Hace 57 años que Ana Westley y yo nos casamos en un pinar. Mi madre preguntó al cura: «¿don Pedro, esto vale como una boda de verdad?» «Pues claro». Ayer lo celebramos en Segovia.
Hace 57 años éramos dos estudiantes pobres y enamorados. Seguimos enamorados pero, con dos pensiones bien ganadas, ya no somos tan pobres. En 1969, no teníamos ni para tarta nupcial. Optamos por tortilla nupcial de patatas pero, eso sí, de tres pisos. El cura puso el vino peleón. Ayer, en cambio, celebramos nuestro 57 aniversario con cochinillo, cordero y vino de marca. «Lo que ha cambiado España», nos dijeron nuestros queridos amigos y colegas Kathy y David White que compartieron mesa y recuerdos.
Nuestra tortilla nupcial de patatas de 3 pisos en el merendero Casa Montero (Canillas, Madrid)jamsEl día de nuestra bodaJesús ChaoNuestro rincón romántico a la orilla del Eresma bajo el Alcázar de Segovia. Cada año visitamos este rincón. Espero terminar pronto mi talla de este balconcillo digno de Romeo y Julieta.jamsAntes del cochinillo, rendimos pleitesía con los White al genio constructor de los romanos de Segovia.Un turistaCon los White en la Venta San Pedro Abanto, iglesia del siglo XV reconvertida en ventorro singular. En la cocina actual estaba el altar mayor. El cochinillo, divino.José María, del restaurante San Pedro Abanto,Pag. 107 sobre nuestra boda en mis memorias «La prensa libre no fue un regalo». Ed. Marcial Pons)jamsPag 108 de mis memoriasjamsPag. 109jamsPag 110jamsPag 111jamsPag. 112jamsPag 113 de mis memorias.jamsCubierta de mi libro de memorias («La prensa libre no fue un regalo») de donde he copiado las páginas anteriores y que os recomiendo. .jamsEn la víspera compartí con los White un arroz con bogavante. Por la mañana les sorprendí con una bandeja de churros con chocolate de Valdemorillo.jamsPágina final del prólogo que escribió David White en 1998 (entonces corresponsal del Financial Times de Londres en España) para mi libro «Jaque a Polanco». Hace 30 años ya se había ganado esos churros con chocolate.. ,jamsCubierta de mi libro «Jaque a Polanco» que escribí (de manera precipitada en poco tiempo) cuando me refugié en la universidad tras ser despedido por la TVE de Aznar. Al presidente del Gobierno del PP no le gustaron las preguntas que le hice en la entrevista preelectoral de marzo de 1996. El prólogo de David White fue lo mejor del libro.
Xavier Vidal Folch pronunció la laudatio magistral de Soledad Gallego-Díaz, nuestra Sol, como Maestra en ética periodística. No la quiero perder. La copio y pego para mi archivo personal. Gracias, Xavi.
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8 de abril de 2026
Xavier Vidal-Folch
Mi presencia en esta tribuna es un acto temerario. Correspondía por derecho propio a Joaquín Estefanía el placer de proclamar la virtud profesional de la periodista Soledad Gallego-Díaz Fajardo; Sol Gallego; simplemente Sol. Pero al hermano más próximo le ha sorprendido una abolladura temporal, leve, que le tendrá enclaustrado aún varios días. Así que me toca un honor sin más mérito que la complicidad de muchos años con la, enorme, periodista premiada. Con ella y con Joaquín y con Andreu Missé y bastantes más seguimos manteniendo un falansterio espiritual utópico: trabado sobre el estupendo y asediado oficio de periodista, compartiendo una mirada crítica al mundo y tratando de seguir desplegando una nunca desmayada pasión por la vida y la gente. Hay en este acto otras ausencias que lamentar, por causa distinta. De amigos que habrían deseado estar aquí, para reconocerla. Me refiero a nuestros colegas, muy íntimos de Sol, Bonifacio de la Cuadra, Malén Aznárez, Joaquín Prieto y Antonio Franco, entre otros que se fueron, demasiado aprisa, de viaje sin retorno. Aunque eso sí, siempre vuelven, puntuales, a nuestro afectuoso recuerdo.
