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Acerca de JAMS

Periodista en activo durante los últimos 46 años, doctor en Ciencias de la Información “cum laude” por la Complutense y primer hispano parlante diplomado por la Nieman Foundation for Journalism de la Universidad de Harvard (1976-77). Profesor titular de Economía Aplicada de la Universidad de Almería. Consejero y fundador del Grupo 20 minutos España. Ha sido Director General y fundador de Multiprensa, la empresa editora del diario 20 minutos, líder de la prensa española durante casi una década y de 20minutos.es, número 3 de las webs de noticias de España (1999-2014). Director-fundador de los diarios El Sol (1989-90)y La Gaceta de los Negocios (1988-89), del semanario Doblón (1974-76), del mensual Historia Internacional y de la televisión matinal, con el primer informativo diario “Buenos Días” de TVE (1986); director de la Agencia EFE Nacional (1987), corresponsal en Estados Unidos del semanario El Globo del Grupo Prisa (1987-88), redactor jefe de Internacional y de Economía del diario El País (1977-84) y redactor jefe fundador y director en funciones del semanario Cambio-16 (1971-1974). Director de los Telediarios, en distintas etapas, y de varios programas en directo (Informe del Día, Espiral/Detrás de la Noticia, Economía en la 2, Entrevistas a Candidatos Presidenciales de 1993 y 1996, Debates electorales, etc,) de Televisión Española. Corresponsal-jefe de TVE en Estados Unidos 1995-96 (despedido tras la entrevista preelectoral que realizó al candidato José María Aznar) y autor de varios libros: “Jaque a Polanco” (Temas de Hoy, Planeta), “Los empresarios ante la crisis” (Grijalbo) y “Autopistas de la Información” (Debate), con Francisco Ros e Ignacio Santillana; Es almeriense, presidente de la Junta Rectora del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar (Almería) y posee la Medalla de Andalucía. Ejerció el reporterismo de sucesos y de información económica en la Agencia Hispania Press (1968) y fue redactor del diario Nivel (1969) y del diario Arriba (1970-71). Trabajó en Radio Nacional de España y TVE en programas de divulgación económica (Mi Bolsillo, La Aventura del Saber, El Canto de un Duro, etc.). Como director del semanario económico Doblón y autor de un artículo sobre la purga de moderados en la Guardia Civil fue secuestrado, torturado y sometido a una ejecución simulada en marzo de 1976 por fuerzas paramilitares franquistas. Fue el primer desaparecido del final del franquismo. Trabajó para el Gobierno de Adolfo Suarez en la Reforma Fiscal (1978) como ayudante del ministro de Hacienda, Fco. Fdz. Ordóñez y en el programa de ajuste económico de Los Pactos de la Moncloa a las órdenes directas del vicepresidente Fdo. Abril Martorell y del ministro de Economía, Jose L. Leal (1979-80). El 13 de febrero de 2014 dejó el Consejo de 20 minutos, pero mantiene su blog “Se nos ve el Plumero” sobre “Noticias y no noticias comparadas” (dentro de 20minutos.es) que, desde 2005 suma casi 2,9 millones de lectores.

Ucrania y Rusia pronto en la UE… sin Putin

Si miramos al futuro con las luces largas, nadie podrá llamarme loco por proponer hoy, en plena guerra, que Ucrania y Rusia entren, el mismo día, en la Unión Europea… naturalmente sin Putin.  Basta con que ambos países hermanos firmen la paz y acepten las reglas de la democracia europea. ¿Acaso Gogol y Dostoyevski no son tan europeos como Cervantes, Moliere, Dante o Goethe?

¿Acaso se odian más los ucranianos y los rusos que lo que se odiaban los franceses y los alemanes en plena II Guerra Mundial?  

https://bit.ly/3q1NSBr

Almería, quién te viera…

Recuerdos de mi infancia y juventud en el diario La Voz de Almería y en este blog de 20minutos.es

Serie: Almería, quién te viera…

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Malos tratos, el pan nuestro de cada día

Los malos tratos a mujeres y niños estaban a la orden del día. Como homenaje a mi hermana, que luchó toda su corta vida por la igualdad de género, el diario La Voz de Almería incluye hoy una foto de ella recogiendo el Premio Meridiana que le otorgó a Junta de Andalucía. Para mí, esta … Sigue leyendoMalos tratos, el pan nuestro de cada día

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Mi nuevo blog (resucitado) en 20minutos.es

https://blogs.20minutos.es/se-nos-vio-el-plumero/

En plena pandemia, Encarna Samitier, directora del diario 20 minutos y de 20minutos.es, me pidió que resucitara mi viejo blog «Se nos ve el plumero» que abandoné, prematuramente, en cuanto comencé a disfrutar de mi feliz jubilación. Para hablar de asuntos de actualidad, con la mirada puesta en el el retrovisor, Melisa Tuya, la redactora jefa, me sugirió cambiar el tiempo del verbo «Se nos ve» por «se nos vio». Y aquí está el enlace al nuevo blog. Que os aproveche.

