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Gabriel Jackson nos reconcilió con nuestra historia


Influyó en muchas vidas

English version follows below.

(Obituario que publiqué hoy, 8 de noviembre de 2019, en El País)

Gabriel Jackson, el historiador, maestro y amigo, que ha influido a tantos españoles y nos ha ayudado a reconciliarnos con nuestra historia, ha muerto a los 98 años cerca de su hija Kate en Oregon (EE.UU.) Escribo estas líneas, no sin dolor, en la “Sala Gabriel”, la habitación que ocupaba mi historiador favorito en sus frecuentes visitas a nuestra casa. En ella lucimos sus grandes obras (La República Española y la Guerra Civil, Civilización y Barbarie, Juan Negrín, La España medieval, Mozart, A pesar de los pesares, Historia de un historiador…).

Hace dos años nos cruzamos la última carta. Había perdido la visión, y el Alzheimer le privaba de muchos recuerdos. Yo los mantengo muy vivos. Conocer a Gabriel, en los últimos años del franquismo, fue un privilegio y un gran honor para quienes hacíamos el semanario Doblón y el mensual “Historia Internacional”. Allí publicó su primer análisis sobre “La era de Franco”, recién muerto el dictador. Fue la primera vez que imprimimos en España las palabras “Dictadura” y “bunker” para describir aquel régimen moribundo. Hasta entonces, la censura nos había prohibido publicar su artículo.  

Su obra monumental “La República Española y la Guerra Civil”, que podíamos comprar fuera de España o, a escondidas, en la librería Fuentetaja de Madrid, nos cambió la visión de nuestro país a muchos jóvenes. Nos iluminó la noche oscura de la guerra y de la postguerra y nos ayudó a entender mejor a nuestros padres, a los vencedores y a los vencidos.

Con sus investigaciones rigurosas, sus lecciones de tolerancia política y religiosa y su buen hacer, dejó con el culo al aire a quienes falsificaron la historia buscando el aplauso del dictador. Gracias a él, pudimos sentirnos orgullosos de nuestra historia reciente, escamoteada y falseada por la censura y por los palmeros de Franco. Como historiador, Jackson era partidario de no ocultar sus preferencias políticas republicanas y de izquierdas. Consideraba más honesto darlas a conocer y que juzgara el lector.

Aún le imagino dormitando en mi sofá, con la voz de María Callas de fondo. Había sido un buen profesor de música, de enorme sensibilidad, y tocaba la flauta de maravilla hasta que sus dedos se lo impidieron. De niño, Gabriel caminaba a su escuela silbando por la calle. Los vecinos le preguntaban por qué silbaba siempre música tan triste. Así definían ellos la música clásica que tanto le gustaba.  

En su última visita, con 95 años, almorzamos con amigos comunes (Ángel Viñas, David Trueba, Ángel Berenguer, Juan Pablo Fusi, etc.). En Segovia, se zampó media de cordero y media de cochinillo que no se las saltaba un galgo. Gozaba de buen apetito, caminaba con buen paso y tenía muchas ganar de reír y de vivir. Era una buena persona, un hombre cabal, un intelectual entero, un historiador íntegro, insobornable, y un demócrata auténtico como he conocido pocos. Quizás por eso, el macartismo le persiguió, le incluyó en su caza de brujas y le dejó sin trabajos docentes en Estados Unidos por negarse a denunciar ante el FBI a otros colegas sospechosos de ser izquierdistas.

Era firme en sus principios y lealtades. Y era, sobre todo, muy generoso y honesto a la hora de compartir sus conocimientos y reflexiones, que hemos seguido regularmente en las páginas nobles de El País. Le gustaba mucho participar en lo que Giner de los Ríos llamaba “el santo sacramento de la conversación”. Le escuchábamos con la boca abierta. Como renacentista moderno, nada del mundo actual le resultaba ajeno. Era, lo que se dice, un sabio; un sabio enamorado de España, desde muy joven, y de Barcelona, donde vivió muchos años y ha tenido grandes amigos.   