En el pasado nos referíamos a los colegas veteranos, sobresalientes y creadores de escuela y de amplios lazos profesionales como “maestros de periodistas”, a veces así nombrados con voz algo engolada, como de antiguo telediario. El título que la FAPE –en sintonía con otras distinguidas entidades- otorga hoy a Sol Gallego supone un avance tangible desde entonces, porque detalla de qué va esa maestría: lo es, no solo de carácter general, sino específicamente ética. Una asignatura muy pendiente tanto en nuestra sociedad, como en nuestro oficio. Quien lo recibe es una verdadera “Maestra en ética periodística”. Ella a su vez honra a la institución que lo inaugura hoy –en su esfuerzo por representar amplia y dignamente a los periodistas de este país–, con su prestigio personal.
Gallego-Díaz es persona -¡y qué amor de persona!– y ciudadana –¡y qué impulsora de ciudadanía!–, incluso antes que periodista, que lo va siendo más de medio siglo. Su árbol familiar nos interesa más por los valores que destila que por curiosidad genealógica: está poblado de gente de progreso, inquieta y rebelde. Muy antes de todo esto, su bisabuelo fue ministro liberal, con Práxedes Mateo Sagasta. Su abuelo Eduardo, notable andaluz, uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza, esa marca que tanto carácter imprime; así como de la primera revista de economía española, en 1917. Su padre, José Gallego-Díaz fue un notabilísimo matemático comunista y profesor universitario depurado por la dictadura, fallecido con poco más de 50 años en Caracas.
Los últimos en abandonar el tanatorio, tras despedir a Sol.
Muy joven, ella se apuntó por hambre de libertad al movimiento antifranquista, desde la óptica ácrata, o mejor, libertaria. Y también fue depurada, en su caso como periodista de la agencia de noticias del llamado Movimiento, Pyresa, por participar en una huelga. Publicó en Cuadernos para el Diálogo la gran exclusiva en la época de la Transición, obtenida con Federico Abascal y José Luis Martínez: el primer texto de la Constitución de 1978 a presentar al Congreso. Ella misma ha explicado que anduvieron persiguiéndolo largo tiempo, convencidos de que los ciudadanos tenían derecho a lo que estaban cocinando los constituyentes, aunque estos preferían dirimir discretamente sus diferencias. Aquella primicia era ya simbólica de un modo de ejercer la profesión. Fijémonos en sus distintos elementos: noticia relevante y verídica; responsabilidad individual con trabajo colectivo; servicio al lector como guía fundamental de la tarea; respeto liberal-libertario por el Estado en su versión más democrática. No en vano aquella Carta Magna aún en ciernes, y a cuyo debate general dedicaría un libro en dueto con Bonifacio, (“Crónica secreta de la Constitución”) incorporaba un amplísimo catálogo democrático de libertades y derechos democráticos: entre ellos el artículo 20, que garantiza el derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. Subrayemos el verbo “recibir”, que suponía enfatizar hacia el receptor el significado de la tradicional “libertad de expresión”. Y además, solemnizaba el “secreto profesional” sobre las fuentes de la noticia. Que sus protagonistas han mantenido durante todo el tiempo transcurrido. Algo que era un deber legal, sí, pero de cumplimiento no tan frecuente en una actividad a veces tildada de (y ejercitada como) chismosa, charlatana y frívola.
Desde antes de la fundación del diario EL PAIS en 1976 -al inicio compaginándolo con su dedicación a Cuadernos– hasta hoy mismo, Sol Gallego está desarrollando sin interrupción el oficio de periodista. En múltiples vertientes: como redactora, subdirectora, directora adjunta, defensora del lector, columnista, y directora (entre 2018 y 2020); así como comentarista radiofónica en la SER. Y reiteradamente, salpicándolas en distintos momentos separados en el tiempo, por sus estancias como corresponsal en Bruselas, Londres, París, Nueva York, y Buenos Aires. Amén de una etapa como delegada del en Sevilla, para coordinar la edición andaluza del periódico.
Sol en El País
Recuerdo con especial regocijo los primeros años noventa, en que simultaneábamos funciones, ella en Madrid y yo en Barcelona, como directores adjuntos de Joaquín. Exprimí como de un limón sus consejos de gran oteadora olfativa de lo que se avecinaba, noticias y ciclos, tendencias y problemas organizativos y personales, con mucha antelación sobre mí. Procuré aprender de su generosidad, de esas de compartirlo todo, y de su hábil temple en manejar conflictos, a veces nada sencillos. Y revisito con alborozo el período en que ejercitaba el análisis con desplazamientos a las cumbres europeas, como la del lanzamiento del euro en 1998: con mucha delicadeza, respeto y palmadas de júbilo en los aciertos o por el reencuentro con viejas amistades, y anchos hombros comprensivos prestados cuando los reveses. Que siempre culminaban ante los fogones de La Fiorentina, catedral de la gastronomía “casalinga”, casera, de la signora Maria, ya desaparecida.
