Archivo por meses: julio 2026

Murió Tomás Bárbulo, uno de los nuestros. DEP

Con un nudo en la garganta, he leído la hermosa despedida de Manuel Saco a nuestro Tomás Bárbulo. El 19 de junio cenamos con él y el núcleo duro de los amigos. El último abrazo. ¡Cuánto dolor, Tomás!

Tras la presentación de su última genial novela (Aaiún, Ed. Archiletras), cenamos tapas con Tomás y un grupo de amigos. Su dolor ya era insoportable. Descansa, al fin, en paz, amigo querido.
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Los amigos le despediremos en el viernes, 17 de julio, en el Tanatorio Norte de Madrid (detrás del Ramon y Cajal). Horario de 12:00 a 17:00h. .

Para Tomás Bárbulo, el día de su partida

Manuel Saco

Hace unos cuatro meses, cuando Tomás me comunicó su decisión, con un semblante desencajado por el dolor, casi con un hilo de voz, me pidió que, llegado el momento, este momento, concertara una despedida (no sé si le llamó obituario, como en los viejos periódicos) con sus dos hijos y los amigos, como para darle solemnidad a un duelo sin sentido, o como para que yo pidiera disculpas en su nombre por el mal trago que nos estaba haciendo pasar. Nunca imaginé que un amigo me pediría tal cosa algún día, que oficiase de cura ateo en sus exequias, con una plegaria imposible, con la promesa de un cielo que él y yo sabíamos que no existe.

Solo comunicó su decisión a sus dos hijos y a mí. Le pregunté que por qué a mí, y me contestó que porque sabía que ni se me pasaría por la cabeza intentar convencerle de que reconsiderase su decisión, que aguardase un tiempo más para meditarlo, o que quizá me sacase de la chistera el viejo tópico de que la vida es algo que merece la pena ser vivida, a pesar de que tu cuerpo y tu mente ejerzan el terror desde la mañana a la noche, un terror, por cierto, invalidante que últimamente convertía su sonrisa en una mueca de dolor, y su voz en un susurro casi inaudible.

Había convivido durante tanto tiempo con ese suplicio, que la idea de la muerte se convirtió en un tema recurrente en nuestras conversaciones desde el principio de nuestra amistad, hace de esto más de 35 años. La muerte, no como un problema, sino como una solución. Porque coincidíamos en que la felicidad no es otra cosa que la ausencia de dolor, físico y mental, y que lo demás es pura retórica.

Recuerdo una vez en la que yo bromeaba con él que, llegado mi momento fatal, me gustaría ser un cadáver aseado, para que la gente viese que mi elegancia alcanzaba hasta el lecho de muerte. Que así iba a dejarlo por escrito. Se me quedó mirando, como si mi banalidad hubiese herido la sensibilidad de un experto como él, y se rio de mí a carcajadas: «Pues a mí me importa un bledo mi cadáver», me contestó. Quizá no es que fuese menos presumido que yo, sino que la convivencia con el martirio cotidiano había hecho de su cuerpo un enemigo al que había que combatir, hasta considerar a la muerte como la puerta al paraíso de la nada, donde ya no se padece ni hace falta presumir ante los amigos y parientes.

Y, sin embargo, intentó hasta el último momento ser, en cierto modo, un cadáver aseado, acabar con su sufrimiento mediante una eutanasia donde el tránsito es menos dramático, una muerte sin el rastro de amargura que deja el suicidio entre sus seres queridos. Pero un comité de gente piadosa, que seguramente goza de muy buena salud, llamada Comisión de Garantía y Evaluación, dictaminó que no se podía acceder a su solicitud de muerte asistida, porque una persona como él, mentalmente ágil, con la facultad del habla intacta, y capaz de caminar sin ayuda mecánica de ningún tipo, no cumplía suficientemente con los requisitos de intensidad de tormento que marca la ley.