Cuando alguien joven, que no sufrió la Dictadura, se siente decepcionado con la Democracia, yo suelo citar con frecuencia una frase suya que conservo en mi memoria:

“La democracia es muy aburrida. Requiere escuchar tanto a los mediocres como a los brillantes”.

Mientras viva, estaré en deuda con él. Con su ejemplo de integridad moral e intelectual, ha ejercido una enorme influencia en gran parte de mi generación. Le vamos a echar mucho de menos. Gabriel Jackson, nuestro querido Gabe, vivirá siempre en nuestro recuerdo. Gracias, maestro. 

Gabriel Jackson reconciled us with our own history

He influenced many lives

José A. Martínez Soler

Gabriel Jackson, historian, maestro, and friend, who influenced so many Spaniards and who helped us reconcile ourselves with our history, has died at the age of 98 close to his daughter Kate in Oregon (USA). I write these lines, not without pain, in “Sala Gabriel,” Gabriel´s Room, the room that my favorite historian occupied on his frequent visits to our home. In this room his great works (The Spanish Republic and the Civil War, Civilization and Barbarism, Juan Negrin, Medieval Spain, Mozart, In the Folded and Quiet Yesterdays, History of a Historian…) are prominently displayed.

Two years ago we exchanged our last letter. He had lost vision, and Alzheimer’s had robbed him of many memories.  I keep these memories very much alive.  Meeting Gabriel in the last years of Francoism, was a privilege and a great honor for those of us who were working in the weekly magazine Doblón and the monthly International History. It was there that he published his first analysis about “The Era of Franco,” soon after the death of the dictator. It was the first time that we could print in Spain the words “Dictator” and “bunker” to describe that dying regime. Up until then, censorship had banned publishing his article.

His other monumental work, “The Spanish Republic and the Civil War,” that we could buy outside Spain, or, hidden in the bookstore Fuentetaja of Madrid, changed our vision of our country for many young people.  He shed light on the dark night of the war and post war and helped us better understand our parents, the winners and the vanquished.  Thanks to him, we could feel proud of our recent history, retracted and falsified by censorship and by the adulators of Franco.

I can still imagine him sleeping on our sofa-bed, with the voice of María Callas in the background.  He was a good teacher of music, of great sensitivity, and played the flute marvellously well until his fingers failed him. As a boy, Gabriel walked to school whistling down the street.  Neighbors would ask him why he was whistling such sad music.   That is how they defined the classic music that he loved so much.

In his last visit, at age 95, we had lunch with some common friends (Angel Viñas, David Trueba, Angel Berenguer, etc.).  In Segovia, he devoured half a serving of lamb, and another of suckling pig. He had a great appetite and loved laughing and living. He was a good person, a thorough man, a total intellectual, an integral historian, honest, and an authentic democrat of whom there are few.  Perhaps for this reason, McCarthyism pursued him, and included him on their black list and left him without work as a professor in the United States for refusing to denounce other colleagues who were suspicious as being communists. He was steadfast in his principles and loyalties. And, above all, very generous and honest in sharing his knowledge and reflections, which we followed regularly in the noble opinion pages of El País. He loved to participate in what Giner de los Ríos called “the sacred sacrament of conversation.» We listened with our mouths open. As a modern Renaissance man, nothing in this world was foreign to him. He was, what we would call a wise man; a wise man in love with Spain, since the days when he was a young man in Barcelona, where he lived many years and maintained great friendships.

When some young person, who did not suffer living under the Dictatorship, feels disappoionted with Democracy, I usually quote frequently a phrase of Gabriel that I conserve in my memory:

“Democracy is very boring.  It requires listening to both mediocre people as well as to brilliant people.”

For as long as I live, I remain in debt with him. His example of moral and intellectual integrity, has had an enormous influence in a great part of my generation. We will miss him.  Gabriel Jackson, our dear Gabe, will live on forever in our memories. Thank you, Maestro.