Gracias.

https://blogs.20minutos.es/se-nos-vio-el-plumero/

Goat Knight, un sueño hecho realidad

Ha nacido Goat Knight, una estrella de la televisión y el diseño.

Mis niños Erik Martínez Westley y Elena Ogorodova (mudanza de Hollywood a Madrid) han puesto en marcha esta nueva empresa (“El caballero de la cabra”). “Climb higher” (“Subir más alto”), dicen ellos. Y les creo.

Elena concibió el logotipo y yo lo he tallado en madera de tilo. Con mi taller húmedo y frío, mi chica (Ana Westley) me ha permitido tallar en la cocina (¡!) y mi maestra en tallasmadera.com.

Diréis, con razón, que las letras son una chapuza.

Es cierto. Yo soy de Ciencias. Pero ahí está la talla terminada, firmada y entregada para gran sorpresa de los fundadores de la empresa. He tallado el logotipo con tanto cariño que les traerá suerte. Después de tallarles su tabla de compromiso para cortar el pan, esta es la segunda obra que les dedico. ¡Enhorabuena, Elena y Erik!

El día que me enamoré de las piedras

Miércoles, 16 de septiembre de 2020

De niño, coleccionaba piedras raras. ¿Quién no? Pequeñas y medianas. Las grandes rompían mis bolsillos, convertidos en museos del reino mineral. Las recogía en las orillas del mar o en las ramblas secas por donde debía pasar el agua cuando saliera el río. Eran cantos rodados de un solo color o de muchos colores, lisos y con vetas. Cuando las mojaba, pulimentadas por el arrastre, lucían un brillo espectacular. Luego, me pasé a coleccionar monedas del mundo y abandoné las piedras. Hasta hoy.

Sentado en la terraza del Bar Pepe Botella (en honor irónico de un rey abstemio), en la plaza del 2 de mayo de Madrid (justo detrás de la Escuela de Arte La Palma), me he reencontrado hoy con las piedras. Sandra Krysiak, mi maestra en tallasmadera.com, me había prestado un libro gordo, con fotos y gráficos, titulado “Escultura en piedra”, de Cami y Santamera (Parramón Ediciones).

La curiosidad mató al gato. Para matar el tiempo (¡qué paradoja!, pero si es el tiempo el que nos mata a nosotros), me puse a leerlo. Y me enganchó. Me devolvió a mis paseos infantiles por el rompeolas de las playas de la Rumina (mi casa en Mojacar, Almería) y, en ese momento, lamenté haber perdido mi colección de piedras. Ahora, con este libro, casi enciclopédico, podría identificarlas. Incluso, ponerles nombre. Su nombre auténtico, científico. Darles otra vida. Las piedras sin nombre no son nada. Son del montón, como si no existieran. Sin embargo, como los seres humanos, no hay dos piedras iguales.

Aquí están su nombres y apellidos:

Silicatos: sílices (granito, cuarcitas, arenisca) y feldespatos (basalto, grabo)

Carbonatos: cristalizados (diamante, grafito), amorfos (de organismos vivos) y petrificados (caliza, alabastro, mármol, travertino).

También se identifican por sus orígenes como ígneas, sedimentarias o metamórficas o bien por su peso específico, su dureza, su tenacidad y su labrabilidad. Ya me estoy aficionando al mármol, sobre todo al blanco de Macael (Almería). La dinastía nazarí lo utilizó en la Alhambra. Y yo, en el suelo de mi casa.

Desde el primer día de mi jubilación, estoy apuntado a las clases de talla en madera. Voy progresando adecuadamente. Me gusta. La madera, con sus vetas y sus anillos, te habla. El nudo te grita. Por muy dura y noble que sea, la madera es dócil a la gubia, al formón y a la maza. Puedes hacer maravillas con ella. Pero ¿la piedra?

“Menos da una piedra”, me decía mi abuela Dolores. En cambio, el banquero Alfonso Escámez, que empezó de botones, me enseñó una forma de doblegar a las piedras. “Dádivas quebrantan piedras”, me decía, muy socarrón. Veo que, según este libro, también se quebrantan, se dominan, con cincel, gradina y maza. ¿Sería yo capaz de hincar el diente a la piedra, materia tan rebelde y dura, con los conocimientos y técnicas adquiridos en las clases de talla en madera?

