En medio del caos mundial, ayer pasé una tarde fructífera con Acrola (Aravaca) debatiendo sobre nuestro libro «Franco para jóvenes». Un chute de optimismo sobre nuestro futuro.

SE NOS VIO EL PLUMERONOTICIAInvalid DateJOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ SOLERJAMS
En medio del caos mundial, ayer pasé una tarde fructífera con Acrola (Aravaca) debatiendo sobre nuestro libro «Franco para jóvenes». Un chute de optimismo sobre nuestro futuro.
Me sorprendieron las reflexiones, tan juiciosas como críticas, de los más jóvenes que llenaban la sala. Tienen razones para el descontento, incluso la desafección, con el gobierno progresista. Sobre todo, por el acceso imposible a la vivienda. ¿Acaso el Gobierno no oye sus gritos? Los mayores se mostraron más afligidos por la deriva ultraderechista del 20 % de los jóvenes (más chicos que chicas, claro) que, ignorantes de nuestra historia reciente y manipulados por los bulos de las redes, han nacido en libertad y creen que con Franco se vivía mejor. Probrecillos. Que pregunten a sus abuelas (siempre menores de edad) o a los homosexuales que sufrieron la Dictadura. Ayer aprendí un montón. ¿Qué estamos haciendo mal para que ese 20% (que dicen las encuestas) añore la falta de libertad, la censura férrea del poder, el machismo, el desprecio de la mujer, la represión policial y moral, la corrupción generalizada del franquismo o el miedo a pensar o decir algo distinto a lo que manda el tirano? Claro que el 80% de los jóvenes españoles no piensan como la ultraderecha de VOX, aupada por la ola mundial del nuevo tirano en ciernes, Donald Trump. Ese 80% que valora la libertad me da un chute de optimismo en nuestro futuro. Ayer lo noté, sobre todo cuando escuché a la joven concejala María Caso Escudero (recuerden este nombre) hablar sobre «Franco para jóvenes». Creo que escribir este libro con mi hijo ha valido la pena, aunque solo sea por permitir estos debates en institutos, universidades, librerías y centros culturales como ACROLA en Aravaca. Ha sido un gran honor hablar ayer desde la misma mesa que lo han hecho Almudena Grandes (cuando presentó aquí su «Corazón helado», novela que me saltó las lágrimas) o Ernesto Cardenal (el cura humillado por el feo Papa Juan Pablo II) y hace poco mi admirado Nicolás Sartorius. Gracias a todos.