Con Gabriel, de excursión al Castillo de Villafranca (Madrid)

Gabriel con mi esposa, Ana Westley, en nuestro jardín.
Gabriel con David Trueba, tras almorzar en Casa Domingo (Madrid)
Visita de Gabriel a la redacción de El País, conmigo y con Joaquín Estefania (derecha)

Gabriel no se priva del postre después de zamparse el cordero y el cochinillo de Segovia
Entrevistamos a Gabriel en Doblón con Angel Viñas.

Con Gabriel, Carlta Witzum, Luis Santos, Matt Feinberg y Ari Feinberg sobre mis hombros después de una paella en casa.
Gabriel entre Angel Viñas (Izquierda) y yo , con barba, en Doblón, tras la muerte del dictador

Ahí va mi última carta a Gabriel Jackson.

Villanueva de la Cañada, Madrid,  12 de Noviembre de 2017

Querido Gabriel,

Como cada año, a finales de noviembre, se acerca la fecha de cocinar un pavo gigante para “Thanksgiven” y compartirlo en nuestra casa con los amigos más queridos que mantienen alguna relación con las tradiciones de los Estados Unidos. Hace varios años que no te sientas a nuestra mesa. Por eso, yo me como tu ración de pavo y de tartas. Nunca te olvidamos. Con tu ración de pavo me como también, y saboreo, los recuerdos de los ratos tan hermosos que hemos compartido juntos desde el fin de la Dictadura de Franco hasta tu última visita a nuestra casa hace tres o cuatro años. Por cierto, he instalado mi ordenador en tu habitación, que todo el mundo llama “la Sala Gabriel”, donde están tus obras que tanto he disfrutado. Hoy te escribo, pues, en la “Sala Gabriel” rodeado de libros y de música.

Me dice Ana que, según tu hija, te falla un poco la memoria. Te voy a refrescar algunos recuerdos compartidos antes de que yo también los olvide. Tengo un iTunes con mi música favorita y lo conecto en forma aleatoria. Acaba de terminar de sonar la trompeta de El Mesías de Haendel (“And the trumpet shall sound”, ¡qué maravilla!), y, mira por dónde, ahora suena la voz de María Callas. ¡Cómo olvidar tus siestecitas en mi sofá, mientras escuchabas, absorto, mi colección de arias de la Callas!  Hablando de música, cada vez que oigo a alguien silbar una canción pienso inevitablemente en ti. Me imagino al niño Gabriel Jackson que va silbando por la calle camino de la escuela. “¿Por qué silbas música tan triste?”, te preguntaría algún vecino. Silbabas tu vocación secreta: música clásica.

Desde que te conocí, siempre he querido imitarte en tantas cosas. Naturalmente, sin éxito. Cuando leí tu novela “A pesar de los pesares”, envidié tus sensibilidades musicales y tus conocimientos y habilidades con tu flauta travesera. Disfruté mucho de tu biografía de “Mozart”. Para seguir tus pasos musicales, me apliqué con mis clases de clarinete. Reconozco que mis prácticas eran una tortura para mis vecinos y para mis gatos. Llegué a tocar en el auditorio de mi pueblo (“La casa del sol naciente”) pero nunca me aceptaron en la banda municipal. Mis problemas con un dedo resorte me obligaron de abandonar el clarinete que tantas alegrías me dio a mi como pesares a mis vecinos. El día que regalé mi clarinete hubo fiesta en mi barrio.

Tengo muy cerca de mí un librito precioso tuyo (“La España Medieval”). Aunque yo era estudiante de ciencias, me abrió el apetito por conocer la historia de la Edad Media. Con tu “Historia de un historiador” me aficioné aún más a estudiar nuestro pasado. Y tu “Civilización Barbarie” me inspiró para mi tesis doctoral. No digamos tu obra, ya clásica, (“La República española y la guerra civil”), un libro de cabecera que nos ayudó a salir de la noche oscura del franquismo. Soy pregonero apasionado de ese libro que tanto me ayudó a comprender la historia de mi familia republicana y de izquierdas. También me sirvió para escribir con los pre guiones de la serie “España, siglo XX” de Televisión Española que firmaba (y cobraba) José María Pemán.