Curiosamente, como si de una premonición se tratara, las primeras líneas de este libro pertenecen a san Juan de la Cruz, mi poeta favorito:

“Y luego a las subidas

cavernas de la piedra nos iremos,

que están escondidas;

y allí nos entraremos

y el mosto de granada gustaremos”.

Tras esta cita del mayor místico del mundo, ¿cómo no seguir leyendo?  Cobarde, como soy, el índice del tomo me asustó: talla directa, plantillas, cuadrícula, puntódromo, tres compases… ¡Madre mía! Luego leí nombres de escultores que han dejado su huella pétrea en la historia del hombre: Miguel Ángel, Bernini, Rodin, Brancusi o Moore. Me reanimé.

Atribuyen a Buonaroti haber dicho que su Moisés estaba oculto dentro del bloque de mármol de Carrara que había elegido en la propia cantera. Lo único que había que hacer era quitar el material sobrante para que su Moisés emergiera a la luz. O sea, “quitar para construir”. Amaestrar la piedra. ¿Obedece la piedra las órdenes del escultor o se resiste, con frecuencia, fiel a su propia ley natural, marcada durante milenios por su orden de nacimiento y crecimiento? ¿Quién se atreve a contrariar a las piedras? Los artistas, capaces, como Dios, de crear algo desde la nada. ¿Quién si no?

El escultor Cami dice que la memoria del mundo está en las piedras. Y éstas se ríen de las modas. Ahí están los dólmenes, menhires y obeliscos para recordarnos el instinto territorial, ancestral, del ser humano. Y ahí están, ¿por qué no?, las esculturas, ligadas al poder municipal, que adornan hoy las rotondas, tan de moda. Estatuas de los poderosos, arcos del triunfo, columnas como la de Trajano, tablas de la ley, bustos o amuletos de piedra, pirámides, monumentos funerarios… Obras labradas y pulidas en piedra para vencer al olvido, no a la muerte.

Llegó la maestra. Le devolví el libro. Le di las gracias.

Gabriel Jackson, generoso; la España oficial, tacaña

Foto de Gabriel Jackson en el acto del Colectivo Juan de Mairena.

Con un homenaje entrañable, el “Colectivo Juan de Mairena” celebró ayer en Barcelona la vida y la obra del historiador Gabriel Jackson, el sabio bueno, íntegro y generoso que nos reconcilió con nuestra historia. Ha sido la primera señal de gratitud de un grupo de españoles hacia el hombre que tanto nos dio durante sus 98 años de vida, 25 de los cuales los pasó en España.

Con Kate Jackson, hija de Gabriel, Carmen Negrín, nieta del doctor Negrín, Ángel Viñas, Francesc Carreras, Gonzalo Pontón y miembros del Colectivo Juan de Mairena en el escenario.

No nos extrañó que ni la prensa española ni las instituciones públicas se hicieran eco del homenaje, tan merecido, para quien tanto hizo por limpiar de mitos falsos nuestra historia reciente, desvirtuada por los palmeros franquistas. Excepto un diputados socialista (del PSC), ningún otro representante del pueblo acudió al homenaje. Nadie del Ayuntamiento de Barcelona (donde se jubiló y vivió 25 años) ni de la Generalitat de Cataluña. Gabriel Jackson aún no tiene una calle con su nombre el la ciudad condal, su ciudad de adopción.

Folleto del acto

Excepto el diario El Pais, donde Jackson divulgaba sus análisis, que publicó obituarios de sus discípulos, los demás medios apenas dieron la noticia de su muerte hace tres meses. Sin embargo, en las redes sociales hubo un aluvión de muestras de gratitud personal hacia Jackson por aquellos que , en su juventud, habíamos leído su libro, ya clásico, sobre «La República Española y la guerra civil».

Carmen Negrín (derecha), nieta del presidente del Gobierno de la II República, y Kate Jackson, hija de Gabriel, hablan de su vida y su obra. En la pantalla, portada del último libro de Jackson: la biografía de Juan Negrín.

Él fue el precursor que nos abrió los ojos, nos descubrió otra España y, en la oscuridad de la Dictadura, nos permitió sentirnos orgullosos de ser españoles. Quienes leímos su libro, no superado ni desmentido por los más de 5.500 publicados después sobre la II República, estaremos siempre en deuda con él.

El historiador Ángel Viñas, durante su intervención. Él fue quien me puso en contacto con Jackson en 1974 para que publicara en el mensual Historia Internacional, que yo dirigía. La censura franquista prohibió sus artículos. Los publiqué tras la muerte del dictador.