Su decisión de acelerar el trance hacia ese paraíso, donde el dolor pierde al fin la batalla, se vio acosada, semanas antes, por el caso famoso de Noelia Castillo, que recordaréis, torturada durante años por la maquinaria de una religión que no sirve para vivir con dignidad ni para morir en paz. El hostigamiento y el bombardeo de noticias sobre un alma gemela que solo quería irse de este mundo con decoro como él, donde la prensa y la televisión desempeñó un papel lamentable en muchos casos, hurgó todavía más en el tormento en sus últimos días.

El sábado 28 de marzo yo le escribía por Whatsapp: «Qué tremendo el circo montado alrededor de Noelia. Vaya papelón el de los medios de comunicación. Ahora comprendo que no quieras compartirlo con nadie, y menos con los creyentes en ese dios psicópata». Al día siguiente me contestaba: «Sí, lo de Noelia es lamentable. No hay un columnista que se haya abstenido de aportar su granito de mierda a una historia de la que no tiene ni puta idea. Sé que cuando yo estire la pata habrá mil versiones sobre por qué lo he hecho. Lo único que pido es que esos comentarios no salpiquen a mis hijos. Lo demás me importa poco. Como dice un verso de Borges, «lego la nada a nadie»».

Os leo el poema de Borges elegido por Tomás, como una suerte de legado, de testamento literario, para todos nosotros:

“No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.”

Me dedicaba este guiño literario de despedida, instintivo, quizá, para un periodista y escritor de éxito como él, mi compañero cómplice en los diarios La Gaceta de los Negocios y El Sol.

No me resultó fácil mantener una conversación con él según nos acercábamos a la fecha fatal. En una de las últimas, me quedé mudo durante un rato que pareció eterno, tragando saliva, intentando aparentar una entereza de la que nunca estuve seguro. Así que nos escribíamos Whatsapp, para disimular el desasosiego. Tras uno de mis lapsus, le escribí: «Perdona que se me haya quebrado la voz. No soy tan fuerte como se necesita en estos casos. Quisiera decirte la suerte que supuso para mí conocerte, pero todo suena a literatura. No olvides llamarme cuando estés a punto de irte. Para decirte que te quiero, esas palabras que tanto nos cuesta decir a los amigos, como si sobraran. Un abrazo.».

Y así fue. Unos días antes de su muerte, nos convocamos para dar un largo paseo de despedida por el parque del Retiro. Fue un encuentro extraño, sin solemnidad, como si estuviésemos planeando un próximo viaje a Marruecos, al Aaiún de su niñez. Hablamos de su último libro de aventuras, al borde mismo de la aventura de su muerte. Tomás quizá pensaba que, en su partida, me legaba en herencia la nada. Pero en realidad me legó dos cosas: la alegría de haber tenido la fortuna de ser su amigo, y la angustia de habernos perdido para siempre.

Descansa, por fin, en tu paraíso.

Manuel Saco y Tomás Bárbulo, el pasado martes 14 de julio en el parque de El Retiro, en Madrid.

Gracias, Manolo, por tu emocionante despedida de nuestro querido Tomás. Como soy un mes más viejo que tú ya puedes ir preparando mi obituario, o como quieras llamarlo, para cuando me llegue el día de las alabanzas. Pocos me conocen como tú, con quien de nada me sirve disimular. Me descubriste en 1971, cuando fundamos Cambio 16. Y con Tomás, cuando fundamos juntos los diarios La Gaceta de los Negocios y El Sol.

Estoy leyendo Aaiún y había juntado fotos de recuerdo para unirlas a la critica de su novela. Y para presumir de su amistad tan generosa.

Apenas hace un mes, el 19 de junio, con Tomás y Ana García Datri en el Ateneo de Madrid.
Hice cola para conseguir su dedicatoria… y una sonrisa suya entre tanto dolor.
Confidencias entre Manolo Saco y Tomás Bárbulo. Junto a ellos, Natalia Junquera
Cubierta y solapa interior de Aaiún, la última novela de Tomás, editada por Archiletras
Contracubierta de su novela.