A menudo me has recomendado que escribiera recuerdos sobre mi paso por el periodismo, bajo censura, y sobre mi experiencia personal en la transición de la Dictadura a la Democracia. Ocupado como estaba con el día a día, y como persona de acción más que de reflexión, nunca te hice caso. Sin embargo, desde tu última visita, mi jubilación como responsable del diario 20 minutos me ha dejado algún tiempo libre que dedico al tenis, al jardín y a la escultura en madera. Por otra parte, el nacimiento de Leo, mi primer nieto, hijo de Andrea, me ha animado a escribir esas memorias para que algún día él pueda saber de dónde viene y cómo era aquel mundo que nunca conoció. Por ello, con tiempo libre y motivación, me puse a escribir recuerdos de memoria (tan traicionera). Ya voy, con más de 800 páginas, por mi llegada a Harvard en 1976, mientras me recuperaba física y síquicamente de mi secuestro y de las torturas de la Guardia Civil. ¿Qué te parece? Al fin, te hice caso. Nuestro amigo Ángel Viñas me animó a seguir desde el capítulo 1.

Como te puedes imaginar, mi infancia (“la verdadera patria del hombre” según Rilke) y mi adolescencia están descritas sin recurrir a ningún dato. Pura imaginación. Solo fotografías y cartas. A medida que avanzaba, me di cuenta de que necesitaba algunas muletas para recordar fechas y acontecimientos. El doctor Google no era suficiente. Me vi obligado a abrir mis cajas viejas del sótano, algunas llenas de humedad y con revistas, periódicos, correspondencia y otros documentos medio podridos. Salvé algunos que tiene que ver con la enorme influencia que, con tu ejemplo de integridad moral e intelectual, siempre has ejercido sobre mí. Tu recuerdo está por todas partes. He recuperado cartas, artículos y ejemplares de Don Quijote, Cambio 16, Doblón, El País, La Gaceta de los Negocios, El Sol, etc., que creía perdidos después de tres mudanzas familiares a Estados Unidos.

Cuando alguien joven, que no sufrió la Dictadura, se siente decepcionado con la Democracia, yo suelo citar con frecuencia una frase que aprendí de un artículo tuyo y que conservo en mi memoria. Naturalmente, para presumir de amigo y maestro, te cito como fuente. Escribías esto en El País:

“La democracia es muy aburrida. Requiere escuchar tanto a los mediocres como a los brillantes”.

No te lo vas a creer. Hace poco encontré el recorte de ese artículo tuyo, en papel amarillento, medio roto. Se titula “Perspectivas para España, hoy” y fue publicado en la página de Opinión de El País, el 1 de Junio de 1978, cinco meses antes de ser aprobada la Constitución más democrática de nuestra historia. Te mando foto. Terminabas tu artículo hablando de “la primera genuina convivencia de la historia española” y con este párrafo final:

“Será la España soñada y por la que han luchado, pero que nunca pudieron vivir, los Giner de los Ríos, los Azaña, los Besteiro, los Prieto y (…) miles que…”

Ahí quedó roto el papel del periódico de 1978 que guardé milagrosamente durante tantos años. Encontré otro artículo tuyo memorable (“Fe de errores”) publicado en El País en 24 de Junio de 1988. Ya sé por qué lo guardé. No fue porque Francisco Franco Bahamonde “tuviera su propio linaje de judío converso a través de sus antepasados maternos, los Bahamonde”, sino por la primera gran frase de tu artículo, que también suelo citar atribuyendo, como tú, su procedencia al mismísimo Voltaire:

“La historia es un paquete de mentiras adjudicadas a los muertos”.