Esa gratitud y esa deuda fueron destacadas en el escenario por personajes notables como, por ejemplo, Angel Viñas, Francesc Carreras, Gonzalo Pontón o Carmen Negrín, nieta del que fue presidente del Gobierno en la II República. Eso reconocieron también, en sus cartas de adhesión, discípulos tan distinguidos como José Álvarez Junco o Juan Pablo Fusi.

Con Carmen Negrín, Ángel Viñas, Josu Ugarte y Francesc Carreras
Martín Alonso, organizador del acto y alma del homenaje a Jackson.
Con Gabriel Jackson en mi casa, el día que descubrimos en el sótano el cartel de Miró para el homenaje en Baeza a Machado (1966) que los «grises» disolvieron a palos. Gracias, Martin, por elegir esta foto para la cartelería del homenaje. Todo un honor.

El acto, que duró tres horas y media, se me hizo corto. Constaba de tres partes: la persona, el académico y el activista. Y estuvo animado por cortes de video de entrevistas grabada a Jackson. Fue emocionante ver al maestro, al amigo, defendiendo sus verdades, «la verdad de cada uno». Contrario a ciertas «equidistancias injustificables», Gabriel Jackson, «Gabe» para los amigos, decía lo que pensaba. Por eso, intelectuales de alquiler huían de él como del diablo. Miembro de una familia judía del Este de Europa se fue a Estados Unidos y se salvó del Holocausto nazi, Gabe criticó abiertamente los nacionalismos. «No tienen razón de ser», nos decía. Luchaba contra los falsos mitos:

-«Los vascos y los catalanes son privilegiados, no víctimas».

Era un intelectual entero, austero, sencillo y humilde, comprometido siempre con causas nobles. Nadie le callaba. Quizás, por eso, cuando Jordi Pujol, el ex honorable y presunto delincuente, le llamó a su despacho de presidente de la Generalitat, no se mordió la lengua. El golfo de Pujol le cortó en seco y le despidió con descortesía. Le dijo:

-«Márchese. No le he llamado para escuchar su versión de Cataluña sino para contarle yo la mía».

Como hombre de izquierdas, tampoco ocultó su decepción cuando observó a socialistas catalanes arrimándose a ciertas tesis de los nacionalistas de las que él discrepaba abiertamente.

Gracias a sus investigaciones, libros, artículos y conferencias, Gabriel nos deja un legado inmenso de enorme impacto para nosotros y para las generaciones venideras. Pero, sobre todo, nos deja una vida ejemplar digna de ser imitada. Los interrogatorios y amenazas del FBI para que denunciara a sus colegas izquierdistas durante la guerra fría no le doblegaron. Gabriel Jackson, como nuestra Mariana Pineda, se negó a declarar y sufrió la consiguiente persecución y castigo del macartismo norteamericano.

Celebró nuestra transición pacífica de la Dictadura a la Democracia. Le vi contento con lo que el llamó una «cambio positivo». El 9 de abril de 1977, el mismo día que el presidente Adolfo Suárez había ordenado la legalización del Partido Comunista, se emocionó de tal modo que decidió jubilarse y vivir en España. En 1995, el Gobierno de Zapatero le concedió la nacionalidad española. Le vi emocionado.

Fue un científico social notable, un historiador honesto, una persona alegre, optimista, cabal, cordial , sencilla, pero rica en matices y, en el sentido machadiano, fue un hombre bueno.

¡Qué suerte y qué honor haberle conocido!

Con el yerno de Gabriel Jackson, mi chica Ana Westley, y la hija y la nieta de Gabriel, en el Txapela de la Plaza de Cataluña, al término del homenaje y del almuerzo con los participantes y miembros del Colectivo Juan de Mairena.

Gracias a Martín Alonso y a todo el Colectivo Juan de Mairena. También yo estaré siempre en deuda con él. Y con vosotros, por este cariñoso, conmovedor y generoso homenaje a mi maestro, a mi amigo.

Enemigos de «Los Coloraos» enseñan su patita en Almería

Monumento a los Mártires de la Libertad, conocido y admirado en Almería como «Pingurucho de Los Coloraos».

Mi amigo y paisano Vicente Abad me advirtió del peligro que corría el Monumento a los Mártires de la Libertad, conocido y admirado en Almería como el «Pingurucho de los Coloraos».

Pingurucho de Los Coloraos, fusilados por la espalda y sin juicio por orden de Fernando VII, el rey Felón, el 24 de agosto de 1924.

Me eché a temblar. «¡Vuelven!», pensé. Luego, dije para mí: «En realidad, los enemigos de Los Coloraos nunca se fueron de mi tierra». Entonces, aunque jubilado, me puse el mono de viejo guerrero en defensa de los ideales de libertad y justicia que me enseñaron mis padres. O sea, me puse a escribir este desahogo personal que compartí con los lectores de La Voz de Almería. Copio y pego.