Sergio Fanjul ha publicado hoy la noticia en El Pais. Me acosté ayer con la alegría del triunfo de España frente a Francia y me despierto hoy conmocionado por un mensaje de Saco que me ha llenado de tristeza. Me hubiera gustado decirle a Tomás que le quiero y le comprendo. Claro que él ya lo sabía. Adiós, Tomás.

Ha muerto Teresa, mi amiga y mi jefa en el SUT

La visité en Mallorca.Un bello ataque de nostalgia por el Servicio Universitario del Trabajo en plena Dictadura. El SUT nos hizo mejores personas. Gracias, jefa y amiga. DEP

Con mi amiga Teresa García Alba, última jefa del SUT (Servicio Universitario del Trabajo)
Con mi amiga Teresa García Alba, última jefa del SUT (Servicio Universitario del Trabajo)jams

SE NOS VIO EL PLUMERONOTICIA07 dic 2026 – 19:49JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ SOLERJAMSI

Recorte de la última página de El País sobre nuestro SUT. Yo estoy preparando un cartel de "agitación y propaganda" del la época. Y en el coche con el que dábamos charlas/mítines y cine por los puebl de Sierra Morena.os de la sierra.,
Recorte de la última página de El País sobre nuestro SUT. Yo estoy preparando un cartel de «agitación y propaganda» del la época. Y en el coche con el que dábamos charlas/mítines y cine por los puebl de Sierra Morena.os de la sierra.,jams
El núcleo duro del SUT en 1966-68. Teresa García Alba a la derecha. Paco Fdz Marugán a la izquierda.
El núcleo duro del SUT en 1966-68. Teresa García Alba a la derecha. Paco Fdz Marugán a la izquierda.jams
Teresa y yo en plena campaña de alfabetización del SUT
Teresa y yo en plena campaña de alfabetización del SUTjams
Portada del documental "La Transición silenciada",que nos hizo Miguel Ángel Nieto (ex del diairo  El Sol)sobre el SUT
Portada del documental «La Transición silenciada»,que nos hizo Miguel Ángel Nieto (ex del diario El Sol) sobre el SUTjams
Pag 49 de mis memorias sobre el SUT ("La prensa libre no fue un regalo", Edit. Marcial Pons)
Pag 49 de mis memorias sobre el SUT («La prensa libre no fue un regalo», Edit. Marcial Pons)jams
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Cubierta de mis memorias.
Cubierta de mis memorias.jams

Al médico loco del franquismo le quitan su Gran Cruz

El medico loco que justificó el robo de bebés de republicanos y la depuración del «gen marxista» fue condecorado por Franco.El Gobierno le quita ahora su Gran Cruz al Mérito Civil.

Antonio Vallejo Nájera, psiquitra
Antonio Vallejo Nájera, el Menguele español, que buscó el «gen rojo» en los presos republicanos.Créditos de la imagen

SE NOS VIO EL PLUMERONOTICIA07 may 2026 – 21:05JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ SOLERJAMS

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Antonio Vallejo Nájera, psiquitra de cabecera del franquismo y comandante. jams
Con el psiquiatra Juan Antonio Vallejo Nájera, hijo del "Menguele español", durante la entrevista que me concedió en el Psiquiátrico de Leganés en octubre de 1968 para el semanario Don Quijote.
Con el psiquiatra Juan Antonio Vallejo Nájera, hijo del «Menguele español», durante la entrevista que me concedió en el Psiquiátrico de Leganés en octubre de 1968 para el semanario Don Quijote.Gombau
Reportaje sobre mi visita al maniconio de Leganés que incluye la entrevista con el hijo del medico loco del franquismo. Juan Antonio Vallejo Nájera, alejado de la teorías racistas de su padre, no quiso responder a mis preguntas sobre el "gen rojo".
Reportaje sobre mi visita al maniconio de Leganés que incluye la entrevista con el hijo del medico loco del franquismo. Juan Antonio Vallejo Nájera, alejado de la teorías racistas de su padre, no quiso responder a mis preguntas sobre el «gen rojo».Gombau
Portada del semanario Don Quijote que incluye mi reportaje sobre el mundo alunante del manicomio decimonónico de Leganés.
Portada del semanario Don Quijote que incluye mi reportaje sobre el mundo alucinante del manicomio decimonónico de Leganés. Tardé mucho en recuperarme de aquella visita 