No hay demasiados colegas entre nosotros, si es que los hay, que exhiban una trayectoria tan intensa y tan entrelazada entre el enraizamiento local/nacional y ese cosmopolitismo que abre el espíritu y afianza la afición a la aventura de descubrir lo nuevo. Y con un desempeño tan circular o transversal –ahora en funciones básicas, mañana en responsabilidades intermedias, después centrándose exclusivamente en la escritura—en el sentido de distinto u opuesto al empeño vertical de alcanzar los más altos niveles de la jerarquía, y de eternizarse en ellos. Y también era nuevo lo que no se produjo. Renunció en 1988 al encargo de desempeñar la dirección; lo aceptó solo 30 años más tarde, y por un breve período de dos años, el indispensable para rescatar al periódico tras una etapa muy complicada. Asimismo, ha sido una acérrima defensora práctica de combinar el rejuvenecimiento de la redacción con la veteranía, dispensando un trato digno a las distintas capas generacionales. Y una abanderada sistemática de la igualdad entre las mujeres y los hombres.
En la puerta del tanatorio recordando a Sol
Esa dinámica profesional no es solo consecuencia de la empatía, la curiosidad intelectual y el afán por conocer la realidad desde distintos observatorios, un empeño bien completado. Es también expresión de valores superiores: la primacía que Soledad Gallego-Díaz ha otorgado siempre al poder de las ideas, por encima de las ideas del poder; y la lealtad para con las reglas del oficio y en el ejercicio de sus responsabilidades.
En distintos episodios, de los que guardo memoria muy viva, utilizó su libertad expresando firmes discrepancias –con elegancia a veces mayéutica y con salero–, respecto a la autoridad interna o las autoridades exteriores. En una sonada ocasión se avino a retirar de una entrevista que había realizado a un presidente la contestación a una de las cuestiones, pero de ninguna manera a eludir la constancia de que había formulado la incómoda pregunta. Sin necesidad de alharacas. Respetuosamente con todos, y con ella misma. Al cabo, la primera premiada con el galardón Aurelio Martin de la FAPE es persona de muy fuertes convicciones de progreso, que pueden resumirse en la clásica tríada de libertad-igualdad-fraternidad, aunque siempre actualizada; y en caso de duda, a favor de inclinar la balanza o el dilema, hacia el lado del más débil. Empedernida lectora, Sol es una convencida de que existe “una cierta manera de hacer las cosas”, como sostiene la mejor cultura francesa; una defensora del ideal kantiano de “paz universal”; y una asidua practicante de la ética personal y profesional como “imperativo categórico” que trasciende intereses y conveniencias.
Eso, y no nada muy diferente es la Ética, que según uno de sus grandes patriarcas proviene del conocimiento, sí, pero también de la actividad convertida en hábito orientado hacia una finalidad: para algunos, como el autor de la ética a Nicómaco, se trata de la felicidad. Y adivino que para ella versa más sobre el equilibrio, la justicia, la equidad.
También en el ejercicio del periodismo. El trayecto de Sol arroja un compendio de actuaciones según valores como el respeto a la verdad (o más exactamente, acercarse a la verdad aproximándose a la realidad de la manera más honesta y adecuada posible) y el objetivo de dar cumplimento al derecho ciudadano de obtener información veraz. Estos valores se traducen en dos reglas principales, precisas y básicas, pero claras. Una, el contraste y verificación mediante varias y distintas fuentes, de lo que se publica o se emite. Otra, la orientación a los ciudadanos receptores/afectados, a cuyos puntos de vista e intereses se debe prestar siempre la atención debida.
La maestría ética de la premiada se expresa asimismo en cómo se amplifican y aplican esas normas de conducta ante nuevos problemas; o frente a intersticios de dilemas sobrevenidos; o simplemente, en casos de complejidad creciente para dirimir entre derechos concurrentes. De su larga etapa como directiva del periódico, muchos hemos aprendido gracias a sus intuiciones y su criterio, de fabricación sofisticada pero de expresión sencilla. Y de la necesidad de rectificar tajantemente cuando erramos, que, ay, me ocurre y nos ocurre, y resulta doloroso pero justo. Su opinión al respecto es terminante: “Eso no es”, o “Eso no es así”. O sea, repáralo, chaval. Y también de su corta pero fructífera fase como Defensora del lector.
