El libro de Rodolfo («Hotel en las afueras») es un canto a la amistad y al amor. Él dice que es «un catálogo de amigos para darles cobijo». Me siento bien en la Hab. 207. Gracias.

SE NOS VIO EL PLUMERONOTICIA01 may 2026 – 13:53JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ SOLERJAMS
Siempre que acudo a las veladas poéticas del Café Comercial para aplaudir los poemas de mi amigo Rodolfo Serrano salgo de allí debidamente impresionado… y sorprendido. Aún quedan poetas en la España de hoy. Y son buenos. Muy buenos. Muchos de ellos estaban allí el martes pasado. Y sus libros se venden. Rodolfo Serrano nos dice que este libro es un resumen de su vida, para huir de la soledad y dar cobijo a sus amigos. Si algunos de ellos (que son muchos) no tienen habitación puede reservarla en la página 271. Me emocionó ver a Rodolfo aplaudir con fervor a su joven nieto Manuel Serrano que nos acompañó al piano con un concierto fantástico. Cuando presentó su libro anterior nos trajo a su hijo, el famoso Ismael Serrano, «para que le conozcáis«. Otros cantautores pusieron música a poemas de Rodolfo y otros poetas leyeron sus versos acomodados en su habituación correspondiente. Fue una tarde espléndida, la guinda que me faltaba después del copioso almuerzo que compartí ese día, entre abrazos, con un montón de «cincuentañeros» de El País. El público no cabía en la sala. Había poetas, periodistas y (me cachis) algún oncólogo. La lista de conocidos es larga: Juan Barranco (Hab. 205, muy cerca de la mía), Paco Naranjo (345), Karmelo Iribarren (231, el de «una calle sin bar es una calle sin alma»), Javier Lostalé (350), mi compadre Joaquín Estefanía (312), Bernardo Pérez (221, que no pudo llegar a tiempo porque hacía retratos de «cincuentañeros» del El País), Manuel Rico (211, que presentó el libro), Mariano Guindal y Mar Diez Varela (217, les busqué sin éxito), Miguel Ángel Yusta (334), José Luis Corcuera (312, sentado a mi lado), Karmentxu Marín (316, se quedó en los postres de la comilona de El País), Miguel Ángel Noceda (243), Rafael Soler (109, poeta generoso que nos invitó a las tortillas de patatas), Juan Luis Cebrián (125, agotado por el almuerzo no pudo acudir a tiempo, pero escribió el prólogo a otro libro de Rodolfo sobre periodismo. Ya me gustaría ver esa habitación de lujo para «el señorito» que me contrató 4 veces), Caridad Plaza (334), Juana Vázquez (314, que leyó su poema) y Paco Caro (432, otro poeta que acabó cantando conmigo después de las tortillas del Comercial). Alguien recordó la definición que hizo Groucho Marx del hotel: «Entras sin equipaje y sales sin dinero». Nosotros salimos del Comercial cargados de emociones y versos.