¿Megino? ¡Ah, sí! Aquel enemigo de Los Coloraos…

JOSÉ A. MARTÍNEZ SOLER 11:00 • 19 FEB. 2020

En cuanto salen de la caverna, y cruzan la Plaza Vieja (hoy de la Constitución), les brota un sarpullido por todo el cuerpo que delata su proximidad al monumento a Los Coloraos, los Mártires de la Libertad. No lo pueden remediar. Se les nota. De lejos. 

Son los mamporreros de Fernando VII, el rey Felón, que abolió la Constitución de 1812, con la ayuda de los Cien Mil Hijos de San Luis, y mandó fusilar por la espalda a 22 patriotas liberales, el 24 de agosto de 1824, en Almería. ¿Perdonar?, siempre. ¿Olvidar?, nunca.

Uno de esos cavernícolas, conchabado con las tripas de VOX, ha tenido ahora la triste y estulta idea de demoler, por segunda vez, el Pingurucho de Los Coloraos, “bien de interés histórico”, nuestro más querido y glorioso vestigio constitucional. 

No nos engañemos. Siguen, de tapadillo, la siniestra senda fernandina contra la Libertad. Ya lo hizo, en 1943, su admirado y cruel dictador, Francisco Franco. Desde el balcón de nuestro Ayuntamiento, el genocida golpista no podía soportar su cercanía física al monumento a Los Coloraos y, para librarse del mismo sarpullido que la libertad produce a los liberticidas, lo mandó demoler.

Una joya de la «España negra», en plena Dictadura del general Franco. Orden del alcalde franquista de demoler el monumento a los Mártires de la Libertad porque «lucharon contra nuestras sagradas tradiciones, obedeciendo a consignas masónicas extranjeras…» ¡Te cagas!

Muerto el dictador y recuperada la Libertad en España, por la Constitución del 78, iniciamos el camino de la recuperación del homenaje que nuestros padres rindieron en silencio a Los Coloraos durante los años de la ominosa dictadura franquista.

Recuerdo que José Miguel Naveros, Juan Pérez y otros “salmeronianos”, como mi padre, solían recordar a los Mártires de la libertad, sin monumento, en visita silenciosa, cada 24 de agosto, en la Plaza Vieja. El 24 de agosto de agosto de 1988, inauguramos el Pingurucho actual construido con mármol de Macael. Mi amigo Miguel Naveros me pidió que, en el acto inaugural, leyera la carta que un colega periodista, uno de los fusilados sin juicio por el rey Felón, escribió en capilla a sus hijos a los que animó a luchar siempre por la Libertad. Lo hice con la piel de gallina y la voz quebrada por la emoción. Inolvidable.

Pingurucho de Los Coloraos, demolido por orden del alcalde de la Dictadura, en 1943, poco antes de la visita del dictador Francisco Franco a Almería.

La nueva proyectada demolición del Pingurucho “calentó el corazón” de Almudena Grandes (¡Que bonito artículo, Almudena!), erizó el cabello de la ingeniosa Nieves Coscostrina (almeriense consorte) y movilizó a muchos paisanos míos que nos reclaman agitación ciudadana para impedir la felonía de los cavernícolas.

Recuerdo las primeras palabras de Unamuno contra el grito “¡Muera la inteligencia y viva la muerte!” del salvaje fascista Millán Astray en Salamanca:

-“Hay circunstancias en las que callarse es mentir…”

Esta es, para mí, una de ellas. Sí, señor Quevedo:

“No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?

¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?

¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”

Felizmente jubilado, con mis niños criados y mi casa pagada, hoy puedo escribir como si fuera libre. No me harán callar estos bárbaros lobos liberticidas, disfrazados con piel de corderos demócratas. En la Plaza Vieja no hay un problema estético ni urbanístico.

Lo que hay es un gravísimo problema ideológico, fruto de una injusticia histórica y una ignorancia aterradora. Son restos, ¡qué lástimica!, de la España negra.

¿Cómo olvidar hoy al alcalde Megino, de tan triste memoria? Habrá hecho cosas importantes por Almería. No lo dudo. Pero los demócratas apenas lo recordamos como aquel cacique, enemigo de Los Coloraos, que prohibió a la banda municipal que tocara La Marsellesa en el homenaje a los Mártires de la Libertad. Pobre Megino.