Novela de Peridis: imprescindible para jóvenes

Con 6 años de retraso leo esta novela de Peridis. Salió en la pandemia y no me enteré hasta ahora. Su lectura me ha emocionado y debería ser obligatoria en todos los colegios.

Cubierta y contra cubierta de la novela de Peridis, lectura recomendada e imprescindible pafa jóvenes
Cubierta y contra cubierta de la novela emocionante y reconfortante de Peridis. Lectura recomendada e imprescindible para jóvenes. Termina con las palabras de Azaña: «Paz, piedad,  perdón»jams

SE NOS VIO EL PLUMERONOTICIA07 mar 2026 – 14:56JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ SOLERJAMS

Solapa de la novela de Peridis con sus datos biográficos
Solapa de la novela de Peridis con sus datos biográficosjams
Con José María Pérez, Peridis, en la Casa de Vacas de El Retiro donde él presentó mis memorias ("La prensa libre no fue un regalo", Ed. Marcial Pons)
Con José María Pérez, Peridis, en la Casa de Vacas de El Retiro donde él presentó mis memorias («La prensa libre no fue un regalo», Ed. Marcial Pons)jams
Con Peridis (con más pelo que hoy), su esposa Leticia Ruiz y Jesús Torbado en una foto de "·Los niños cantores" de hace mas de 40 años.
Con Peridis (ambos con más pelo que hoy), su esposa Leticia Ruiz y Jesús Torbado en una foto de «·Los niños cantores» de hace mas de 40 años.jams

Buscando en Google encontré esta reseña de Antoni Puigverd publicada La Vanguardia. Como no puedo mejorar su crítica, con su permiso y el del diario La Vanguardia, del que soy suscriptor, me atrevo a copiarla y pegarla a continuación: 

Muchas las novelas de trinchera sobre la Guerra Civil. Primero abundaron las que justificaban la cruzada y subrayaban las miserias de los vencidos. Después, las que rescataban la épica de los vencidos y enfatizaban la ferocidad de los franquistas. Otras evocan episodios ignorados, héroes desconocidos, epopeyas anónimas. Algunos de los grandes autores, como Joan Sales, consiguen ir más allá de las trincheras y describir lo esencial de aquella guerra fratricida: la ambigüedad del mal y del bien, la fascinación del fanatismo, la fatalidad ciega, el peso de la historia sobre los individuos.

Con Javier Cercas triunfa una corriente novelística que procura incorporar una mirada integradora y reparadora. La referencia griega, explícita en el título Soldados de Salamina (Tusquets), acompaña al lector hacia una nueva mitología de la Guerra Civil: el héroe ya no lo es por su coraje en las trincheras, ni por la aventura dramática o patética que protagoniza, sino por su piedad, por su capacidad de perdón. Se podría decir, en este sentido, que Cercas intenta explicar el conflicto fratricida desde el abrazo que propuso la transición. Un abrazo que pecó de insincero. De haber sido más verídico, menos instrumental, no habría regresado tan pronto el odio entre las dos Españas (tres, si contamos Catalunya). Desde los años noventa, el enfrentamiento va in crescendo. Ayer los compañeros Carles Castro y Laura Aragó mostraban, basándose en un estudio de Oriol Bartomeus (UAB), que la ira es la compañía preferida de nuestra libertad.