Y ahora, para presumir y para refrescar tu memoria (en ese orden), voy a hablar de mi tema favorito que, como sabes, soy yo, “la contradicción a 100 Km. por hora”, tal como me has definido más de una vez. Con toda razón. Se trata de una carta tuya manuscrita, fechada el 7 de noviembre de 1983 y enviada a El País. Dice así:

“Querido amigo José Antonio-

¡Qué bien tus artículos explicando la cosa de Rumasa! Me acuerdo de Samuel Insoll y el “Holding Co. Empire” en Chicago antes del New Deal, y las reformas de la Bolsa, exigiendo más “margin” antes de comprar “stocks”, etc. En cuantos sentidos la España socialdemócrata del PSOE pasa por los mismos apuros en 1983 que EE.UU. en 1933.

Un abrazo fuerte,

Gabriel”

También encontré una conferencia que di hace años en la Universidad, a petición del profesor Quirosa, un historiador de mi tierra que nunca olvida la paella que compartió contigo en nuestra casa de Almería a la orilla del Mediterráneo. Voy a cortar y pegar algunos párrafos que se refieren a tu artículo sobre “La era de Franco”, publicado en la revista “Historia Internacional” que yo fundé antes de la muerte del dictador.

Jackson: “La era de Franco

A la Dictadura la llamamos Dictadura

Con más anécdotas que categorías, intenté describir una realidad concreta: el papel de la prensa (exactamente de tres medios: Cambio 16, Doblón e Historia Internacional), a través de la conquista de algunas palabras, en los últimos años de la Dictadura de Franco.

La palabra que mejor podía definir al Régimen del “generalísimo” Franco era, obviamente, “dictadura”. Imposible ponerla en letra impresa. Estuvo en la lista negra de vocablos prohibidos hasta la muerte del dictador. Hicimos algunos intentos para colársela a la censura. Todos fueron coronados por el fracaso.

Unas semanas antes de dar esta charla, tuve el privilegio de convivir varios días en mi casa con mi amigo Gabriel Jackson, el historiador –a mi juicio- que mejor ha dado a conocer al mundo entero “La República Española y la guerra civil”, un libro imprescindible. Recordamos nuestra correspondencia en 1974 y 1975 en torno a un artículo que yo le había pedido para el mensual “Historia Internacional” sobre un balance del franquismo después de la tromboflebitis de Franco. No había que ser un lince para sospechar que la muerte rondaba ya al tirano.

En cuanto leí el manuscrito del profesor Jackson, uno de los intelectuales norteamericanos perseguidos por el “macartismo” durante su “caza de brujas” en los años 50, supe que no pasaría la censura. Experimentado como era yo, pese a mi juventud, en el arte de escribir entre líneas y de sortear con humor a la severa censura (es sabido que los censores carecen de humor propio) le propuse a Gabriel que probáramos a quitar algunos párrafos y a cambiar algunas palabras. El título de su artículo (“La dictadura”) presagiaba lo peor.

Confiando en el posibilismo de quienes crecimos en el exilio interior, le dije que “publicar algo suyo en España era mejor que nada”.Sin embargo, conociéndole un poco, presumía su respuesta.

-“El artículo –me respondió- debía publicarse íntegro ahora o esperar hasta que hubiera libertad en España para poder publicarlo”.

Imprimirlo así, sin someterlo a la censura previa (llamada “consulta voluntaria”), hubiera sido un suicido económico. Sobre todo, porque no era un artículo para el pliego central –fácil de desencuadernar, para salvar el resto en caso de secuestro policial- sino para lucirlo a toda página en la portada de la revista. Decidí, pues, someterlo a censura previa para poder publicarlo sin riesgo de secuestro y/o expediente administrativo o procesamiento judicial.

Tal como me temía, no tuve éxito. El censor marcó con su lápiz fatal los párrafos y palabras que, a su juicio, eran “inconvenientes”. No le dije nada al profesor Jackson. Le escribí a La Joya (California) para decirle que ojalá tuviéramos pronto libertad de expresión en España para poder ofrecer su artículo completo a nuestros lectores. No sin dolor, metí el manuscrito inédito en un cajón.