De ella son muy destacables bastantes aportaciones. Quizá la principal sea la denuncia del periodismo “declarativo” como ejercicio de segunda división, en el que se sustituyen datos y hechos por manifestaciones verbales, frecuentemente vacías, de personajes públicos, sobre todo políticos y empresariales; meras reproducciones de ruedas de prensa o manifestaciones cocinadas ad-hoc por protagonistas de la vida pública, en lugar de noticias buscadas por los redactores en virtud de su interés. En una conferencia en la UIMP Soledad Gallego subrayaba que más del 70% del espacio en las secciones de Política y Economía se dedicaba a recoger ese tipo de material más bien propagandístico; y en más del 50% en las secciones de Sociedad y Cultura.
Y en el propio diario destacaba algunas recetas aplicables al asunto, entre ellas la que en una ocasión aplicaron varias cadenas de TV norteamericanas. Rechazaron distribuir en directo una charla del presidente George Bush por preverla informativamente poco interesante, y por ello la relegaron a noticia suelta de menor relieve. Algo muy evocable en estos tiempos informativos desarbolados, cuando la actualidad geopolítica se suele reemplazar por recuas de exabruptos, insultos, amenazas y ultimátums.
Pero muchos otros hallazgos acompañan ese hito. Como la denuncia de la abusiva introducción en un texto de opiniones anónimas de protagonistas de una noticia, preferiblemente con críticas a otros personajes, falseando así la credibilidad de la mercancía; o el rechazo a aceptar regalos navideños a periodistas, “porque siempre tendrán relación con su trabajo”.
Deseo concluir esta recopilación de hechos y vivencias enfatizando la independencia profunda de sus escritos de análisis y opinión, su ecuanimidad que no implica equidistancia, su carisma de referencia, como muy pocos alcanzan, y aún menos durante tan extenso calendario. Y que se resume en la calidad de los títulos elegidos por la homenajeada. Devuelven la cualidad de obvio a lo que nunca debió dejar de ser evidente. Para muestra, tres botones, espigados entre decenas: 1) “No sobran inmigrantes; faltan médicos, enfermeros y maestras”; 2) “Los jueces deben ser discretos y los periodistas, veraces”; y 3) “Israel quiere derribar la misma ONU que le dio su partida de nacimiento”.
Así que rendida y cálida admiración, también, a su empleo exacto de la palabra, materia prima esencial del periodismo. Y de su significado. Como escribió Salvador Espriu: “Hem viscut per salvar-vos els mots/per retornar-vos el nom de cada cosa/perquè seguissiu el recte camí/d’accés al ple domini de la terra”. Es decir: “Hemos vivido para salvaros las palabras/para devolveros el nombre de cada cosa/para que continuárais el recto camino/de acceso al dominio pleno de la tierra”. Sea. FIN
Estoy muy apenado por la muerte de Sol Gallego-Díaz. Los abrazos en el tanatorio entre quienes la hemos querido tanto, consuelan, pero no cierran la herida. Ella ha sido la «jefa».
Sol Gallego-Díaz, primera mujer directora de El País, ha fallecido a los 75 añosSamuel Sánchez
¡Cuánto dolor por esta gran perdida, tan prematura! Sol ha muerto al día siguiente del 50 aniversario del nacimiento de El País que ella dirigió sabiamente de 2018 a 2020. Tan generosa como siempre, no quiso aguarnos la fiesta. Se han publicado muchos obituarios y artículos sobre su vida y su obra (y me parecen pocos). A mí me cuesta decir quien fue nuestra Sol y por qué la admiré tanto sin quedarme corto. Lo intentaré brevemente por si me sirve de desahogo: Sol ha sido la mejor periodista que he conocido en mi vida. Seguramente, la mejor de España. Con rigor, compromiso ético con la verdad y respeto por los hechos verificables, buscaba con pasión el origen de la información. Siempre estuvo comprometida con los valores de la Democracia, con la libertad, la igualdad y la fraternidad. Sabía separar las voces de los ecos. Siendo yo tan presumido, me maravillaba su modestia, su alejamiento de toda pompa, su alergia a los halagos y su solidez ética y profesional. Era seria, trabajadora exagerada, casi trabajaólica, nada juerguista. Pero también, cálida y cariñosa. Sabía sonreír y mostrar desacuerdo o enfado solo con su mirada. Tenía gran olfato para desmenuzar noticias complejas. Algo tozuda o cabezota, sobre todo si algo chocaba con sus principios. Si decía «pues, no» no valía la pena insistirle. Todos la queríamos. Aunque nunca fue mi jefa en términos laborales (ella era corresponsal cuando yo era redactor jefe en El País), siempre admiré su «auctoritas», eso sí, con un ramalazo libertario. Estaba muy por encima quienes