Quiso matar un símbolo de nuestra identidad constitucional y ha pasado miserablemente a la letra pequeña de nuestra historia. Señalaremos y diremos:

-“Sí. Megino, aquel enemigo de Los Coloraos que prohibió La Marsellesa en el homenaje a los Mártires de la Libertad”.

Por eso, me gustaría saber hoy el nombre y los apellidos (y la foto, si es posible, por favor) del autor de la nueva idea demoledora del Pingurucho. Aunque solo sea para recordárselo a sus nietos y a las generaciones venideras de almerienses orgullosos de nuestra historia. Ya sabemos que la Historia no perdona. Yo, sí. Pero no olvido. 

Y, en estas ocasiones, recuerdo a don Quijote:

-“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones (…). Por ella se puede y se debe aventurar la vida”. 

Amén.

Ana Westley, mi artista favorita

«Insomnia», la última obra de Ana Westley, con la pintura aún fresca. ¡Madre mía!
«Marea baja», segundo premio del 86 Salón de Otoño de la AEPE en la Casa de Vacas del Parque del Retiro (Madrid)

Aún hay quien se sorprende al ver la obra pictórica, casi completa, de Ana Westley. Yo no. Yo la vi primero, en sus ojos, el 8 de enero de 1968, el día que la conocí al cumplir 21 años. Amor a primera vista. Ella tenía 20. Al año siguiente, nos casamos.

Nuestra boda en un bosque de pinos de Canillas (Madrid)

Ya le gustaba la pintura. Mejor dicho, los colores. En su adolescencia, ganó concursos pictóricos en el área de Boston.

Su primer premio en Boston cuando era una niña.

La universidad (Sicología y Literatura), su viaje a España (¡su boda!), su dedicación al periodismo (New York Times, Wall Street Journal, etc.) y la crianza (compartida, ¡oiga!) de tres hijos maravillosos (Erik, Andrea y David) alejaron temporalmente a Ana Westley de los pinceles.

David, nuestro hijo menor, heredó su gusto por el dibujo y la pintura. Su trazo infantil, pero firme, cuando apenas tenía 7 u 8 años, nos conmovió a todos. Le apuntamos a la Escuela Municipal de Pintura de Villanueva de la Cañada (Madrid). Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que allí renació en mi esposa su pasión por el arte. Tras llevar y/o recoger a David los sábados por la mañana, Ana soñaba con volver a pintar. Por animar a nuestro hijo, cayó en la tentación…

Dibujo de David Martínez Westley, con 7 u 8 años, inspirado en un cartel del Museo del Prado sobre Velazquez que colgaba en su Escuela.

David siguió dibujando y pintando, en el taller «Acuarela» del maestro Angel Torres (Boadilla del Monte, Madrid) al que su madre le llevaba y le traía.

«El pensador», primer premio de pintura de Madrid obtenido por nuestro hijo David cuando apenas tenía 16 o 17 años. Lo vendió por 500 euros. Siempre lamenté no haber llegado a tiempo para comprárselo.

Durante los años de la transición española de la Dictadura a la Democracia, Ana Westley fue una destacada corresponsal para la prensa de habla inglesa. Enamorada de España e implicada desde muy joven en la lucha por la libertad en nuestro país, que también era el suyo, contribuyó muchísimo a divulgar por todo el mundo el proceso ejemplar de nuestra doble transición política y económica para recuperar las libertades y pasar del tercer mundo al primer mundo. Siempre estaremos en deuda con Ana Westley por lo que hizo en favor de la Democracia en España.

Cuando yo fui trasladado a Nueva York, como corresponsal de Televisión Española, Ana dejó su puesto de corresponsal del New York Times en Madrid para mudarse a Estados Unidos con toda la familia. Su plena dedicación al periodismo la había alejado del arte… solo parcial y temporalmente.

Angel Torres, el maestro de David, se interesó por la pintura de Ana y la animó a sumarse a su taller. Desde entonces, la vi renacer como artista plena. Al regresar a España, se olvidó del periodismo y se entregó a los pinceles. Me maravillaban su progreso y su audacia.

Ella misma lo reconoce en su web:

-«Mi obra pictórica no es ajena a mi experiencia como periodista durante décadas. El periodismo separa hechos de opiniones. El arte, no. Mi vocación artística actual me permite interpretar la realidad y embellecerla o ensombrecerla con cierta fantasía creativa. Sin abandonar mis raíces figurativas, experimento con nuevas formas, colores y materiales que me permiten fusionar lo figurativo con lo abstracto, lo tranquilizador con lo inquietante.«

La Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE) entregó el 7 de noviembre los premios correspondientes al 85 Salón de Otoño organizado por esta entidad centenaria, en un acto que tuvo lugar en la Casa de Vacas del Parque del Buen Retiro (Madrid, España), la exposición de obras se prolongó hasta el domingo 25 de noviembre de 2018. El acto de inauguración de la exposición, que constó con un total de 76 obras, entre los trabajos premiados y seleccionados. La obra «Encrucijada» (Óleo y acrílico / lienzo. 89 x 130), de la artista Ana Westley, se encuentra entre las seleccionadas por el jurado.

