del mar. Allí no te pierdas la jibia a la plancha con alioli y perejil”, apunta y demuestra su conocimiento de la provincia, a pesar de llevar tantos años viviendo fuera de ella, pero manteniendo su romance que le hacen implicarse en proyectos como la promoción del Parque Natural, de cuya Junta rectora ha sido presidente los últimos cuatro años. También del Milenio de Almería. En la mesa de la cafetería Colombia muestra un cenicero con la inscripción “Jayrán Research” y un dibujo a mano alzada de una fortaleza musulmana. “Es el nombre que puse hace muchísimos años a mi empresa; y es cierto que hace falta difundir la historia de Almería. Yo ya propuse en su día que la biblioteca de la UAL se llamara Maimónides y Averroes”. El cenicero es regalo para la Asociación de Amigos del Milenio, de la que JAMS (como es conocido) forma parte desde Madrid; de nuevo implicado en la actividad de su tierra, que ocupa un destacado espacio en su agenda de ‘jubilado’, copada desde el pasado 14 de febrero. “Estoy ocupadísimo y encantado de la vida. No doy abasto: Tenis, talla de madera, pesca, huerta, mi blog www.martinezsoler.com, otro blog con paisanos www.poralmeria.com, notas sobre memorias de Almería, viajes, tertulias, nuevos proyectos… Como ves, no paro”, ríe.

Corazón ‘partío’ De la sesión de tapas, el periodista se marcha a una reunión sobre el parque. Dejará la presidencia en verano, “porque fui nombrado para cuatro años y se acaban” y dice que se marcha “con el corazón partío”: “Contento por lo que hemos hecho en conservación y limpieza”; y destaca sobre todo “el Plan de Movilidad Sostenible, un auténtico Plan de Salvamento del Parque, que aprobamos en la última Junta Rectora”.

Pero en el otro lado de la balanza, “tristeza por haber fracasado en el segundo pilar de mi programa: menos ladrillo y más cultura. A pesar de los grupos de trabajo, de multitud de reuniones e informes, el Castillo de San Pedro sigue cayéndose a trozos. Menos mal que, en el último minuto de mi mandato, hemos conseguido un acuerdo de las tres partes (Ayuntamiento de Níjar, Junta de Andalucía y propietarios privados) para negociar el salvamento del Cortijo del Fraile. Ya están trabajando en ese acuerdo y espero y deseo que se concluya en este año. Me llevaría una gran alegría”.

Por último, una pregunta sobre las elecciones europeas, en las que declaró públicamente no haber votado al PSOE: “Celebro que los dos grandes partidos PP y PSOE se hayan dado este merecido batacazo para ver si espabilan y entienden que hay otra forma posible, y más limpia, de hacer política. En efecto, no he votado a ninguno de los dos. Fui más a la izquierda. Pero no me cambié de chaqueta. Esta vez, solo la llevé a lavar. Como simpatizante, yo sigo vistiendo la chaqueta de los ideales socialistas. Y si aciertan a limpiarlo de corrupción y de malas prácticas y a ilusionar al pueblo, estaré encantado de volver a votar al PSOE. Si no lo hacen, serán irrelevantes para el futuro de España”.

José A. Martínez Soler en la ultima página de La Voz de Almería del 1 de junio de 2014.

José A. Martínez Soler en la ultima página de La Voz de Almería del 1 de junio de 2014.

 

Mi voto, contra el bipartidismo

Aunque casi siempre he votado al PSOE (el partido de mis padres y cuyas ideas comparto, no sus prácticas) esta vez no voy a votarle.

Acabo de comunicarle por Facebook a Francisco Sosa, un caballero de UPyD que me parece que está limpio, que ya tiene mi voto.

Francisco Sosa Wagner, de UPyD

Francisco Sosa Wagner, de UPyD

Este ha sido mi mensaje:

“Muchas gracias, Francisco. Y ánimo. He votado casi siempre al PSOE pero esta vez iré contra el bipartidismo. Los dos grandes están bastante podridos. Haz algo. Ya tienes mi voto. Un abrazo. Jose”.

Espero que los corruptos del PP y del PSOE aprendan algún dia que no pueden seguir haciendo lo contrario de lo que dicen, mientras sus correligionarios honrados (que los hay) miran para otro lado o no se enteran.

¡Basta ya!