presumían de su «potestas» en razón a sus cargos. Si digo que era la «jefa» es porque la consideré la más influyente de nuestro grupo de amigos y colegas. Sol hace honor a su nombre y brilla en las distancias cortas, en el cara a cara y en grupos pequeños. En el tú a tú era genial. Hoy recuerdo, no sin dolor, dos cenas (con buen vino) que tuve a solas con ella. Una en Londres, donde ella era nuestra corresponsal, después de la entrevista que le hice allí Ruiz Mateos huido de la Justicia. La otra fue en Almería (con gamba roja, claro), al término de su lección magistral sobre Europa a mis alumnos de la Universidad. Inolvidables las risas que intercambiamos. Lamento no haber cenado más veces con ella. En grupos grandes era adusta, o tímida, casi distante, pero siempre ingeniosa y exigente. Rebelde, sí. Complaciente, no. Era la persona que menos ha valorado los premios y los tenía todos. Disfrutaba haciendo bien su trabajo. Amaba su oficio. Hace dos o tres semanas busqué sin éxito su artículo dominical en el suplemento Ideas de El País. Era lo primero que leía al recibir el diario. Me dio mala espina. No me atrevía a peguntar por su salud. Hace unos días recibí el zarpazo sobre sus cuidados paliativos. En el chat de los «cincuentañeros» fundadores del diaro, Jesús Ceberio, ex director de El País, dio en el clavo: «Sol marcó la senda. Tratemos de seguirla. Y cuando nos perdamos preguntémonos cómo lo haría ella». No se puede decir mejor, querido Cebe. Descansa en paz, querida Sol. No te olvidaré mientras viva.
Los últimos amigos y admiradores de Sol en abandonar hoy el tanatorio.jamsFoto de Sol en 20 minutos20 minutosUna frase clave de SolSamuel SánchezEl presidente Pedro Sánchez envió una corona de flores y acudió al tanatorio.TVEJunto con José Luis Martínez (alias «Flavio») y Federico Abascal, Sol publicó en Cuadernos para el Diálogo una noticia bomba: el borrador de la Constitución del 78. jams¿Quien podía atreverse a investigar la pederastia en la Iglesia católica española?. A Sol no le temblaba el pulso persiguiendo la verdad.jamsLos cincuentañeros fundadores de El País hace 50 años celebramos una comilona el 28 de abril. Nuestra Sol ya estaba ese día con cuidados paliativos.
Fracasé el Día de la Madre del año pasado. Hoy le entregué su nueva talla en tilo. Me salió un poco mejor y creo que le gustó. Solo dijo:»Qué joven!».Y la pondrá en el salón.¡Wow!
La talla de mi chica se me torció para el Día de la Madre del año pasado. Por una veta puñetera del abedul y mi temeridad, perdí media nariz. ¡Ay, Picasso!Hoy me quedó un poco mejor en madera de tilo.jams
Casi no llegó a tiempo para el día de la Madre. Ayer me faltó otra mano de tapa poros y la cera, pero mi nieto me pidió llevarle a comprar flores para su madre, mi princesa. No pude negarme. Por eso, hoy le entregué a Ana (awestley.com) su talla sin el brillo que da la cera. ¡Qué nervios! No se parece mucho a cuando la conocí el 8 de enero de 1968, mi cumpleaños porque, como decía Machado, ese día nací no a la vida sino al amor. La Westley es muy generosa y me dice que le ha gustado el detalle. De mi talla solo ha dicho «¡Qué joven!» Pero me gané un beso. ¿Qué más puedo pedir por un trozo de madera tallado con amor (y, claro, con dolor)? Lo mejor es que ya le ha buscado sitio en el salón junto a sus óleos premiados. ¡Qué honor! La colgaré sobre la de Nicolás Salmerón (salmeroniano soy) y la del ojo de Odín (ella es gringa de origen noruego). Hoy me siento alguien.
Mi chica (awestley.com) con la talla que le hice en madera de tilo. Le falta el brillo de la cera. No me dio tiempo. La primera mano de tapa poros no se había secado y solo hay un día de la Madre al año.jamsTalla de Ana Westley con una sola mano de tapa poros y sin cerajamsSu talla irá encima de la que hice (en cedro tropical) de un sello de don Nicolás Salmerón, único jefe de Estado que tenemos en Almería. Mi padre me contagió su admiración por el presidente de la Primera República Española que dimitió por no firmar una pena de muerte.jamsAsí era Ana en el día de nuestra boda bajo los pinos (el 11 de mayo de 1969)jamsA su lado quedará el cuervo que lleva en su pico el ojo que todo lo ve, el ojo de Odín. Talla en madera morada de nazareno.jamsY esta «Quema de libros por la Inquisición» es la cuarta de mis tallas que ha merecido los honores del salón, repleto de óleos maravillosos (y estremecedores) de la Westley. Si sigo progresando… pronto la podré tutear.jamsBuscando fotos de mis tallas antiguas me topé con el recuerdo de mi madre. Volví a leer su obituario con brillo en mis ojos. Madre no hay más que una.