Así es el cuadro («Encrucijada») que tengo colgado en el salón de nuestra casa frente a mi sillón de lectura. Unas veces me tranquiliza y otras, me inquieta. Con razón, fue seleccionado y catalogado por el Jurado del 85 Salón de Otoño de la AEPE (Asociación Española de Pintores y Escultores) de la que ambos somos miembros. Yo fui admitido en la AEPE (con perdón) como escultor en madera (aficionado) del taller de la maestra Sandra Krysiak.

Durante un cuarto de siglo, Ana Westley ha ido atesorando (y vendiendo) verdaderas obras de arte.

Una de las páginas de su web

Algunos dirán, y no les faltará razón, ¿qué va a decir de ella si es su marido desde hace medio siglo? ¡Ah! pero no lo digo solo yo. Lo ha dicho, y con voz muy alta, clara y sonora, el Jurado del 86 Salón de Otoño de la AEPE al concederle el segundo premio de España en la Exposición de la Casa de Vacas del Retiro en noviembre de 2019. Su obra «Marea Baja es espectacular:

Ana Westley recibe su premio.

Y posa, feliz, junto a «Marea baja»

Ella misma lo reconoce en su web:

«Nunca pensé que el reconocimiento de un jurado pudiera producirme tanta satisfacción. La verdad que el segundo premio del 86 Salón de Otoño (AEPE), patrocinado por la ciudad de Getafe me hizo muy feliz. Estoy deseando mostrar mis últimas obras en la exposición individual que tendrá lugar en la Vieja Fabrica de Harina en la ciudad de Getafe entre los días 04 y 22 de Mayo de 2020 .

El Ayuntamiento de Getafe, la AEPE y la prensa se hicieron eco del premio.

«La artista Ana Westley se ha alzado con el premio ‘Ciudad de Getafe’ por su obra ‘Marea Baja’. El concejal de Cultura de Getafe, Luis Domínguez, fue el encargado de entregar este premio que ha celebrado su IV edición, en el marco del 86 Salón de Otoño que organiza la Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE).

Enlace noticia Ayto. Getafe

PREMIO CIUDAD DE GETAFE, Dotado con la realización de una exposición individual, con su correspondiente catálogo, en la Sala Municipal de Exposiciones “Lorenzo Vaquero”, en la Antigua Fábrica de Harinas y diploma de la AEPE. Entregó el premio el Concejal de Cultura y Juventud del Ayuntamiento de Getafe, Luis Domínguez, a Ana Westley Benson.

Enlace AEPE

20 minutos / 09-11-2019

La Asociación Española de Pintores y Escultores entrega los premios del 86 Salón de Otoño La Asociación Española de Pintores y Escultores (AEPE) entregó el pasado jueves los premios del 86 Salón de Otoño, organizado por esta entidad en colaboración con la Fundación Maxam. El premio Ciudad de Getafe, dotado con una exposición individual, recayó en Ana Westley Benson.
Enlace 20 minutos

Ana Westley ante la Antigua Fabrica de Harina en la ciudad de Getafe donde podréis ver su Exposición individual entre los días 4 y 22 de Mayo de 2020.

Yo no me la pierdo. Faltaría más.

Allí está el Centro de las Artes Ciudad de Getafe (Sala Lorenzo Vaquero) en la calle Ramón y Cajal, 22. Tel. 91 208 04 61. Horarios: de L a V de 10 a 14 y de 17 a 21 h. Entrada gratuita.

Si no podéis ir, visitad su web. Ya es algo. Gracias.

«Chica con coleta» me enseñó humildad. Falta me hacía.

Hay maderas preciosas y maderas puñeteras. La de «ukola» reúne las dos cualidades: belleza y veneno. Es una madera noble, de color rojizo, semejante a la caoba, y fácil de tallar. Da gusto.

Desbaste del tablón de ukola con formón y maza en la clase de tallasmadera.com

Sin embargo, al pasar de las gubias a las lijas, desprende un polvo tóxico que provoca mocos, estornudos, picor en los ojos, nariz y garganta, tanto en el escultor como en los compañeros de taller, incluida la maestra Sandra Krysiak.

No prevengo el coronavirus, sino el polvo tóxico de ukola. Mientras lijaba mi «Chica con coleta» nadie podría entrar en mi sótano.