El enfrentamiento político actual ha enrarecido la vida política española (la catalana incluida, por supuesto) hasta el punto de que la piedad de Miralles, el miliciano protagonista de Soldados de Salamina, hoy ya no parece tan creíble. Veinte años atrás, cuando Cercas escribía su novela, la reconciliación y el perdón podían ser elevados a mito verosímil; hoy este mito se desvanece.

Quizás motivada por el flirteo con la Guerra Civil que estamos viviendo, acaba de salir una novela éticamente inspiradora, basada en unos capítulos ejemplares de la guerra que tuvieron lugar en la Montaña Palentina. El autor es una personalidad cultural muy conocida, José María Pérez, Peridis, irónico y sutil dibujante de la viñeta política de El País. Además de arquitecto especializado en restauraciones históricas y formidable divulgador televisivo del románico, Peridis ha descubierto con éxito la vocación de novelista histórico. El corazón con que vivo (Espasa) narra con delicadeza la historia paralela de dos familias de médicos del mismo pueblo, Paredes Rubias (equivalente, tal vez, a Aguilar de Campoo), entre los años 1936 y 1941.

Una familia es republicana; la otra, falangista. Con el triunfo del golpe de Estado, la provincia queda en manos del general Mola, que exige escarmiento y dureza máxima, sin piedad. La familia republicana lo pierde todo: fusilamiento del hijo mayor, multas y expropiaciones. La otra podría abusar de su poder, pero el corazón los empuja a ayudar a los perdedores. La vida de la comarca queda muy alterada, porque la línea del frente separa inicialmente Palencia de Santander. El ejército, los falangistas y el clero se imponen en la comarca. Unos personajes huyen hacia el otro bando, otros vienen. Unos van a la cárcel; otros, forzados, al frente. Regresan heridos, rehabilitados, deprimidos. En medio de las peripecias bélicas y políticas, en medio de la muerte y los desastres, enamoramientos cruzados, penalidades soportadas estoicamente, amores imposibles, heroísmo cotidiano. Peridis sabe trenzar muy bien la gran historia trágica con las historias concretas de la guerra en Palencia, todas ellas verídicas (como la del abuelo de Pablo Casado). Lo hace mediante un inteligente procedimiento narrativo: poniendo en boca de algunos personajes interpretaciones de Preston, Thomas y otros historiadores.

La novela, de estilo directo y entrañable, tiene muchas virtudes. Describe magistralmente el sistema de valores de aquella España rural y minera. El papel de los profesionales de la medicina. Las diferencias sociales, insalvables. Las concepciones del amor, el honor, el deber y la dignidad, tan diferentes a las de ahora. Describe con realismo la crueldad, pero también la fraternidad. Empatiza con las razones de unos y de otros, pero retrata sin mixtificaciones como se impone la fuerza de unos sobre otros.

Unos gemelos de oro son el hilo conductor de la novela: símbolo de duelo y sufrimiento, pero también de pervivencia y dignidad. Las bodas cruzadas son la metáfora esperanzada que Peridis propone. La novela encarna, en efecto, el mensaje de esperanza del famoso discurso de Azaña en Barcelona (1938). Dice Azaña que, cuando a otras generaciones les hierva “la sangre iracunda”, cuando vuelvan el odio y la intolerancia, será necesario recordar la lección de los muertos de la guerra. Abrigados por la tierra, perdidos el odio y el rencor, los muertos envían “el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: paz, piedad, perdón”.    

Pag. 189 de mis memorias ("La prensa libre no fue un regalo". Ed. Marcial Pons) presentadas por Peridis en la Casa de Vacas de El Retiro de Madrid
Pag. 189 de mis memorias («La prensa libre no fue un regalo». Ed. Marcial Pons) presentadas por Peridis en la Casa de Vacas de El Retiro de Madrid. jams
Pag. 190 de mis memorias en las que cito a Peridis.
Pag. 190 de mis memorias en las que cito a Peridis.jams
Cubierta de mis memorias "La presa libre no fue un regalo"
Cubierta de mis memorias «La prensa libre no fue un regalo»jams