El libro de Rodolfo («Hotel en las afueras») es un canto a la amistad y al amor. Él dice que es «un catálogo de amigos para darles cobijo». Me siento bien en la Hab. 207. Gracias.
Con Rodolfo Serrano, Miguel Ángel Noceda y Francisco Naranjo en la velada poética del Café Comercial donde Rodolfo presentó «Hotel en las afueras. Registro de viajeros», su décimo libro de poemas.jams
Siempre que acudo a las veladas poéticas del Café Comercial para aplaudir los poemas de mi amigo Rodolfo Serrano salgo de allí debidamente impresionado… y sorprendido. Aún quedan poetas en la España de hoy. Y son buenos. Muy buenos. Muchos de ellos estaban allí el martes pasado. Y sus libros se venden. Rodolfo Serrano nos dice que este libro es un resumen de su vida, para huir de la soledad y dar cobijo a sus amigos. Si algunos de ellos (que son muchos) no tienen habitación puede reservarla en la página 271. Me emocionó ver a Rodolfo aplaudir con fervor a su joven nieto Manuel Serrano que nos acompañó al piano con un concierto fantástico. Cuando presentó su libro anterior nos trajo a su hijo, el famoso Ismael Serrano, «para que le conozcáis«. Otros cantautores pusieron música a poemas de Rodolfo y otros poetas leyeron sus versos acomodados en su habituación correspondiente. Fue una tarde espléndida, la guinda que me faltaba después del copioso almuerzo que compartí ese día, entre abrazos, con un montón de «cincuentañeros» de El País. El público no cabía en la sala. Había poetas, periodistas y (me cachis) algún oncólogo. La lista de conocidos es larga: Juan Barranco (Hab. 205, muy cerca de la mía), Paco Naranjo (345), Karmelo Iribarren (231, el de «una calle sin bar es una calle sin alma»), Javier Lostalé (350), mi compadre Joaquín Estefanía (312), Bernardo Pérez (221, que no pudo llegar a tiempo porque hacía retratos de «cincuentañeros» del El País), Manuel Rico (211, que presentó el libro), Mariano Guindal y Mar Diez Varela (217, les busqué sin éxito), Miguel Ángel Yusta (334), José Luis Corcuera (312, sentado a mi lado), Karmentxu Marín (316, se quedó en los postres de la comilona de El País), Miguel Ángel Noceda (243), Rafael Soler (109, poeta generoso que nos invitó a las tortillas de patatas), Juan Luis Cebrián (125, agotado por el almuerzo no pudo acudir a tiempo, pero escribió el prólogo a otro libro de Rodolfo sobre periodismo. Ya me gustaría ver esa habitación de lujo para «el señorito» que me contrató 4 veces), Caridad Plaza (334), Juana Vázquez (314, que leyó su poema) y Paco Caro (432, otro poeta que acabó cantando conmigo después de las tortillas del Comercial). Alguien recordó la definición que hizo Groucho Marx del hotel: «Entras sin equipaje y sales sin dinero». Nosotros salimos del Comercial cargados de emociones y versos.
Cubierta del último libro de poemas de Rodolfo Serrano.jamsRodolfo Serrano en la solapa de su décimo libro de poesíajamsCon lo presumido que soy, su dedicatoria no podía faltar aquí.jamsRodolfo aplaude a su nieto Manuel Serrano tras su conciertojamsPágina para quienes quieran pasar una noche en el «Hotel de las afueras»jamsLos poetas también comen y beben. Yo hice como el Lazarillo: «Me junto con los buenos para ser uno de ellos». Ahí estoy con Rodolfo, Rafael Soler, Juana Vázquez, Migue Ángel Yusta y Paco Caro, entre otros. Un gran final de fiesta.jams
El arquitecto Pablo Redondo se hizo escultor delante de mis ojos, cada día más asombrados con sus logros. Alumno de la maestra Sandra Krysiak, Odnoder vuela solo por todo lo alto.