Durante varias sesiones de muchas horas, con canto gregoriano de música de fondo, me apliqué con las lijas Abranet de 40, 80, 120, 240 y 360 granos. Las mascarillas estaban agotadas en todas la farmacias de Madrid. Menos mal que mi yerno, el padre de Leo, me dio una de las suyas. Quedé aislado y, finalmente, satisfecho. Con esas lijas, buscaba la perfección. Ningún fallo. Sufrí un ataque de soberbia. Ni rastro de las marcas de gubia. Todo perfectamente liso… Hasta que cubrí mi talla con el tapaporos.

¡Madre mía! El tapaporos resultó ser un chivato terrible. En cuestión de minutos, denunció todos mis fallos. Cualquier muesca, por microscópica que fuera, saltaba a la vista.

Con el tapaporos, la madera de ukola cambió de color (del rojizo al nazareno) y mostró cantidad de fallos. La maestra Krysiak me mandó volver a lijar todo «hasta que los dedos huelan a ajo»

¡Qué gran lección de humildad me dio el tapaporos! Aprendí que la perfección no existe. Es inalcanzable, salvo para los creyentes en divinidades todopoderosas. Para mí, la perfección solo es una tendencia. Maravillosa, sí, pero solo tendencia. Recordé el «Camino de perfección» de santa Teresa y el de Pio Baroja. Claro que una cosas es escribir y otra, lijar madera de ukola. Allí donde yo había visto perfección, encontré infinidad de fallos. Digno castigo a mi actitud soberbia, ufana y pretenciosa. Volví a lijar. ¡Qué remedio! Horas de mascarilla, polvillo tóxico y Abranet.

Los restos del tapaporos blanco no dejaban lugar a dudas. Mi ego, casi argentino, cayó por los suelos. Vuelta a empezar.

Convencido ya de que la perfección era inalcanzable, en vísperas del día de San Valentín, no sin temor al fracaso, volví a dar tapaporos a la madera de ukola. Solo los tiquismiquis podrían descubrir las muescas diminutas que delataba el segundo tapaporos.

Porque he tropezado y fracasado mucho, estoy acostumbrado a levantarme después de las caídas. No suelo rendirme fácilmente. Esta vez, sí. ¡Jodida ukola! Sin atender a las críticas de mi maestra, cerré los ojos, apliqué una lija de 1.000 granos al tapaporos y me lancé a cubrir de cera mi «Chica con coleta». Tras la cera, no hay macha atrás.

Ayer, antes de que llegaran los invitados a casa, para celebrar el cumpleaños de mi hijo Erik, le di una pasada de «muñequilla» a la cera. Por cierto, a mi hijo Erik, sin mucho mérito, le propiné una paliza al tenis esa misma mañana por su cumpleaños.

Claro que la noche anterior había regresado de Bogotá y entró en la pista muerto de sueño.

«El Grito», que tallé en duramen de nogal. Mi chica, Ana Westley, pintó la tulipa inspirándose en el cuadro de Munch

Le saqué todo el brillo que pude a mi escultura medio abstracta y medio figurativa. Hasta hace poco me consideraba un copista de obras famosas. Por ejemplo: «El Grito» de Munch, en nogal, o el «Duelo a garrotazos» de Goya, en sapeli.

«Fake news», relieve a medio hacer, que tallo en madera de sapeli, inspirado en «Duelo a garrotazos de Goya.

Mi primera obra original abstracta fue «La idea», en tilo, que dediqué a mi amiga Isabel Ruiz Curto.

«La idea», que tallé en madera de tilo de una sola pieza sobre base de acero.

Coloqué a mi «Chica con coleta» en un pedestal de granito que tengo en el sótano, uno de los pocos sitios que quedan libres en casa. Eso, con el permiso de mi chica, Ana Westley, que es una grandísima pintora, catalogada y premiada. Las paredes lucen (con razón) sus óleos espléndidos, unos tiernos y otros inquietantes.

La «Chica con coleta» en su pedestal de granito. No es mal sitio. De lejos, no se ve ningún fallo. Pero yo no me engaño. Los conozco.
Esta foto me salió torcida y no sé cómo quitarla de aquí. Así se queda. Sorry.

Cualquier obra, por mala que sea, parece algo especial si la pones en un pedestal. De lejos, no se aprecian los fallos. Todos me felicitaron. ¡Qué amables! Disimulé. Eso se me da bien. Yo sabía que, de cerca, mi obra tenía muchos fallos. Solo me felicité por haber aceptado la lección de humildad que me dio el tapaporos aplicado sobre la preciosa y puñetera madera de ukola. Desde luego, falta me hacía. No somos nadie.