Meses más tarde, recién muerto Franco, quiso el azar, y la perseverancia de uno de mis redactores, Fernando González, que Serrano Suñer, ex ministro de Asuntos Exteriores de Franco durante los tiempos más duros de la postguerra española y de la II Guerra Mundial, nos concediera una larga entrevista exclusiva.

El amigo de Hitler y Goebbels hizo un minucioso balance del régimen de su cuñado. Nada sospechoso había en aquel viejo nazi para los censores de Franco. Yo les conocía bien. Seguían en activo, sí, pero censuraban de otra manera. Buscaban el calorcillo del eventual nuevo régimen pre democrático del sucesor del dictador a título de Rey. En vida de Franco, los censores tardaban varias horas en dar el visto bueno o en rechazar los artículos sometidos a censura previa. Muerto el dictador, despachaban las consultas en cuestión de minutos.

El caso es que, bajo la protección del nombre de Serrano Suñer, nada dudoso de su inquebrantable lealtad al Caudillo, “Historia Internacional” fue la primera revista española que publicó un amplio reportaje titulado “La Dictadura”. Así había definido el entrevistado, con sus propias palabras, al régimen franquista al que tanto había servido. Fue en el número de febrero de 1976, dos meses después de la muerte de Franco y bajo el Gobierno igualmente dictatorial de Arias Navarro.

De pronto, para nuestra sorpresa, la palabra “dictadura” había salido de la lista negra y había pasado a ser legal. Animados por este precedente, aprovechamos la ocasión para publicar en portada el artículo de Gabriel Jackson(“La era de Franco”) que conservaba en la nevera y en el que hablaba de la dictadura con todas sus letras.

Nuestra entrevista con Serrano Suñer había sido mano de santo. Nadie puso pegas a “La Dictadura” ni a “La era de Franco”. La portada de Historia Internacional de febrero de 1976 ya no era de Fernando VII, el rey felón, sino del mismísimo dictador, en plano medio, con uniforme inconfundible de fascista: camisa azul y boina roja. De modo que, partir de entonces, a la dictadura la llamaríamos dictadura.”

¡Qué recuerdos, querido Gabriel!

Entre Ana y yo hemos encontrado fotografías de tu paso por nuestra casa, no solo del pavo de Thanksgiven sino también de las paellas multitudinarias y de nuestros paseos por las trincheras de la Batalla de Brunete que descubrimos, gracias a ti, cerca de nuestra casa. Te las adjunto. 

Hoy es domingo y me toca cocinar y sacar la ropa de la secadora antes de que regrese Ana. Más delante te escribiré más poniendo pie a nuestras fotos.

Me despido copiándote la última carta que he recibido de ti y que tanta emoción me causó:

25 de Marzo de 2014

Hola Jose! camarada JAMS, just passed a delightful hour reading your various messages concerning retirement, reminding me of your TV days before Aznar fired you, interpretation of the fates of your journalist colleagues, your tributes to the working years with the Norwegian owners, memories of the reestablishment of Spanish-Israeli good relations after centuries of silence, Ole.

Looking forward happily to a visit with you in a couple of months! Muchos abrazos,

Gabe”

¡Que gran visita! Disfruté mucho contigo. ¿Recuerdas el cochinillo y el cordero de Segovia, la visita al trono de los Reyes Católicos, el almuerzo con David Trueba, la tarde que pasamos en El País con mi compadre Joaquín Estefanía, la cena con Ángel Viñas y tantos otros recados que hicimos juntos. Fue un viaje muy bien aprovechado y, para mí, inolvidable.

Cuando vayamos a visitar a Erik a Hollywood intentaremos pasar a verte. No te librarás fácilmente de nosotros.

Un fuerte abrazo con todo nuestro amor,

Jose