Obra monumental de Odnoder (Pablo Redondo). El autor explica al público el sentido de sus esculturas expuestas en la Casa de Vacas del Retiro (del 29 de abril al 24 de mayo)jams
Odnoder Sculptor ha titulado su Exposición «Entre Oíza y Oteiza», o sea, entre un arquitecto, como él, y un escultor que tanto le ha inspirado. He visto cómo, desde 2014, el año que me jubilé en 20 minutos y me apunté a tallasmadera.com, nuestro colega Pablo Redondo se fue alejando de la arquitectura y acercándose vertiginosamente a la escultura, influido precisamente por Oteiza (además, un gran poeta). Después de sus «ángeles» impresionantes (en el pasillo de entrada de la Casa de Vacas), Pablo bajó a los «humanos» (en la sala principal). Su obra se hace mucho más antropocéntrica y, a la vez, algo más espiritual. Cuando veo el «Friso de los apóstoles» de Oteiza, pienso en los hombres y mujeres de Odnoder. La pandemia nos separó de su taller, pero le acercó al estudio de la filosofía Ubuntu que va muy bien con su carácter, su personalidad y su bonhomía. Lo tuve que buscar en Google: Es un concepto ético africano tradicional (de origen zulú), resumido en la frase «Yo soy porque nosotros somos». «Promueve la interconexión humana, la empatía, la solidaridad y la cooperación, sosteniendo que la realización personal se logra a través de la armonía comunitaria y el bien común». Encaja de maravilla en la forma de ser de Pablo Redondo. Te felicito, amigo y maestro. Siempre presumiré de que compartí taller y amistad contigo. Enhorabuena.
Cartel de su Exposición. La Casa de Vacas para él solo. Su obra lo merece.jamsEl artista entre Mar y yo. Los tres nos hemos beneficiado del magisterio de Sandra Krysiak, de tallas madera.com jamsPablo Redondo, entre nuestra maestra Krysiak y yo, en mi casa.jamsEl arquitecto Sáenz de Oíza junto al escultor y poeta Oteiza.jams«Friso de los apóstoles» de Oteiza.jamsEste grupo escultórico de Odnoder me recuerda el sermón de la montaña. Pablo cita en su presentación la filosofía Ubuntu: «Un líder no lo es sin tribu y no hay tribu sin líder».jamsPrimeras obras de Pablo. Pensaba más en los ángeles hasta que descubrió a los humanos.jamsA este grupo lo llama «Maternidad». Empezó con la talla y escultura en madera y pronto empezó a dominar el bronce, el aluminio, la escayola, el acero y la resina.jamsEsta capilla siempre me impresionó. Podría ser un portal de BelénjamsPareja amorosa. El amor no falta en la obra de Odnoder.jamsCartel de la Expo. No te la pierdas. jams
Golpe de nostalgia y toneladas de emoción en los abrazos entre el montón de amigos y colegas que tuvimos el privilegio de nacer, no a la vida sino a la prensa libre, con El País.
Grupo de «Cincuentañeros» que celebramos ayer el nacimiento de El País hace 50 años. Un fiesta cargada de emoción y de recuerdo a los que ya no están con nosotros.Bernardo Pérez
Al director le llamábamos «el señorito» y algunos exagerados le indentificaban con Dios. Mandaba mucho. Un día le llamó por teléfono su padre, Vicente Cebrián, (que fue mi jefe por un día en Pryresa). Se identificó como «Dios padre». Compartimos grandes anécdotas y buenas risas durante el almuerzo y los postres. Karmentxu Marín, ingeniosa y divertida como siempre, era encargada de Educación. Los lectores se indentificaban tanto con El País que nos llamaban para todo. Una lectora llamó a Karmentxu y le contó que el colegio del barrio se había inundado. Ella agradeció la noticia y le respondió: «Envío ahora mismo y reportero y un fotógrafo». La lectora le replicó: «¿Y el fontanero? Así era nuestro País.
