Ha muerto Julián, hombre de concordia, clave en la consolidación de la Democracia. Como ministro, extendió la Sanidad y se ganó al Ejército. Los demócratas estamos en deuda con él.

Se nos vio el plumeroNoticia29 sep 2026 – 18:46José Antonio Martínez SolerjamsAñádenos en Google
- Mi colega Miguel González lo ha definido muy bien hoy en El País:
«Cuando se pregunta a los militares quiénes han sido el mejor y el peor ministro de Defensa de la etapa democrática ―a los más veteranos, que tienen memoria histórica reciente― la coincidencia es abrumadora en ambos nombres. El peor no viene al caso, pero sobre el mejor no hay duda: Julián García Vargas. Y resulta sorprendente, porque no solo fue un ministro de izquierdas ―no es ningún secreto que la mayoría de los militares no lo son―, sino porque tampoco pudo darles lo que los políticos suelen dar a las Fuerzas Armadas para contentarlas: dinero. (…) No fue con dinero, sino con su trato personal, con lo que García Vargas se metió a los militares en el bolsillo. Les trataba con respeto y los escuchaba, aunque no siempre pudiera atender sus demandas. Evitaba pisar callos innecesariamente. Compartió con ellos el dolor y la impotencia ante los sangrientos zarpazos de ETA.
Conozco (y quiero) a Julián desde hace más de medio siglo. Compartimos la fundación del semanario Doblón (en 1974), a donde vino de la mano de Pepe García Abad (subdirector) y Enrique Barón, mi abogado favorito. Procedente de la Federación de Partidos Socialistas, junto con Barón y Lluch, ingresó en el PSOE en 1976. Como ministro (1986-91), desarrolló la Ley Lluch de 1986 y encargó el Libro Blanco de la Sanidad al ex vicepresidente Fernando Abril Martorell, que, aunque no se aplicó del todo, sentó las bases de un pilar básico del Estado del Bienestar. (Aún tengo en mi sótano borradores de aquel trabajo ingente dirigido por Abril). Extendió el acceso equitativo a la Sanidad universal. Por raro que parezca hoy día, como socialista, Julián mantenía buenas relaciones con el PP y con Izquierda Unida.
Como ministro de Defensa (1991-1995), recortó la mili de 12 a 9 meses, creó una unidad de élite (la Fuerza de Acción Rápida), redujo las tropas norteamericanas de las bases, envió los primeros militares españoles en misiones de paz (a Bosnia con la ONU) e impulsó la presencia de la mujer en el Ejército. Al dimitir como ministro por el caso de la escuchas ilegales de los espías del CESID, que le salpicó en 1995, fue enviado por Bruselas a la antigua Yugoslavia para seguir los acuerdos de paz de Dayton.