Nuestra mesa en el festín de los cincuentañeros de El País. Estoy muy bien acompañado: Peridis, Asunción Valdés, Nancy Abel, Rosa Pereda, Rosi Rodríguez, Ramón Vilaró y Javier Angulo. Yo digo como el Lazarillo: «Me junto con los buenos para ser uno de ellos»Samuel SánchezGracias a los organizadores Rafael Fraguas, Lucía Fraguas, Bernardo Pérez (autor de mi mejor retrato), Karmentxu Marín y Juan González Bedoya. Un éxito total. Gracias también por este boli «50 años» que guardaré como un tesoro, también en mi corazón. Karmentxu, Bedoya y yo saltamos del semanario Doblón a El País. ¡Qué aventura! jamsFotón de Juan Luis Cebrián, con el número 1 del diario que él fundó como director, publicada ayer en El País. Samuel SánchezCon Cebrián y Rafael Fraguas celebrando el encuentro. Ayer reconocí que Cebrián era un director muy inteligente pues… ¡me contrató 4 veces! Hubo risas en su mesa.Beatriz Rodríguez SalmonesCebrián habla a los cincuentañeros que creímos en su proyecto: «Queríamos recuperar la excelencia que la prensa había perdido durante la Dictadura». También dijo: «Quiero pediros perdón y daros las gracias por vuestra colaboración». Eso me gustójamsJuan González Bedoya fue el tesorero de la fiesta. Y lo hizo de maravilla. Luego resultó que el vino no estaba incluido en el menú y nos pidió unos euros extras para pagar los vinos. El Departamento de Comunicación de El País salió oportunamente al quite y puso lo que faltaba. ¡Gran detalle!. âísjamsJan Martinez Ahrens, director actual de El País y el más joven del almuerzo, agradeció a los cincuentañeros su labor de hace medio siglo y reconoció que «El País es el mejor diario en lengua espñola del mundo». Estoy de acuerdo.jamsFotografía de lectores de la segunda edición de El País el 23 F en la puerta del Hotel Palace. Nos regalaron una copia emocionante.
Con un pellizco de nostalgia y un chute de alegría, hoy vamos comer juntos un montón de jubilados que hace 50 años participamos en la fundación de El País. Marcó nuestra vida.
Con barba y pelo, en la redacción en los primeros tiempos de El Paísjams
Recorte de una foto de los primeros tiempos de El País. Con barba, estoy detrás de Julio Alonso y Juan Luis Cebrián. jamsPag. 188 de mis memorias («La prensa libre no fue un regalo». Ed. Marcial Pons). jamsPag 303 de mis memorias. jamspag 304jamsPag 305 de mis memoriasjamsPag 306 de mis memoriasjamsPag 326 de mis memoriasjamsCubierta de mis memoriasjamsCubierta del libro que hemos escrito mi hijo Erik y yo. Ya va por la séptima edición.jams
Triple emoción en el Roig Arena: por el partido entre dos grandes, por la animación gráfica espectacular de Goat Knight y por la paella (hecha allí mismo con leña).
El quinteto inicial del Valencia Basket frente al Real Madrid el sábado en el Roig Arena con animación gráfica de Goat Knight.jams
Con mi hijo Erik y mi nieta Sofía en la puerta del Roig Arena de Valencia.jamsMario y Matt (del Real Madrid y del Valencia Basket) en plena faena.Miguel Ángel Polo/EFEDesde la mesa del restaurante Poble Nou podemos seguir el partido en la pista y en las pantallas con la animación gráficajamsPaella valenciana hecha en el Poble Nou dentro del Roig Arena ¡con leña!jamsLos autores de la animación gráfica de Goat Knight en las pantallas gigantes del Roig Arena. El Ogorodova, presidenta, y Erik Martínez Westley, gerente, con familia, en la puerta del Roig Arena de Valencia.jamsVista del Roig Arena, unos de los mejores estadios del mundo, por su concepción original y por su animación gráfica, desde la ventana del hoteljamsEl Roig Arena con 18.000 espectadores (ni un asiento libre) antes de comenzar el partido. Emocionante remontada del Valencia en el segundo cuarto que hizo soñar a sus seguidores cuando adelantó al Real Madrid en el marcador. Pero los de Escariolo se recuperaron en los dos últimos cuartos y vencieron con contundencia por 82-96..jams
El Quijote cambió mi vida. Por eso, cervantino soy. Lo proclamo hoy en el día del libro por excelencia. El sábado comeré «duelos y quebrantos» en recuerdo de los pobres conversos
Mi camiseta favorita para el tenis: «Ser o no ser cervantino»… en una fecha que une a Cervantes con Shakespeare.
Portada del último libro de Muñoz Molina. Una delicia.jamsCervantes, una de mis primeras tallas al jubilarme en 20 minutos. Una colega de tallasmadera.com me advirtió: «Cervantes era manco, no tuerto». Fracasé contra la veta de un ojo. jamsMi homenaje a mis maestros Lida y Marichal.jamsMi talla «Quema de libros por la Inquisición», inspirada en la de Juan de Juni. Me recuerda un dibujo del gran Forges: Le dicen a un fanático que hoy es el día del libro. Responde: «Sí. Ya lo he quemado». jams